Quiero ser una estrella del balompié

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No son pocos los jóvenes que sueñan con ser el próximo Messi o Cristiano Ronaldo. Muchos de ellos incluso lo intentan al venir en condiciones precarias desde zonas de la periferia mundial. Son muy pocos los que logran alcanzar su sueño, y muchos los que se convierten en juguetes rotos de un negocio, el fútbol, que trata a los seres humanos como meras mercancías.

Leo Messi (27) es uno de los mejores jugadores del mundo./ Shai Pal (wikimedia)
Leo Messi (27) es uno de los mejores jugadores del mundo./ Shai Pal (wikimedia)

Lionel Messi es uno de los mejores jugadores del mundo del fútbol, quizás el mejor. Nikon Jevtic es un entrenador de categorías inferiores al que en su día apodaban el maestro y que nunca pudo impartir sus clases en los grandes escenarios del fútbol mundial. Tanto Messi como Jevtic eran niños prodigios del balompié que durante sus últimos estadios de adolescencia, no sólo comenzarían la transición hacia la vida adulta, sino algo mucho más importante, una exitosa carrera profesional. Sólo el argentino pudo obtener su sueño, mientras que Jevtic observó cómo todos sus esfuerzos para llegar a ser profesional del fútbol, que incluso le llevaron a abdicar de sus estudios de educación secundaria, se hundían ante la indiferencia de todos aquellos que en su día le auguraron un gran futuro.

Desgraciadamente, la historia de Nikon Jevtic no una excepción, sino que más bien es un caso más de entre muchos otros. Según Carlo D’Ursi, actor y productor de la película Diamantes negros, en Europa hay 20.000 chavales que han sido abandonados por aquellos que lo trajeron con la promesa de llegar a ser un día un jugador profesional de fútbol. Visto así, incluso Jevtic se puede considerar afortunado. Después de todo, ahora mismo él es entrenador de categorías inferiores, otros tiene que arrastrarse por el fango, no ya para conseguir el que un día era su sueño, sino simplemente para sobrevivir.

En el modo de producción capitalista todo tiene la categoría de mercancía y por consiguiente, todo es objeto de ser tratado como un negocio. Incluso los seres humanos. Cuando un chaval es capaz de hacer maravillas con un balón que es más grande que él, la máquina del fútbol moderno se mueve. Un representante de cualquier agencia se traslada al lugar de donde es el chaval, generalmente de barrios pobres y marginales de la periferia mundial y le pregunta sin reparos, ni vergüenza cuánto cuesta su hijo. Y los padres acceden a una cifra. Separarse de un hijo es difícil, pero es complicado rechazar una oferta cuando tu hijo puede ser el nuevo Leo Messi o por lo menos, tener expectativas de futuro mejores de la que se le podría ofrece si se mantuviese en el hogar familiar. Y lo anterior sucede en el mejor de las hipótesis, porque en otras ocasiones son la propia familia y parientes quienes deben asumir los gastos del viaje, para que así el joven tenga una oportunidad en el viejo continente de ser alguien en el mundo del fútbol.

Miles y miles de chicos de todo el mundo llegan a Europa. Algunos para probar con grandes clubes de Europa como el Barça, el Madrid o el Bayern Múnich. Otros simplemente con una incierta promesa, que en muchos casos no se cumple, de probar con algún club europeo no especificado. En el segundo caso, suele suceder que el joven prueba con un equipo semiprofesional y en muchas ocasiones es rechazado, siendo abandonado a su suerte. Fue el caso de Mohamed Chakkar, de origen marroquí y que ahora cuenta con 25 años. Ocho años antes, cuando tenía 17 años, este joven abandono su país de origen para embarcarse en la aventura de llegar a ser jugador profesional. Tenía una prueba con el Young Boys de Suiza y debía acudir allí con su representante, el cual le había organizado dicha prueba. Sin embargo, una vez allí, el representante le exigió 200 euros, a lo que Mohamed Chakkar no pudo hacer frente porque no llevaba nada, viéndose forzado a dormir dos días en la calle.

Son muy sonados los casos de jugadores, como Samuel Eto’o o Mario Balotelli, que llegando desde zonas periféricas del mundo, consiguen sobreponerse a las adversidades y triunfan al más alto nivel. No obstante, esos casos son marginales y minoritarios. En la mayoría de los casos, aquellos chavales que llegaron llenos de ilusión con poder triunfar en el mundo del fútbol se dan cuenta, en muchas ocasiones viéndose obligados vivir en la calle, que no han sido más que juguetes, productos defectuosos en el lenguaje capitalista, en manos de clubes y representantes que buscan tener al the next big thing, no dudando lo más mínimo en abandonar a su suerte a la futura promesa si este no rinde como está planeado. Si eres válido, es porque te lo mereces. Si no eres válido, es también porque te lo mereces. Un ejemplo claro de que el darwinismo social está de plena vigencia en el siglo XXI.

No es descartable que a no mucho tardar se analicen a los clubes de fútbol como si de simples empresas que cotizan en bolsa se tratase. Posiblemente las noticias del estilo “el Madrid ha caído un tanto por ciento en bolsa debido a su derrota de ayer en liga” sean menos bochornosas que aquellas informando sobre la caída en bolsa de Lufthansa horas después del terrible accidente de Germanwings. Aunque, claro está, tampoco es descartable que jugadores de renombre se conviertan ellos mismos en objetos de cotización. Bienvenidos al Capitalism World Order, en donde todo, absolutamente todo, es objeto de ser mercancía y por consiguiente, tener un valor de uso y otro de cambio.bsalon

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