‘Por ellas’ cumple seis años luchando contra el cáncer de mama

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El antiguo Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid volvió a demostrar su solidaridad gracias a Cadena 100 con la celebración de la sexta edición del concierto Por ellas a beneficio de la asociación española contra el cáncer. Ya viene siendo habitual ver a grupos de mujeres de todas las edades asistiendo uniformadas con algún toque rosa en su indumentaria y que son las verdaderas protagonistas. Aunque habría mucho que hablar sobre la historia del lazo rosa y su comercialización, asistimos a un ejemplo de lucha contra esta enfermedad recaudando dinero, que si bien es verdad estuvo muy presente durante las 3 horas que duró el concierto, debería ser un ejemplo para todas esas mujeres y sus familias que están luchando contra esta lacra.

Fotografía: Gemi Navas

De maestros de ceremonia las voces más conocidas de cadena 100 encabezados por Javi Nieves y Mar Amate, y de artistas invitados algunos que repetían como Rozalen, Blas Cantó o Luz Casal que se mezclaban con los noveles Sergio Dalma, Melendi, La Oreja de Van Gogh o Pablo Alborán.

Sin duda el momento más emocionante fue cuando La oreja de Van Gogh cantó por primera en directo La chica del espejo, canción creada para la ocasión y que sirve como fila 0 para recaudar dinero para luchar contra el cáncer. La reacción del público provocó lágrimas en su cantante Leire y esa emoción se le notaba en la voz durante toda su actuación.

Fotografía: Gemi Navas

La gran Luz Casal fue la primera en poner a disfrutar al público sobre todo con su mitiquísima No me importa nada e hizo corear a todas las voces el final de Un nuevo día brillará, tema idóneo para la ocasión emanando esperanza.

Fotografía: Gemi Navas

Tras los internacionales Matt Simons y la sorprendente Sofía Reyes, una Eleni Foureira mexicana que se desenvuelve muy bien en el escenario, llegó uno de los mejores momentos por su intensidad: Blas Cantó que repetía por segunda vez consecutiva esta vez cantando su número 1 Él no soy yo, que sigue cosechando éxitos y que volvió a escucharse con 15 mil voces coreándolo. Lo mismo le ocurrió a James Arthur con su Impossible.

A continuación Rozalen consiguió conectar con el público de esa manera tan especial que sólo ella tiene, acompañada por su traductora de lenguaje de signos y sin moverse del sitio hizo que todo el pabellón cantara La puerta violeta y el tema que escribió para este evento el año pasado, Vivir, que se ha convertido en otro himno de la causa pero siempre desprendiendo su buen rollo característico, “yo saldré de aquí, si lo creo así” esta vez sin la compañía de Estopa pero que suena mucho mejor.

Fotografía: Gemi Navas

Sergio Dalma tomó el testigo consiguiendo que el ambiente no decayera. Su interpretación de la eurovisiva Bailar Pegados hizo que el pabellón se llenara de estrellas terminando con su particular versión de Este amor no se toca para que continuase la fiesta.

El buen rollismo continuó con los británicos Clean Bandit, únicos en cuanto a los integrantes de su banda, mezclando violines con música electrónica y conectando con el público más joven que bailó sus éxitos, Symphony, Solo y sobre todo el llena pistas Rockabye. Sin duda la sorpresa más agradable de la noche para los no iniciados en su música.

Fotografía: Gemi Navas

Si ya el año pasado en La Noche de la Cadena 100, Melendi fue el más coreado por el público de todas las edades, este año no iba a ser menos si encima trae bajo el brazo el Déjala que baile, esta vez sin Alejandro Sanz y que también mejora en su versión en solitario. Interpretó más canciones que nadie, seis en total, aprovechando la ocasión para intentar aclarar sus declaraciones “machistas” del pasado 8 de marzo, como si no hubiese mejores foros para hacerlo y contarnos como se le ocurrió la “canción más romántica”, La promesa.

La despedida tras casi tres horas, como si no hubiese habido ya suficientes emociones, vino a cargo de Pablo Alborán, que también recordó a su gente más cercana que había sufrido cáncer. Terminó al piano con Solamente tú y Prometo con una despedida un poco light para todo lo que se había vivido.

 

 

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