Que se hable de fútbol, por favor

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Cuando el caprichoso almanaque deparó un mes de abril lleno de clásicos, más de uno creyó que, tras ellos, ya lo habría visto todo en la vida. Nunca había sido tal el empacho de adrenalina y nervios en tan corto periodo de tiempo, por lo que resulta normal que todo el mundo hable de lo mismo hasta el agotamiento propio y ajeno.

Algo asumible si, en contra de lo que ocurre, se hablase de fútbol y, también, se jugase a él. Si uno mira los partidos con detenimiento se dará cuenta de que los dos choques ya pasados han sido una hilera de faltas, tánganas, piscinazos, rondos al trencilla y violencia gratuita. El partido de Copa terminó con cerca de cuarenta faltas, alguna que otra bastante dantesca, la verdad. Ni la tensión del momento puede defender semejante desaguisado. Menos aún con equipos que presumen de paladar exquisito, como es el caso.

Por ello, cuando llega la rueda de prensa y los encargados de poner mesura se olvidan de apaciguar y, además, invitan a la barbarie, uno ya se imagina lo que pasará mañana. Y la semana que viene. Y entonces se da cuenta que, lo que al principio era una bendición, se está convirtiendo en un martirio. Todos se sienten perjudicados, perseguidos y ninguneados. El árbitro, los calendarios, las decisiones, la prensa… todo es motivo de queja y hoguera. Uno ataca y el otro responde, y así seguirá el cuento de nunca acabar. Un cuento en el que, tristemente, ya hemos doblado la rodilla una vez. No es nuestra guerra, Pep, entérate.

Brugal: Nadal, Nadal, Nadal.

Garrafón: Los Lakers de Pau no andan finos. A ver si se les va a escapar la eliminatoria.

Fuentes de la imagen:
DAYLIFE (
http://www.daylife.com)

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