Quiéreme si te atreves

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Incorrecta. Descarada. Atrevida. Satírica. Impertinente. A mil por hora. Adrenalina en estado puro. Colorida. Optimista. Neo-romántica. Y sobre todo, muy mala leche. Son los adjetivos que mejor definen la ópera prima de Yann Samuell.
Una película para fanáticos de la vida. Para los que no podrían concebir su existencia sin sorpresas ni interrogantes. Para los que no le temen a la muerte. Para románticos de la nueva era. Para los que necesitan retos. Para los que no soportan aburrirse. Para algunos chulos con arte. Para los que creen en el amor aunque les de miedo reconocerlo. Para los que les da igual mojarse con la lluvia. Para los que nunca perderán el entusiasmo. Para los que hacen grandes tonterías. Para los que son capaces de reírse de sí mismos. Para los que brillan.

Impregnada de metáforas visuales. Escenarios que sumergen al espectador en su más tierna infancia.

Dos personajes capaces de todo, menos de reconocer que se quieren. Campan a sus anchas riéndose del mundo y ridiculizando tabúes. Casi sin quererlo empiezan una competición para demostrar quién es el más tirano. Él gana, aunque ella tampoco se queda corta. Sufren y son felices en las mismas proporciones. Necesitan hacerse daño. Es la sal de sus vidas.

“Felicidad en estado puro, bruto, natural, volcánico, ¡qué gozada! Era lo mejor del mundo. Mejor que la droga, mejor que la heroína, mejor que el costo, coca, crack, chutes, porros, hachís, rayas, petas, hierba, marihuana, cannabis, canutos, anfetas, tripis, ácidos, LSD, ¡éxtasis! Mejor que el sexo, que una felación, que un 69, una orgía, una paja, el sexo tántrico, el kamasutra, las bolas chinas. Mejor que la nocilla y los batidos de plátano. Mejor que la trilogía de George Lucas, que la serie completa de los Teleñecos, que el fin del milenio. Mejor que los andares de Emma Pill, Mariel, la pitufina, Lara Croft, Naomi Campbell y que el lunar de Cindy Crawford. Mejor que la cara B de Abbey Road, que los solos de Hendrix. Mejor que el pequeño paso de Neil Amstrong sobre la luna, el Space Mountain, Papá Noel, la fortuna de Bill Gates, los tratos del Dalai Lama, las experiencias cercanas a la muerte, la resurrección de Lázaro. Todos los chutes de testosterona de Schwarzenegger, el colágeno de los labios de Pamela Anderson. Mejor que Woodstock y las rages más orgásmicas, mejor que los excesos del Marqués de Sade, Morrison y Castaneda. Mejor que la libetad, mejor que la vida.”

Dicho esto, hay dos tipos de personas en el mundo: a los que les encanta esta película y a los que no.

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