Racismo y homofobia empañan el fútbol

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Las últimas declaraciones realizadas por ABalon de Oro FIFArrigo Sacchi reflejan la triste realidad que acompaña, aún hoy, al deporte rey en todo el mundo. La permisividad de los organismos pertinentes, más ocupados de obtener beneficios que de velar por la dignidad de cuantos participan en el fútbol, resulta clave para que no se tomen medidas que acaben con una lacra que no deja de ensuciar los valores que debieran acompañar al mundo del deporte.

Sacchi, ex futbolista y ex entrenador italiano, realizaba hace tan sólo unos días unas declaraciones que encendían de nuevo las alarmas del racismo en el fútbol. “Italia está perdiendo la dignidad porque hay demasiados jugadores negros que juegan en nuestras categorías inferiores… Yo no soy racista, pero creo que hay demasiados jugadores negros, también en las categorías inferiores. Italia no tiene dignidad, no tiene orgullo, no puede haber un equipo con 15 extranjeros”. No cabe ninguna explicación, dentro de la decencia y la dignidad, ante semejantes palabras pero, quizás, el silencio por parte de buena parte del mundo futbolístico (salvo contadas excepciones) sea más doloroso si cabe.

En nuestros campos, cada domingo, los jugadores negros tienen que soportar numerosos insultos, cánticos y murmullos, en referencia al color de su piel, que quedan sin castigo o simplemente reciben una irrisoria multa económica que, en el mejor de los casos, paga el club. Los casos de Samuel Eto’o, Roberto Carlos o Daniel Alves, a los que se ha llegado a lanzar plátanos al terreno de juego ponen de manifiesto que la sociedad española tiene mucho camino por recorrer porque, al comportamiento de los que realizan actos vergonzosos se une la falta de denuncia de los que están a su alrededor, por lo que el racismo se convierte en un hecho que debiera avergonzar a todos.

Ya Etoo hizo un amago de abandonar el terreno de juego ante los insultos recibidos por la afición rival (en un Zaragoza-Barcelona en 2006) pero sus compañeros le convencieron de que lo ignorase y continuase jugando. Tal vez castigar estos hechos con la finalización del partido y una ejemplar sanción fuera una manera de educar a quien parece no ser capaz de ser respetuoso. En esa ocasión, al igual que sucede ahora, se echó en falta el respaldo de todos los compañeros, de su equipo y del rival, así como de todo el mundo del fútbol (patrocinadores especialmente), porque parece necesario un acto que conciencie y consiga cambiar las cosas. Porque desde entonces hasta ahora no han mejorado las cosas y, sucesos como los de hace dos días en los que unos aficionados del Chelsea agredían en París y expulsaban de un vagón de metro a un hombre tan sólo por el color de su piel, pone de manifiesto que hay que comprometerse, sean cuales sean las consecuencias, para acabar con estos actos indecentes.

Pero en estos días también unas declaraciones de un ex entrenador italiano han reflejado otra de las manchas que acompañan al fútbol a nivel mundial, la homofobia. Fabio Capello declaraba: “El Atleti no es un equipo violento. El fútbol no es para mariquitas”, y de nuevo, el silencio y el mirar para otro lado fue la única respuesta de los protagonistas del fútbol. Este tampoco es un fenómeno nuevo ya que jugadores como Míchel, Guti o Ronaldo, por citar los casos más mediáticos, han tenido que escuchar cánticos por sistema en numerosos campos durante años sin que jamás tuvieran ninguna consecuencia.

Y es que son contadísimas las ocasiones en las que un futbolista ha confesado su condición sexual estando en activo debido a las repercusiones que esto tendría no tanto para la opinión pública como entre sus propios compañeros y aficionados. Una buena muestra de esta excepcionalidad se producía hace  tan sólo unas semanas, cuando el presidente de los EEUU Barack Obama, recibía en la Casa Blanca a los Ángeles Galaxy, campeones de la MLS, y aprovechaba para mostrar su reconocimiento al centrocampista Robbie Rogers: “Quiero agradecer a Robbie el ser el primer futbolista en confesar abiertamente ser gay. Sé que ante todo lo que quieres es ganar, pero has logrado además animar a otros jóvenes aquí y alrededor del mundo, y por eso estamos muy orgullosos de ti”.

Y es que los gestos son muy necesarios. El pasado fin de semana, al igual que hicieran la liga italiana o la inglesa, numerosos futbolistas lucieron cordones arco iris en sus botas para luchar contra la discriminación sexual. Algunos equipos (Leganés, Racing o Rayo) y futbolistas ya han dado el visto bueno pero los más mediáticos aún no han respondido. Sin duda la falta de implicación de la Liga y de la Asociación de futbolistas Españoles no ayuda a respaldar acciones tan necesarias. Y es que el fútbol, precisa que todos los que participan en él: futbolistas, entrenadores, árbitros, directivos, presidentes, comités, federaciones, patrocinadores y aficionados, se comprometan en hacer de él, un deporte que incluya a toda la sociedad, sin excepciones, haciendo valer la dignidad y el respeto de cada uno, para que cualquier tipo de violencia desaparezca. Mientras no sea así, el fútbol y el deporte no merecerán la pena.

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