Reflexiones de un fracaso en Copenhague

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La Cumbre del Clima de Copenhague aún está caliente. La decepción que ha provocado –tras sólo alcanzarse un acuerdo no vinculante y de vagas pretensiones –también.
Para entender mejor el desarrollo científico y político de la reunión mundial celebrada en la capital danesa hemos querido conocer la opinión de un experto en Cambio Climático, el profesor Alfredo Cadenas.
“Muchas sombras y pocas luces” es la pintoresca conclusión de la Cumbre del Clima de Copenhague que nos dibuja el profesor Alfredo Cadenas mientras remueve su café con una calma que rezuma cierto desencanto. Pero no resignación.

Para este catedrático, recientemente prejubilado, de Economía Aplicada al Desarrollo Sostenible en la Universidad Autónoma de Madrid y miembro de la Coalición Clima, el resultado de lo que allí ha sucedido “no es más que una declaración de intenciones, es una foto para la galería”. En todo caso, una fotografía mal enfocada y peor revelada. Ese sea, tal vez, el efecto que provoca colocar las expectativas tan altas.

Más allá del ámbito político, ¿cuáles eran esas expectativas? ¿Qué se pretendía lograr en Copenhague?

“Se trataba de lograr un acuerdo equitativo y justo para todos”, comenta Cadenas, para a continuación resaltar con vehemencia, “que fuera jurídicamente vinculante, es decir, que fuera transcrito en leyes internacionales”.

Era necesario que los países desarrollados que firmaron el Protocolo de Kioto en 1997 redujeran antes de 2020 sus emisiones de gases contaminantes entre un 25% y un 40% respecto a los niveles del año 1990.

De igual manera y con ese mismo año como referencia, “se pretendía seguir el consenso de los expertos para evitar acercarse a un aumento de dos grados” en la temperatura media del planeta.

¿Por qué dos grados? Piensan los científicos que en ese valor reside el límite de incremento de temperatura que el planeta es capaz de soportar en este siglo. Es un “punto crítico” según el profesor, peligroso pero tolerable; más allá, el proceso del Cambio Climático se haría irreversible y las consecuencias –la principal de todas, la subida del nivel de los mares y océanos– devastadoras.

Sin embargo y a pesar de los informes internacionales, no ya de laboratorios científicos privados, sino de la propia ONU a través de su Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), “todavía hay personas y grupos de interés, en medio de opinión generalmente de orientación política conservadora” dice Cadenas, “que niegan la propia existencia del Cambio Climático”, los conocidos como negacionistas.

¿Cuál es la sensación que deja la Cumbre? “Para la opinión pública europea y en gran modo para la opinión pública mundial”, reconoce Cadenas, “la sensación es la de un gran fracaso, un gran fiasco”. Y no es para menos. Tanto Europa, como la ONU, que en opinión del catedrático “ha jugado un papel realmente mediocre”, fueron desplazadas a un segundo plano por los Estados Unidos y China, los dos países más contaminantes de La Tierra con una concentración del 41% de emisiones mundiales en 2007, que pactaron un acuerdo de “compromisos voluntarios”.

Finalmente, y quizás en un baldío intento de maquillaje, se sumaron a ese acuerdo India, Brasil, Suráfrica y la Unión Europea. A pesar de ello, hubo países que, como Venezuela, Bolivia, Nicaragua o Cuba, rechazaron aceptar el documento final.

Ante una situación así, sólo cabe una pregunta: ¿por qué? ¿Qué hizo que fracasara la reunión de Copenhague?

Alfredo Cadenas plantea dos respuestas del porqué del fracaso, que coinciden con las superpotencias, políticas y energéticas, del siglo que estamos comenzando: Estados Unidos y China.

Por un lado, “China era muy renuente a establecer un acuerdo vinculante, un sistema transparente, verificable y medible”. Por otro, “Estados Unidos quería que su desarrollo [del acuerdo] fuera a un ritmo no tan acelerado como el que querían los europeos”. Además, según Cadenas, “en Estados Unidos hay muchos negacionistas y muchos intereses involucrados” y su sistema político obliga al Presidente de turno a conseguir la ratificación parlamentaria, de Congreso y Senado, para este tipo de acuerdos, por lo que Obama se presentó en la Cumbre con las manos atadas.

El 2010 va a ser, en palabras del profesor Cadenas, “un año crucial” que tendrá su culminación en México en el mes de Diciembre, cuando se volverán a reunir de nuevo los mismos países y, seguramente, muchos de los mismos políticos: aún necesitamos hechos y no palabras para poder llamarles líderes.

Fuentes del texto:
Elaboración propia
Fuentes de las imágenes:
WWF/Adena
http://thm-a01.yimg.com/nimage/0d99d24ee96045cc
http://almacen.cgtsalamanca.org/blog/imgs/20080403-26_helado.jpg
http://photos.upi.com/slideshow/lbox/8dd013e4f919d8b350eb38404d7e6506/Obama-China-Wen-Jiabao.jpg

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