Rehabilitar la calidad de vida

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Rafael Cristina, coordinador del CRPS de La ElipaEntramos en un Centro de Rehabilitación Psicosocial de la Comunidad de Madrid, donde se trabaja para que los enfermos mentales tengan un buen nivel de vida
“Aquí chicos problemáticos no queremos”. Ésta fue la respuesta que recibió de una telefonista del INEM Raquel, una de las trabajadoras sociales del Centro de Rehabilitación Psicosocial de La Elipa, cuando preguntó por un curso para un grupo usuarios de su centro. Y que tanto la exaltó, lógicamente.
El
Centro de Rehabilitación Psicosocial (CRPS) de La Elipa es uno de los muchos dispositivos que hay en Madrid que trabaja codo con codo con sus usuarios, personas con enfermedad mental, para que su vida mejore. Hemos visto lo que se mueve ahí dentro y hemos hablado con su coordinador, Rafael Cristina, y con Raquel, una de sus trabajadoras sociales.

“Lo que caracteriza a estas personas no es la violencia, sino todo lo contrario, la abulia, la falta de motivación. De hecho, los actos delictivos son menores entre los enfermos mentales que entre la población normal”, afirma Rafael Cristina. Aunque aún hay que lamentar que exista una cierta imagen estereotipada de las personas con enfermedad mental, tal y como se constata a veces en la calle, en una llamada telefónica o en los medios de comunicación.

La esquizofrenia se engloba dentro de los trastornos psicóticos que atiende el CRPS. Pero este centro también presta asistencia a personas con neurosis severas, con trastornos graves del estado de ánimo, como la depresión, o a gente con trastornos de la personalidad. La mayoría son varones y el centro atiende a unas 90 personas.

En la entrada se observa a un hombre que se imbuye en la lectura de un libro; el ambiente silencioso acompaña. Mientras, otros dos permanecen sentados en una sala común. En el piso de arriba hay cierto trasiego de gente, aunque la verdad es que no demasiado, pues hoy viernes es el día en el que se realizan las salidas de ocio que han sido programadas durante la semana, así que la mayoría de los usuarios se encontrarán presumiblemente tomando algo en un bar, paseando o viendo cine. Quizá estén haciendo esto, o quizá algo distinto; de ellos depende la decisión de adónde irán en los días de salida, ellos lo pactan y lo programan.

Las actividades de ocio están encuadradas en el apoyo y el soporte social. Con esto se intenta combatir el aislamiento y que el usuario recupere el gusto por hacer ciertas actividades.

Por otro lado, la rehabilitación psicosocial aborda las necesidades concretas de cada persona. Puede que alguien tenga problemas para vestirse y asearse, mientras que otra persona tenga inconvenientes relacionados con su trabajo. En general, se intenta normalizar, conseguir la mayor autonomía posible “Ellos lo que me dicen es que quieren ser normales”, comenta Rafael.

Además, se realiza un asesoramiento a las familias para que comprendan la enfermedad de su allegado, del mismo modo que a partir de la psicoeducación se intenta que cada cual conozca bien su enfermedad y sean capaces de comprender su situación.

Estas personas tienen la ayuda de psicólogos, trabajadores sociales y educadores para conseguir una mejor calidad de vida. Los trabajadores sociales, como Raquel, son los responsables de gestionar todo tipo de trámites y actividades y ayudan en la búsqueda de empleo, además de hacer acompañamientos o de acudir a domicilios… Un sinfín de tareas.

Los profesionales del centro, en su quehacer, remarcan la gratitud de las familias y también de los pacientes hacia ellos. Estos usuarios hacen que la vida en el centro se asemeje a la rutina de una pequeña comunidad, la confianza entre los trabajadores y los demás se hace muy patente.

En este clima Raquel destaca que se siente motivada cuando ve cómo la gente a la que atiende sigue adelante, cómo va realizando día a día esas pequeñas y grandes cosas que para ellos tienen mucha importancia. Recuerda con sentimiento a una mujer deprimida que sólo salía de casa para ir a un curso de corte y confección. Raquel, al rememorar aquello que movía a esa señora a salir de casa, trae a su cabeza lo que le motiva para trabajar aquí. Esperemos que en sus llamadas no se tope con más gente que no quiera a sus “chicos problemáticos”.

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