¿Quién dijo crisis?

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La desigual distribución de la riqueza acentuada en épocas de recesión ha conllevado un aumento del poder adquisitivo de las clases más pudientes, lo que permite a las marcas de productos de lujo aumentar ventas a pesar de la situación económica. China, Brasil y Oriente Medio se convierten en los mercados de mayor auge de este tipo de productos. La “democratización del lujo”, la nueva perversión léxica de las grandes firmas.

Que las crisis económicas no afectan a todos los estratos sociales por igual resulta una evidencia fuera de toda duda. Desgraciadamente, todos los días desde hace ya demasiados tiempo, nos despertamos por la mañana con la sensación de que escuchar o leer las noticias del día es cada vez más un ejercicio de autoflagelación no apto para cardíacos. La retahíla de datos sobre crecimiento, desempleo, deuda soberana o de recortes en materias tan sensibles como educación, sanidad y dependencia, desfigura la trágica realidad de miles de familias endeudas a niveles más que asfixiantes, desahuciadas o desesperanzadas ante la cruel incertidumbre de lo que el porvenir pueda deparar.

Sin embargo, tal y como señalaba al comienzo, los avatares de la coyuntura distan mucho de repartirse de manera equidistante. De hecho, más bien se podría decir que ocurre justo lo contrario y es que, haciendo válido el dicho que reza “a río revuelto ganancia de pescadores”, las crisis son el escenario perfecto para depredadores mercantilistas en beneficio de su particular agosto o, tal y como apuntan algunos supuestos expertos en la materia cuyo cinismo ideológico les supone una venda de tal calibre que les impediría ver la más mínima noción de realidad aunque quisieran, en pos de “su propio bien y, por tanto, del bien común”.

La realidad (escotomas doctrinarios aparte) es que la riqueza a nivel global disminuye y, sin embargo, la capacidad adquisitiva de las clases más pudientes aumenta. No son necesarios conocimientos algebraicos excesivamente elevados para deducir que la única explicación posible a este hecho es que la crisis no tan sólo está provocando que la calidad de vida de unos merme más que la de otros, sino que se está produciendo una transferencia neta de recursos procedente de las capas más humildes de la sociedad hacia las más poderosas. Una lamentable, desequilibrada y sumamente injusta distribución de la riqueza que, desde hace ya bastante, muchos venimos denunciando es el germen de la situación actual.

Para justificar todo lo comentado hasta ahora, basta un pequeño análisis de un hecho harto significativo: el mundo está en recesión y aun así, las ventas de productos de lujo continúan incrementándose.  Un estudio de la empresa Bain&Company en el que se examinan los resultados de 230 empresas dedicadas a la venta de productos de alta gama revela que durante el año 2011 se produjo un crecimiento del 10% en dicho mercado como consecuencia de la existencia de un determinado segmento de consumidores habituales de este tipo de productos, principalmente ropa, zapatos, joyas, perfumes, relojes y todo tipo de complementos y accesorios. La sorpresa de la investigación fueron los países asiáticos: Japón se convierte en el segundo mercado del lujo a nivel mundial y China experimenta un crecimiento en este sector del 25%. También destacan otras zonas emergentes como Brasil (con un crecimiento del 20%), u Oriente Medio (con un12%).

Por productos, los mayores incrementos se producen en artículos como la ropa (un 8% en total, siendo del 7% el crecimiento de ropa para caballeros y un 9% el de la ropa para señoras), los perfumes (un 35%), zapatos y artículos de piel (13%) y joyas y relojes (un 18%). De hecho, el 80% de las marcas del sector analizadas experimentan tasas de crecimiento positivas durante el año 2011, haciéndolo por encima del 20% una quinta parte de las mismas.

Además, cabe señalar que resulta muy especialmente significativo la utilización por parte de las grandes firmas de términos como “democratización del lujo” para definir la estrategia de marketing que orienta sus ventas hacia un determinado segmento de la clase media que no busca tanto productos de alta calidad, sino más bien un rasgo de exclusividad y de distinción social. Esta perversión léxica contrasta con los intentos por parte de amplios sectores de la ciudadanía de concienciar a una población desgraciadamente tendente a identificar los valores democráticos como una mera votación periódica, de la importancia de asimilar los derechos, obligaciones y libertades de todo individuo. Mientras, otros tratan de sugerir un concepto de democracia alternativo consistente en aspirar a TENER lo que poseen los ricos: mientras esto siga ocurriendo no dejará de sorprender que aún haya quien se pregunte por qué estamos en crisis.

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