Réquiem por todos nosotros

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Todos tenemos nuestros propios fantasmas. Es algo innegable e inherente a la condición de humanos que se nos dio. Fantasmas del pasado; pero también a veces, fantasmas del futuro, que están aún por llegar. A veces es necesario hablar con los fantasmas para quedar en paz con nosotros mismos. Anoche tuve la oportunidad de ver una película sobre un tema similar.
Réquiem. En ella, un escritor, especialista en Fernando Pessoa (en la foto), acude a los muelles de Lisboa a encontrarse con el fantasma del poeta portugués. Pero éste, como buen y clásico fantasma, no se dignará en ir hasta medianoche. Mientras tanto el escritor tendrá la oportunidad de recorrer su antigua ciudad y atar cabos sobre su vida, a través de los fantasmas que le guarda su pasado. Si habéis visto la película, estaréis de acuerdo conmigo al decir que la escena del último vals es preciosa.

De esta manera el protagonista irá adquiriendo una especie de paz consigo mismo, que a veces nos queda perturbada para siempre con las acciones del pasado, con ese terrible “y si hubiera hecho esto” o “podría haberlo hecho así o de la otra forma”. La película está continuamente transitando entre la realidad y el sueño, de una manera muy lograda por el director, que se muestra muy fiel al universo onírico de Antonio Tabucchi, autor de la novela que inspiró el film.

La vida está llena de fantasmas. Las ciudades están llenas de espíritus que no saben a donde ir. Y a veces nos topamos con ellos en “un día de tribulaciones y purificación” con nosotros mismos. Todas las ciudades los cobijan. Y pienso que es muy importante tenerlos en cuenta, pues sin pasado, ¿en qué nos quedamos nosotros? La memoria, en ocasiones, lo es todo. Si la perdemos, no tiene sentido continuar el camino. Al hilo de este último giro, también os hablaré de una película que he visto estos últimos días: El tren de la memoria. Se trata de una cinta documental en la que se aborda un tema delicado, como es el de los españoles que emigraron a Alemania a trabajar durante los años sesenta. Si ellos perdiesen esa memoria de la que os hablo, quedarían reducidos a cenizas; aunque al fin y al cabo es casi seguro, que todos acabemos de la misma manera.

Así que os aconsejo no dejar de mirar atrás en algunas ocasiones, tampoco es cuestión de girar perpetuamente la cabeza, porque si no lo que perdemos de vista es el siguiente paso, y ese verdaderamente es el más importante. Pero, por lo menos, saberlo; tener presente que detrás de nosotros tenemos un pretérito que nos salvaguarda y nos hace ser como somos ahora. Y quién sabe si, a lo mejor, la próxima vez que bajemos a la calle, nos esperará, con un sombrero negro y una chaqueta parda, sentado entre la lluvia otoñal, alguno de nuestros fantasmas.

Fuente de la imagen:
Imagen propia (Jesús Villaverde Sánchez)
[
http://www.flickr.com/photos/le_txetxu/3691154503/]

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