Ramón Lobo: “Al igual que una política diferente, este país necesita un periodismo diferente”

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Ramón Lobo es fuente de infinita sabiduría, su mente está completamente plagada de historias y anécdotas, algunas de las cuales ha compartido con sus oyentes durante dos horas en una charla organizada por la revista Negratinta. Esta revista tiene algo en común con Lobo, y es que tampoco cree en las informaciones que introducen juicios rotundos y partidistas, no cree en el sí y el no, el  blanco y el negro que vemos y oímos hoy día en casi todos los medios escritos y audiovisuales. También se caracteriza por ofrecernos una visión diferente, transversal y realmente interesante del mundo que habitamos. Como representante de este medio ha estado el editor Pablo Sierra. También ha estado presente en la charla el profesor de la facultad Javier Mayoral. Ellos tres y unas cuantas personas más sentadas en los asientos de la sala, ávidas de inteligentes palabras. Éramos pocos pero bastaba para el Universo.

Captura de pantalla 2016-02-26 a las 22.41.09No creo que sea necesario presentar en demasía a Ramón Lobo, pues seguramente la gran mayoría de vosotros le conoceréis por su magnífica labor como reportero de guerra en la sección Internacional del diario El País, aunque también ha trabajado para muchos otros medios, como Cinco Días, La Gaceta de los Negocios, El Sol, Radio Intercontinental, etc. Actualmente colabora con El Periódico de Catalunya, eldiario.es o infolibre.es. Además, es autor de varios libros sobre conflictos fuera de nuestras fronteras, aunque cambia el tercio con su última obra presentada el pasado mes de noviembre, Todos Naúfragos. En ella se da a conocer otro ámbito más personal e íntimo de su vida, donde se mezcla la historia trágica de su familia con la de España, ambas destruidas por la Guerra Civil y la dictadura.

Ramón Lobo es muchas cosas, pero por encima de todo es un cosmopolita empedernido. A pesar de haber nacido en tierras venezolanas, de ser hijo de una mujer inglesa y de tener un padre español, sus raíces están en muchas otras partes de este planeta; es de tantos sitios que al final ha decidido definirse habitante de su “propio país de barrios, bares, olores, gentes, idiomas, sonrisas y amores de lugares diferentes. Ese es el motivo por el que viaja tanto, porque necesita encontrar nuevos rincones, y le gusta hacerlo, porque como él mismo comenta “nunca tuve miedo al ‘Otro’. Siempre lo viví como una aventura, no como una contaminación”.

Para él, el valor de una conversación es indescifrable y, lamentablemente, las personas de hoy en día no estamos acostumbrados a ella. Durante la charla, Lobo se ha declarado más partidario de las entrevistas espontáneas que de las preparadas y disfruta de verdad cuando conversar con otra persona le aporta algo nuevo y diferente, cuando le refuerza una opinión o idea que ya tenía e incluso cuando le hace replantearse y cambiar algún concepto que en su mente ya estaba formado y fuertemente asentado.

No es país para heterodoxos es el titulo de un artículo que escribió hace unas semanas, en el que afirmaba que “España es un país enfermo de rotundidad y el periodismo español es una clara muestra de ello”, ya que todos los medios que hay en la actualidad son partidistas, están posicionados políticamente siempre de un lado o de otro y están plagados de informaciones extremistas, no hay matices. Además, su motivación no es generar un trabajo de calidad útil para los espectadores, sino que están movidos por la crisis, la prisa y el ‘cortoplazismo’. Lobo considera que en los medios de comunicación faltan las conversaciones políticas y las ideas que se generen de éstas. Se supone que el trabajo de los reporteros tendría que ser romper esas rotundidades, cuestionar las cosas que se dan por hechas, generar dudas para que el lector u oyente piense por su cuenta, pero no es así y nadie parece plantearse ni cuestionarse por qué los mass media funcionan de esta manera. “Es una pena que ni siquiera se valore el buen trabajo del periodista, ese que le ha costado meses de investigación y construcción -señala Lobo-, nadie nota la diferencia entre éste y los comunes corta y pega que leemos a diario”.

Una cosa está clara y es que no sólo la política está corrupta, nuestro país y nuestros medios de comunicación también. Ramón Lobo expresa su hastío ante esta cuestión reconociendo que este país le cansa en extremo porque “no estamos armados como sociedad civil, pasamos de creer que somos una mierda a creer que somos magníficos, cuando lo que pasa es que somos una sociedad demasiado compleja, llena de energía pero sin idea de cómo utilizarla”.

Al hablarnos de su labor como reportero Lobo no vacila y señala que “no es una tarea fácil”.  La primera cosa que hay que saber, según dice, es que te lee muy poca gente, a pesar de que tiene la sensación de que las personas se interesan por una una historia si está bien contada.  “Se le puede llamar ‘periodismo de paciencia’ que es aquel que, por ejemplo, practica el equipo de investigación del periódico The Boston Globe en la película Spotlight, y que actualmente no existe. Hay medios como El País o La Vanguardia que han sido ejemplos de este tipo de periodismo, pero evidentemente ya no”. Efectivamente, no podemos llamar “periodismo de paciencia” a aquel que practican medios incoherentes que muchas veces se fían más de los teletipos de agencia que de los propios reporteros que tienen contratados para informar desde el lugar, medios que retuitean noticias sin comprobar su veracidad pero que luego ponen súper difícil la tarea de que alguien les llame por teléfono para darles una noticia con la que “correrían el riesgo” de destacar y diferenciarse del resto (nótese la ironía).

Ramon Lobo 3Lobo está de acuerdo en que el gran problema que tiene este país es la educación. Si la educación fuese diferente, seguramente la política y el periodismo serían distintos a lo que son hoy día: “Al igual que una política diferente, este país necesita un periodismo diferente y para ello es necesario un cambio en la base de la educación actual”. Lo cierto es que en los institutos, en las carreras universitarias, no se premia a los estudiantes con talento, con iniciativa y con capacidad para cuestionarse las cosas, sino a aquellos ‘autómatas’ que absorben una cantidad enorme de información sin cuestionársela y la vomitan en un examen para luego no recordar ni la tercera parte de ello. “La información está accesible las 24 horas en Internet o en cualquier enciclopedia, ¿por qué no, en lugar de señalar en un mapa dónde está un río, contamos a los estudiantes una historia que explique la importancia que este supuso en la civilización de un país? Seguramente se implicarían más y lo recordarían siempre“-dice Lobo.

Lobo no pierde la esperanza ante tal situación y afirma sin tapujos que “todo es una mierda en la actualidad pero incluso dentro de esta mierda se pueden hacer cosas. No negaré que está jodido, pero si crees en ello tienes que ir a por ello. Existe la posibilidad de hacer millones de cosas y es importante que los periodistas se junten y reflexionen sobre ello, se puede sacar adelante un buen proyecto en equipo. El papel es más caro, pero Internet es una gran herramienta de la que podemos sacar provecho”. Como decía Samuel Beckett “Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better“, o lo que es lo mismo “no importa que fracases una y mil veces, vuelve a intentarlo”. Hay que tener coraje y el coraje no es ni más ni menos que -en palabras de nuestro protagonista- “querer y luchar por algo durante mucho tiempo”.

Para Lobo, la duda es el motor principal del periodista “solo conocemos una persona, un país o cualquier otra cosa por lo que leemos en los libros o periódicos o por lo que oímos de labios de otras personas, pero un periodista tiene que ir más allá y encontrar en su objeto de investigación algo que no está visible, hay que profundizar, hay que  despojarse de lo que ya sabemos y si tenemos que ponernos en contra de los nuestros, lo hacemos”.

En definitiva, un periodista tiene que estar vivo, saber lo que quiere, creer en sí mismo y en su proyecto, saber ir más allá para encontrar otro punto de vista distinto de lo que ya hay y, por supuesto, tener paciencia. La verdad es que la mayoría de personas estamos demasiado preocupadas por el futuro: físicamente estamos en un sitio, pero tenemos la cabeza en otra parte, de manera que no podemos centrarnos ni disfrutar con nuestro trabajo, no sentimos pasión por lo que hacemos y esto es una parte esencial para mantenernos motivados, para aprender continuamente y no dejarnos llevar por la rutina y el aburrimiento que puedan surgir. Ramón Lobo añade, además, que “las comparaciones son odiosas y por ello hay que fijarse en un objetivo, seguir nuestro camino y no mirar lo que hacen los demás”.

¿Algún requisito más para ser un buen reportero, un buen periodista? -pregunto yo. “Por supuesto- contesta él- hay que leer y escuchar. ¿Qué clase de periodista va a escribir algo que merezca la pena leer si no se alimenta de palabras?“.

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