Recuerdo en amarillo

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Chusé Izuel, escritor, se suicidó en Barcelona en 1992. Con Amarillo (Plot, 2008) Félix Romeo recupera su figura, se dirige a él y le concede la palabra: cita críticas suyas, correspondencia entre ellos, entrevistas que realizó, anotaciones. Como esta:

“Puede que me equivoque, pero existe un momento en la vida, sólo un momento, en que somos conscientes de que somos genios o enamorados. La cuestión es sencilla, ridícula. O una cosa u otra, imposible ambas. Y cuando ese momento llega tenemos la vaga certeza de que arrastraremos nuestra carga, sea la que fuere, hasta el final de los días. Yo superé ya el momento. Sé que nunca alcanzaré las cimas de la genialidad y, lo más abrumador, acongojante aun, sé que el momento del amor se escurrió, entre mis dedos para siempre. Así, ni tengo nada ni espero nada.”

Aunque Romeo reconoce que tal vez no sea de su amigo, “a menudo apuntabas citas de otros escritores”. Un detalle que sitúa el tono del texto, nada panegírico. En realidad, más que una biografía es un descargo. Un descargo para Romeo, que escribe sobre Chusé Izuel, de quien ya recopiló sus relatos en Todo sigue tranquilo (Libertarias, 1994), pero también sobre él, como el mismo Romeo observa en los últimos trabajos de Izuel: “estabas escribiendo de ti”.

En el recorrido por una vida que tanto compartió, el autor no recuerda bien ciertas escenas, y no las cubre con cemento, como achaca a los biógrafos. No cubre los vacíos idealizando al personaje, tampoco idealiza la época, y cuenta con el respeto que siempre proporciona la duda (“aunque no sepa nada”, “puedo pensar”, “parecían formar parte”…) el aspecto más comprometido de la historia, la relación entre Izuel y Mariángeles, la chica que se escurrió. Tal vez las páginas más sobrias de un texto contenido, pese a ser una escritura dominada, en cierta forma, por una de las reflexiones que Romeo recupera de Chusé :

    “Cada vez estoy más convencido de que el acto de escribir, el verdadero y único acto de escribir, consiste en echar toda la puta mierda que llevas dentro. De hecho, no quiero ya oír hablar de creación ni pijadas de ésas. Ni creación, ni hostias. Y lo mismo en cualquier otra actividad. O te sale de las tripas o no vale una mierda. Así de claro. No sirve para nada intentar encontrar algo; o lo tienes o no lo tienes. Sin más.”

Unas tripas que le llevaban tiempo sonando a Félix Romeo, quien con Amarillo, el mismo color que se impone en la acertada cubierta – tan triste-, remite una larga carta a un destinatario que se esconde tras esta descripción:

    “Tengo veinticuatro años y soy un anciano que agoniza, que se atraganta con su propia saliva, que se caga en los calzoncillos, que se tropieza con sus pies, que busca la salida última, que le tiene pánico a su mismo nombre.”

Contundente y bello.

2 Comentarios

  1. Quizás Romeo estaba un poco extreñido cuando se dispuso a divagar acerca del acto de escribir. Me pregunto que hubiera pensado si hubiera tenido el estómago un poco suelto…

    Me pregunto si Santiago hubiera escrito tan divinamente sobre este libro, si Romeo hubiera pensado q el acto de escribir viene con los anos de técnica y ensayo…

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