¿Qué pasa en Oriente Próximo?

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Cuando era pequeña, mi madre me decía que las desgracias ocurrían siempre a los que viven en desgracia. Que los pobres siempre serán pobres y que los ricos siempre serán ricos…; pues eso, que la desgracia siempre irá a los desgraciados y la gracia a los “agraciados”. Después de unos años, sin embargo, me di cuenta de que los desgraciados van en aumento cuantitativa y cualitativamente y de que a mi madre, esa sabia mujer a la que yo guardo culto, le faltaba una pequeña especificación en su comentario: las desgracias, mamá, van donde nosotros queremos que vayan.

Y desgracias muchas en el mundo, tanto que, los que en gracia andan, no deben de conciliar el sueño. Me imagino a, llamémoslo Hombre Todopoderoso y Sus Amigos, tomando litros de café por la noche, pensando en cómo abastecer todas las necesidades de los iraquíes después de su “democrática y democratizadora invasión”. Claro que no hablamos de necesidades alimenticias ni sanitarias, ni siquiera políticas o de seguridad ciudadana. No… “¡Que no falten las armas! Esa necesidad tan vital a la que yo, el Todopoderoso, junto a mis colegas de la infancia, Israel y Arabia Saudí, me he comprometido a exportar, ahora que ya me he librado de Sadam.” Uff, tanto dolor de cabeza para ese “pobre” en cuestión… Tanto sufrimiento… Ahora que pensaba que eso iba a ser tan sencillo como eliminar al dictador, hacer unos cuantos cálculos y asegurarse de un amplio mercado armamentístico allí donde, encima, hay petróleo. Hacemos de la desgracia una desgracia mayor y aseguramos la guerra civil. Porque la guerra civil en Irak no se avecina, ni existe desde hace poco, sino que ya existía. Sólo era cuestión de tiempo llamarla como tal. Chiíes o suníes, da igual, todos necesitan armas para matarse entre ellos, matar a los norteamericanos, matar al vecino…

“¿Más café? Otra taza, por favor.” El mercado se amplía: “Señor, la jugada nos ha salido mejor de lo que esperábamos. Hay otra guerra civil en Oriente Próximo.” En Palestina ya hacía tiempo que se mataban y los mataban. Pero más bien los mataban. Los israelíes a los palestinos, los palestinos a los israelíes, los semitas a los árabes y los árabes a los semitas. Esos ya estaban en las agendas de varios empresarios: tantos demandantes = tantos ofertantes. Actualmente, sin embargo, se abren nuevas fronteras, nuevas posibilidades, nuevas desgracias para los desgraciados. Algunos lo llaman “clima de guerra civil”, otros “guerra civil inminente” y es que, después de que el grupo islamista Hamás ganara las elecciones en enero con la presidencia palestina de Al Fatah, no se consigue un gobierno de unidad entre los primeros y los de Mahmud Abbas. Unos no reconocen el estado israelí y otros se inclinan por el diálogo, sin ningún avance. El resultado: más enfrentamientos entre seguidores de Hamás y milicianos de Abbas que no dudan en levantar la mano ante los rebeldes. Ahora tenemos un conflicto interno en un país que, ni siquiera es un país, ya que no se sabe muy bien cuáles son sus fronteras ni dónde se perdió su soberanía nacional. Tenemos a unos palestinos que, al verse abandonados por la comunidad internacional, ahora discuten en manos de quién dejar su futuro, artos de la guerra, pero con más guerra.

“¿Otro cafecito? Sí, me queda mucho trabajo todavía.” ¡Y cómo no! Allí está Líbano. Una futuro-próxima promesa. Ese país mediterráneo que en los años ’70 fue toda una “Suiza” para sus vecinos. Después de quince años de guerra civil y una frágil estabilización y reconstrucción del país: otra desgracia. El ejército israelí se ocupó de bombardear el sur del país con un delicioso resultado: turismo para Israel y Siria y el reforzamiento de otro grupo fundamentalista, Hezbulá, al que dio la irrepetible oportunidad de ganarse más adeptos que quieran borrar del mapa a Israel. Cualquiera se une a un movimiento radical islamista, después de que ése mismo, con la ayuda de Irán, le pague 9.000 euros para reconstruir su casa, destruida por los vecinos del sur. Ahora decenas de días de manifestaciones, convocadas por Hezbulá, pretenden derrumbar al gobierno libanés, con golpe de estado o no, y hacerse con altas cuotas del poder libanés. Sea cual sea el futuro del país sin ejército, ya se ocupan muchos de rearmarlo y fraccionarlo.

Mientras tanto, que Irán se vaya preparando para ser una potencia nuclear y Siria, una potencia en la sombra. ¿Nos queda alguien? Sin duda. Pero Todopoderoso tiene trabajo de sobra por ahora, aunque sus aspiraciones imperialistas dejan las puertas abiertas: “No descarto un ataque en Irán.”

Saben, de repente me ha entrado una aguda y atemorizadora preocupación: ¡Señor, a ver si duermes un poco!

Fuente de la imagen:
http://canales.elcorreodigital.com

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