¿Qué haría yo sin ti, Jeeves?

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Una de las novedades de Principal de los Libros es ¡Despierte, señor! de Jonathan Ames: un desternillante viaje desde Nueva Jersey hasta Saratoga Springs, siguiendo los pasos de un extraño escritor.

despierte-senor-9788493859411Alan Blair es literato, tiene treinta años y vive en casa de sus tíos, parientes que lo acogen después de quedarse huérfano. Tiene un ligero problema con la bebida, y tía Florence y tío Irwin creen que lo mejor para él es que pase una temporada fuera de casa. Alan decide dar un cambio a su vida y marcharse a Colonia Rose, un recinto que aloja a escritores y bohemios donde podrá terminar su segunda novela, rodeado de personas de evidentes dotes artísticos (y desequilibrios conductuales).

Pero Alan no viaja solo. Junto a él va, siempre leal y solícito, Jeeves: su ayudante de cámara, lujo que se costeó gracias a una estúpida caída que acabó en una cuantiosa indemnización. Jeeves, tocayo del personaje de las novelas de P. G. Wodehouse, hará las veces de coach personal, confidente y lacayo, y ayudará al desastroso cerebro del escritor a poner un punto de cordura en su relación con la bebida, la escritura y  las mujeres. Eso sí, hasta que alcance su destino Blair sufrirá más de un percance y temeremos por su integridad (y la de su hígado), lo cual nos lleva a preguntarnos cómo se las apañaría nuestro protagonista sin la compañía de un ayudante tan eficiente. Completan el caricaturesco abanico de la trama personajes que Blair conoce en Colonia Rose como Ava, la imponente amazona a cuyos pies cae rendido; Tinkle, un escritor con extrañas taras pero de corazón generoso; el depresivo Mangrove, cuyo cerebro no segrega serotonina, o Hibben, el director de la colonia, que no se sabe muy bien si es un hombre, una mujer o un vegetal. 

Para esta obra, Ames (autor de otras dos novelas, cuatro ensayos y creador de la serie Bored to Death) se sirvió del tópico del artista contemporáneo cargado de manías cuyo revolucionado mundo interior no concuerda demasiado bien con la realidad: un diseño de personaje que puede recordar al “atormentado” e incomprendido Woody Allen, usualmente debatiéndose entre el ridículo y la ternura. El humor es la clave, y uno de los mejores puntos a favor, de esta obra, si bien notamos que “tarda en arrancar” y los mejores “golpes” se encuentran hacia la mitad del libro, una vez que Blair empieza a convivir con un montón de gente abstraída en el paraíso creativo. A pesar de que el protagonista es muy digno en su papel, al lector le resultará casi imposible no encariñarse con Jeeves: complaciente y ecuánime, su carisma puede llegar a empañar al personaje principal -incluso notamos cierta nostalgia cuando desaparece momentáneamente de la narración-.  Siempre desde un estilo desinhibido que puede llegar a sorprender -va cargado de sátira, puede noquear a lectores convencionales-, Ames combina los retratos de trazo rápido con episodios muy chocantes divididos en capítulos cortos que otorgan agilidad al ritmo del texto y no permitirán que el lector se aburra. La trama se complica cuando Colonia Rose empieza a convertirse en un “camarote de los Marx” en el que se encadenan los enredos y un despropósito se solapa con el siguiente, poniendo al joven escritor en apuros de los que sólo es posible salir si se cuenta con un maravilloso valet que no cobra horas extras por ejercer de ángel de la guarda.

 

Imagen: “Jeeves & Woster”, de la serie británica de los 90, protagonizada por Hugh Laurie y Stephen Fry

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