Praga enamora

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Praga es una ciudad sacada de un cuento. Tiene un castillo, un río con un puente con estatuas negras que lo atraviesa y preciosas calles. Los protagonistas de la historia somos nosotros, los viajeros.
Pasear por las calles de la capital de la República Checa es admirar a cada paso un edificio, una torre o el interior de un café. Praga es la ciudad del amor y de la cerveza. Los checos suelen reunirse con los amigos mientras beben pivo,cerveza en checo, en las pivnice o cervecerías.
Es una ciudad que se alimenta mucho del turismo. Tres hombres vestidos de marineros apostados frente al río Moldava nos reconocen rápidamente al pasar y nos invitan a subir a bordo de su embarcación en un castellano perfecto. Debemos tener cara de españoles.

El viaje de Madrid a Praga dura dos horas y media en avión. La moneda en curso es la corona checa. El alojamiento y la comida no son caros. Por menos de siete euros se come bien. El plato típico es el estofado de carne o gulash que suelen acompañar con rebanadas de pan. Aunque para empezar, es recomendable probar una de sus suculentas y sabrosas sopas.

VISITA
A la hora de conocer la ciudad debemos tener en cuenta que la conforman cuatro áreas imprescindibles. La zona del castillo, la ciudad vieja, la ciudad nueva, y barrios como el de Malá Strana, que significa ciudad pequeña, entre el castillo y el río. Los monumentos están muy concentrados, lo que nos facilitará poderlos visitar a pie.

A pesar de ser una ciudad pequeña, Praga tiene una buena red de comunicaciones que combina tranvía, metro y bus. 24 horas de transporte público cuesta unos cuatro euros. Podemos utilizar el transporte público para subir hasta el castillo donde descubriremos su imponente catedral, la basílica de San Jorge o la calle del oro.

Para trasladarnos de la ciudad vieja al castillo debemos atravesar el puente de Carlos o Karlov most. Mide 500 metros y es el punto más transitado por los turistas. Es bonito pasear de noche por él y admirar el resplandor de la ciudad. De día, podremos admirar sus más de treinta estatuas que lo decoran y que quizás sean éstas las que lo conviertan en el puente más bonito del mundo.

También es recomendable darse un paseo bordeando el río. Son impresionantes los edificios que lo siguen en su curso. Imprescindible parada frente al de Fred y Ginger, o la casa que baila, por su aparente similitud con dos bailarines

Praga tiene amplias plazas. La de Wenceslao es quizás la más impresionante. La corona el imponente edificio del museo nacional.

Para concluir, podemos poner la guinda al pastel acudiendo a una representación de teatro negro. Se trata de un espectáculo teatral en el que se proyecta luz negra, luz de discoteca, sobre el escenario mientras van desfilando actores y títeres.

Tres días serán suficientes para descubrir la esencia de una ciudad en la que es imprescindible pasear por sus calles para sentir su magia. Ándate con cuidado si no quieres ser atrapado para siempre por ella.

Fuentes del texto:
Carmen Fernández
Fotos:
Carmen Fernández
www.flickr.com

1 Comentario

  1. Hace unos meses estuve allí, estoy de acuerdo contigo. La ciudad es impresionante, la que más me ha llegado de las que he visitado. Pensaba escribir un artículo sobre ella, pero con el tuyo es suficiente porque la hemos vivido de manera muy parecida. Enhorabuena.

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