Ramón Miravitllas: “En el periodismo existen personas que conspiran muy bien y escriben muy mal”

0
514

Portada del libro del periodista Ramón Miravitllas

Los intereses, las vanidades, las sumisiones y las mentiras son sólo algunos de los aspectos que salpican al  periodismo político que se practica en la España de estos días. Este panorama incómodo y delicado ha llevado al periodista Ramón Miravitllas (Ripoll, Gerona, 1949) a emitir una firme denuncia contra los entresijos que se desarrollan en la batalla política que mantienen tanto partidos como medios. En su obra Los nuevos déspotas del periodismo político, el reportero se sirve de la crónica y el ensayo para hacer una dura crítica de la profesión periodística, donde el juego es más sucio que nunca y la verdad pierde terreno en favor de realidades interesadas, retorcidas y crispadas.

Curtido en prensa, radio y televisión, Miravitllas es un profesional de la comunicación con amplio recorrido en los medios españoles. Referencia del periodismo crítico y la crónica política, ahora recurre a la literatura para presentar una situación que se antoja fundamental en el devenir de la profesión. Sin caer en el alarmismo o el pesimismo barato, Los nuevos déspotas del periodismo político (Laertes) es una crónica revisionista, clara y sincera que pone en evidencia las distintas problemáticas que han llevado a los comunicadores a una situación tan negativa.

Miravitllas es también profesor. Sus estudiantes saben de antemano la situación a la que se enfrentan, algo en lo que el autor hace mucho hincapié. “A mis alumnos de Periodismo Político de la Universidad Autónoma de Barcelona y de la Universidad de Vic se lo explico a través de la siguiente frase: La situación es grave, pero no seria. Esto quiere decir que no nos tomamos en serio la crisis de la comunicación, del periodismo político”, explica el autor. El surgimiento del “despotismo periodístico” y su evolución es la piedra base sobre la que gira la obra, algo que el propio escritor corrobora asegurando que su libro, que en un principio nació como un “manual de cómo hacer buen periodismo”, acabo transformándose porque el cuerpo le pedía “introducir otras situaciones que explicasen cómo se ha llegado hasta aquí”.

La experiencia en distintos medios también le ha ayudado a dotar de consistencia a sus trabajo. Mundo Diario, Mundo Femenino, El Periódico de Catalunya, Interviú, RTVE o COM Radio son sustentos suficientes para explicar la degeneración del periodismo político. Esta experiencia profesional le ha llevado a asentar unos antecedentes y un contexto fundamentales para comprender la “grave crisis” por la que atraviesa la profesión. “Son situaciones muy distintas. En los años 70 y 80, especialmente en los 70, existía un enemigo común y entre el periodismo y la política funcionaba un ‘coleguismo’ de conveniencias. La Transición dejó a la política y a los periódicos juntos, unidos de la mano, pero después se separaron poco a poco. Costó mucho deshacer esos matrimonios promiscuos, concertados”, critica el escritor. Hoy en día la situación funciona de otra forma, pero no deja de existir esa unión sórdida entre medios y políticos. Medios que también actúan como sucursales de otros poderes, que capitulan ante los intereses políticos y comerciales de los conglomerados y se enzarzan en guerras de influencias.

Cuando el periodista aspira a conducir elites políticas y masas, cuando la prioridad es ganarse el favor de los que gobiernan y no informar, o cuando la opinión pública está dirigida por medios y partidos, la sensación es que la situación no puede ser peor. “Vivimos en el cenit del despotismo, pero todo parece indicar que mañana irá a más. En España hay una lucha fratricida entre las distintas facciones periodísticas. Aquí se llega a luchas de fuerza insoportable a través del posicionamiento político de los medios, a través de dos grandes empresas que se disputan el control”, asevera Miravitllas. Parecen graves, por lo tanto, las consecuencias de practicar un periodismo sin reglas, mal colocado entre el poder político y económico, y que somete las informaciones a la clase más puramente partidista.

Si se trata de buscar responsabilidades, la lista puede ser interminable: nuevos conglomerados que transforman el periodismo en entretenimiento; nuevos canales de autocomunicación que degeneran el lenguaje informativo; abuso mediático de la razón de Estado; control creciente de la información por las fuentes… Todo esto se ha convertido en un caldo de cultivo ideal para el nuevo orden establecido, algo sobre lo que también reflexiona el autor. “El estado es realmente negativo, de suma de crisis. Crisis financiera desalentadora, que descoloca al profesional. Crisis periodística de siempre, relacionada con las materias primas y las nuevas tecnologías. Crisis de la palabra, que nos deja a merced. Crisis del ser humano y  crisis de la profesión”, señala el experto en comunicación.

Sin embargo, en la profesión también recae la responsabilidad. Si bien es cierto que el poder político busca al mediático, ocurre lo mismo en sentido contrario. Es el periodista el culpable más importante de que mercado y empresa se antepongan a conciencia y ética. “Hay periodistas que se asientan enseguida en la comodidad. En el periodismo existen personas que conspiran muy bien y escriben muy mal. El lenguaje del político no es comprensible y el periodista habla igual que él, por lo que la gente no entiende nada”, asegura Miratvillas.

Su experiencia docente también le ha ayudado a comprender que el panorama que se presenta parte de un problema de base. “Las universidades vomitan profesionales con carencias importantes. Me gustaría saber si las facultades se marcan el camino para enseñar a diferenciar la ética, el rigor… También creo que hay jóvenes profesionales muy bien preparados, pero que en cuanto llegan a los medios se los lleva el primer viento comercial”, advierte el periodista.

Pese a lo negativo de la situación, Miravitllas presenta su obra con cierto aire regeneracionista, en parte como un manual de cómo hacer las cosas bien y, en parte, como una crónica de todos los errores cometidos y que no se deben volver a repetir. Se trata de un paso más hacia la cordura periodística, así como un paso más en la carrera literaria de un autor cuya obra abarca desde la poesía visual hasta la novela, pasando por otros géneros como el relato corto o la biografía.

 Imagen cedida por editorial Laertes

Dejar respuesta