¿Qué le pasa al Séptimo Arte?

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Últimamente las carteleras de cine están llenas de adaptaciones literarias llevadas a la gran pantalla. Cada vez más a menudo los best-seller están apropiándose de un campo que, a primera vista, no les pertenece: el celuloide.

Hay muchos ejemplos que avalan que la industria cinematográfica se inspira de manera desorbitada en las novelas. Muchas de ellas, líderes de ventas; otras, menos conocidas al principio, aunque, tras su adaptación al cine, incrementan sus ventas gracias a algún curioso al que le gusta constatar cuánto de fiel ha sido la película al escrito original. Hay un sinfín de films que se encuentran en esta categoría. De los más recientes podemos citar fenómenos de masas como La Saga Crepúsculo y Harry Potter, dos de las sagas que han alcanzado un gran volumen de negocio tanto por los libros como por las películas; o las películas basadas en las polémicas novelas de Dan Brown: El código Da Vinci y Ángeles y demonios. También hay adaptaciones de best-seller con menos repercusión como Perdona si te llamo amor, Shutter Island o PD: Te amo, cuya versión cinematográfica modificó el título por PD: Te quiero.

Pero ¿qué ocurre con el cine? ¿Se están acabando las ideas propias para la pantalla grande? En los últimos años la mayoría de los estrenos tienen su referencia en la literatura, aunque esto no es nuevo. Los libros siempre han sido una gran fuente de inspiración para el celuloide, empezando por la Biblia. ¿De dónde sino han salido todas las películas que las cadenas de televisión emiten en Semana Santa? El fenómeno “copia y pega” no es algo exclusivo de los escolares a la hora de realizar trabajos, es una práctica tan extendida que queda reflejada en ejemplos como éste: las adaptaciones cinematográficas.

Esto no debería suponer ningún problema ya que adaptaciones ha habido siempre y para los lectores, es interesante ver en pantalla lo que ellos han imaginado a través de un libro pero lo cierto es que últimamente las carteleras están repletas de adaptaciones y es muy difícil no pensar que la industria del cine no sólo tiene crisis económica, sino también de inspiración y eso es algo mucho peor, puesto que si el cine es un mecanismo de expresión, con las adaptaciones literarias pierde esa capacidad, convirtiéndose meramente en un vehículo transmisor de la visión de otros.

Fuentes del Texto:
Propia
Fuentes de las Imágenes:
www.revistacomala.com

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