Proust y el fluir de la consciencia

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La Editorial Sexto Piso ha publicado hace poco el segundo volumen de “A la sombra de las muchachas flor”, novela de la heptalogía “En busca del tiempo perdido”, de Marcel Proust. Esta entrega de la saga de novelas del (además) ensayista y crítico, ha sido trabajada en versión cómic por el francés Stéphane Heuet.

El objetivo de ilustrar una literatura rica en recursos y conceptos, es acercar el arte hacia la juventud. El proyecto se inició con la publicación de Por el camino del Swann (2006) y el primer volumen de A la sombra de las muchachas flor (2008). Las ilustraciones son claras, el trazo es definido y los colores proyectan ese carácter introspectivo, simbólico y melancólico de Proust.

El francés nacido en 1871 se encargó de retratar, con una prosa hábil e inteligente, la decadente condición humana de aquél entonces. Ese pasado que se revive en el presente de un mundo infestado por el prejuicio, el rechazo, la indiferencia y las aspiraciones materiales como símbolo de éxito. Proust, que desarrolló su escritura como su pasión por la música clásica (le gustaba oír a Debussy), es el vivo reflejo de personas distintas a las que el mundo absorbe y distrae, por momentos, de sus objetivos.

A la vez, aprovecha el espectáculo banal de la clase aristocrática para encontrar a artistas y cultos con quienes compartir conocimientos. Se divertía estando en ese medio como lo evidencia en su heptalogía. El descubrimiento que el ser humano tiene un vacío espiritual que llena con placeres, le abre paso a su prosa desafiante pero sincera… sensible.

Utiliza el recurso del flashback para recordar nombres y experiencias. Descubre constantemente el mundo, el amor y la existencia de la homosexualidad. Este último tema, está latente en su obra, sobre todo en Sodoma y Gomorra, donde analiza la homosexualidad en hombres y mujeres.

Aquí, es imposible no recordar a Yukio Mishima (1925-1970), que nació tres años después de la muerte de Proust. En Confesiones de una máscara, obra autobiográfica, el japonés cuenta la historia de un joven homosexual que debe esconderse tras una “máscara” para ser socialmente aceptado.

Al igual que Mishima, Proust también decidió participar de la vida militar, pero sin éxito. Su frágil salud (era asmático desde pequeño), lo relegó de su ímpetu. Si bien lo vivido por ambos escritores no es cronológicamente paralelo, refleja problemas sociales fuertes y generacionales que evolucionan, cambian de forma pero no dejan jamás el fondo.

Ambos, conmovidos por la desdicha del ser humano y su naufragio en una sociedad sin moral, terminaron sus vidas de las maneras más dramáticas: Mishima se hizo seppuku y Proust murió víctima de una bronquitis mal tratada.

Ahora, con el color del cómic, la literatura estética y hábil de Marcel Proust está al alcance de jóvenes miradas. Su estilo, consciencia y visión, están en cada palabra. Es importante revisar cada página, no con el fin posterior de adornar la biblioteca, sino que los jóvenes encuentren un impulso para cambiar algo de sí mismos y de la sociedad donde viven.

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