Protestas en Brasil: la revuelta de los 20 céntimos

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La juventud brasileña se echa a las calles a raíz de la subida del 10 por ciento en el precio del transporte público. También demandan menos corrupción, más inversión en sanidad y educación y le reprochan a su presidenta Dilma Rousseff el gasto que suponen eventos deportivos como al copa confederaciones o el Mundial de fútbol 2014.

Protestas en el Congreso Nacional do Brasil, 17 de junio de 2013Las protestas empezaron en São Paulo a comienzos de junio y se han propagado a otras ciudades del país como Brasilia, Rio de Janeiro, Fortaleza o Salvador. Ya han dejado cinco muertos y cientos de heridos y arrestados manifestantes y policías. Solo en el partido de España-Italia, que se jugó el jueves 27 de junio, la policía arresto a casi 90 personas que se manifestaban frente al estadio de Fortaleza.

Entre los episodios más destacados de las protestas se encuentra la ocupación del tejado de la Asamblea Legislativa en São Paulo y los ataques con cócteles molotov y piedras a la fachada de la sede de la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro. A pesar de los enfrentamientos con la policía o la calcinación de vehículos, también han habido protestas de carácter pacífico. Las redes sociales han sido claves para organizar las movilizaciones. Entre otras cosas, los brasileños se preguntan para quien es el Mundial.

En los últimos días, se está denunciando sobre todo la precariedad de los servicios públicos, problema que según los manifestantes debería tener prioridad sobre eventos deportivos como la Copa Confederaciones de fútbol que se está disputando actualmente, la Copa del Mundo en 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016.

La presidenta Dilma Rousseff, tras varios comunicados televisados para calmar las protestas, quiere proponer un plebiscito popular para consultar a la ciudadanía sobre una reforma política: “que autorice el funcionamiento de un proceso constituyente específico para hacer la reforma política que el país tanto necesita”.

También se ha sentado a negociar la aprobación de pactos como el PEC 37, un proyecto de enmienda constitucional que quita al Ministerio Público la capacidad de investigar crímenes, de modo que tan sólo los cuerpos de Policía Civil y Federal podrían llevar a cabo pesquisas criminales. Plan que los manifestantes han criticado severamente ya que favorece la impunidad de los delincuentes y fomenta la corrupción entre los políticos.

Al contrario que los indignados europeos, los expertos ven como factor de peso la mejora de las condiciones de vida de la mayoría. “La creciente clase media de Brasil ha sido la columna vertebral de este movimiento de protesta”, escribió Isobel Coleman, investigadora de la organización independiente Council on Foreign Relations: “a medida que sus perspectivas económicas han mejorado, han aumentado sus expectativas de mejores servicios públicos”. Una de las banderas del gobierno es que un 50,5% de la población brasileña consiguió entrar en la clase media. De esta cifra, según fuentes oficiales, 40 millones fueron incorporados entre 2004 y 2010, bajo el mandato de Luiz Inácio Lula da Silva .

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