Reivindicando una obra de arte

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Hace poco he vuelto a ver, por enésima vez, Las horas, película norteamericana dirigida por Stephen Daldry en 2002. Ya en el primer visionado me pareció un producto irrepetible, una obra cercana a la perfección, una película formalmente impecable y, a su vez, capaz de emocionar y mantenerte en tensión prácticamente durante la totalidad de su metraje. Volverla a ver ha reafirmado mi opinión y ha hecho que me pregunte por la poca repercusión, aún con la extensa lista de nominaciones y premios que acapara, que tuvo esta película tras su estreno. Es algo que me resulta incomprensible. Las horas cuenta con todo lo necesario para ser considerada como una obra maestra del celuloide. Tres son los argumentos, en mi opinión, que la elevan a esa categoría. En primer lugar, un vigor narrativo inigualable, con un dominio portentoso del montaje paralelo. El segundo aspecto repara en la interpretación : tres actrices en estado de gracia (sin desmerecer el trabajo de un Ed Harris soberbio), cuyo talento fue reconocido en multitud de festivales, destacando finalmente el Oscar como mejor actriz para Nicole Kidman y el premio “ex a quo” para las tres actrices protagonistas, la propia Kidman junto a Meryl Streep y Julianne Moore, en la Berlinale. Por último, una banda sonora maravillosa, a la altura del conjunto, que se convierte por momentos en un protagonista más de la película.

La estructura narrativa de Las horas no es precisamente sencilla. El guión, muy elaborado, desarrolla tres tramas paralelas, ubicadas en diferentes líneas temporales, que irán conectando de manera progresiva. Sin embargo, a pesar de este indiscutiblemente complicado planteamiento formal, la historia se resuelve con brillantez y funciona a la perfección en la pantalla.

Las horas nos cuenta la historia de tres mujeres de diferentes épocas que comparten las mismas frustraciones. Tres mujeres incomprendidas, tres mujeres que sufren, todas ellas abocadas a rebelarse contra las convenciones sociales. Tres historias canalizadas por la figura de un libro, La señora Dalloway, obra de Virginia Woolf (personaje interpretado por Nicole Kidman).

Ya el inicio del film es monumental, arrollador, con la voz en off de Nicole Kidman inundando la pantalla y la partitura de Philiph Glass como comparsa perfecta. Esta portentosa introducción es tan sólo un reflejo de lo que ofrece el resto del conjunto : una red de paralelismos entre historia e historia, donde los diálogos de cada trama remiten explícita o implícitamente a las otras dos, abordando desde una misma perspectiva temáticas como el suicidio, la homosexualidad o la lucha contra el orden establecido. Elementos de atrezzo, como son un ramo de flores, un pastel de carne o el propio libro de La señora Dalloway, actúan como nexo de unión entre las diferentes historias y adquieren una importancia fundamental para comprender el proceso creativo de la película y contemplar con mayor admiración el resultado estético final. Y es que la principal virtud de Las horas es esa increíble capacidad para conectar las tres líneas narrativas, independientemente de que algunas de ellas acaben o no por cruzarse.

No he leído la novela de Michael Cunningham (The hours, 1998) en la que se basa la película pero me cuesta imaginar que sea mejor que ésta. Quizá desde el punto de vista narrativo sea igual de potente, o incluso mejor, pero con la lectura del libro no se puede disfrutar, por ejemplo, del impactante ejercicio de contención interpretativa realizado por Julianne Moore o de la perfecta comunión entre imagen y banda sonora llevada a cabo por Stephen Daldry. De momento, recomiendo la película.

Fuente de la imagen
www.glamboy69.files.wordpress.com

1 Comentario

  1. Pablerassssss!!
    óle con el artículo!!
    Yo también he visto un par de veces la película.. pero me gustó mucho más la interpretación de Ed Harris!! es un crack, como tuu!!;)

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