Rajoy contra los mercados y los ciudadanos

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Mientras España lleva a cabo los recortes más duros de su historia en democracia, los mercados, a quienes van dirigidos, no los aprueban. Tampoco lo hacen los grandes periódicos financieros. Se trata de unos Presupuestos Generales que cuestionan el estado social, respetando los privilegios de unas pocas instituciones y cargando todo el peso sobre la espalda de los ciudadanos.

Días atrás se hicieron públicos los primeros Presupuestos Generales del Gobierno de Mariano Rajoy. Aunque el PP asegura que los nuevos recortes forman parte de una “medicina amarga, pero necesaria”, esos seres impersonales que son los mercados, y a los cuales van dirigidas las propuestas monetarias, no han terminado de dar su aprobación. La prueba ha sido el incremento de la prima de riesgo española hasta los 400 puntos.

En contraste con la Comisión Europea, los grandes medios de comunicación financieros, como The Wall Street Journal o el Financial Times, no han celebrado los Presupuestos Generales. La primera publicación duda que con las nuevas medidas se vaya a recuperar la confianza, y la segunda ha criticado duramente los recortes en investigación y la amnistía fiscal: “Mostrar clemencia a los evasores fiscales puede animar a otros a no pagar sus deudas en el futuro”.

Además, la agencia de calificación Standard and Poor’s, uno de los agentes especuladores que han provocado la crisis económica y la caída de países como Grecia, ha asegurado que la economía española será la única grande de la Unión Europea que seguirá en recesión en el año 2013.

El Financial Times también añadía: “Hay dudas acerca de dónde saldrán los pretendidos ahorros”. Según los Presupuestos Generales, saldrán principalmente de las ayudas al desempleo, la educación, la investigación y el desarrollo, entre otras cosas. Mientras tanto, la Iglesia ha visto recortada en un cero por ciento su subvención, es decir, nada. La Casa Real tan sólo un dos por ciento, y Defensa un ocho. Cifras absurdas comparadas con el 21 por ciento de recorte en Educación o el trece por ciento en Sanidad, dos materias básicas en el sustento del Estado del Bienestar.

Estas cifras cuestionan la existencia del estado social del que se hace gala. Cuando donde menos se recorta es en Defensa y en privilegios, como son la Casa Real o la Iglesia, sin duda hay un problema. Con estos presupuestos, quienes deberían pagar no pagan. Y quienes deberían pagar, ya por una cuestión de sentido común, son quienes más tienen y quienes han provocado la situación actual.

Mientras siga produciéndose un número terrible de desahucios, como los 58.000 de 2011, o haya cada vez más personas bajo el umbral de la pobreza, no se pueden permitir estos atentados contra los derechos fundamentales. Y mientras tanto, los ricos se hacen más ricos y muchos empresarios se benefician de la predisposición de más gente para trabajar por menos y en peores condiciones.

Si a todo esto se añade el descontento de los mercados, el Gobierno debería plantearse de una vez de qué lado está y actuar en consecuencia, que por algo le han votado (y no lo han hecho los mercados, sino los ciudadanos, a pesar del incremento preocupante de la abstención).

Fotografía: Raúl Hernández

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