Poemas y neorrabia

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La Baragaña edita el primer libro que recopila poemas y pintadas de Batania: una colección de poesía callejera que acabó formando parte del paisaje urbano de Madrid.

bataniaSe llama Alberto Basterrechea, pero en Madrid se conoce mejor su otro nombre desde hace algunos años: Batania, el poeta neorrabioso. “Escribes demasiado rabioso”, dice que le dijeron cuando empezó con los poemas, y él matizó su propia condición bautizándose para siempre como artista callejero. Tener este libro en las manos es un auténtico placer, aunque no entendamos muy bien de dónde sale tanta (neo)rabia. Descubrir su poesía es adentrarse en el mundo de Iratxe, del padre muerto, de Madrid y Euskadi, de la revolución y los indignados. Era necesario que naciera una lírica contra el revólver, como él suele decir. Una obra a medio camino entre la greguería y la jarcha moderna que ha visto crecer su fama gracias a las silenciosas fachadas madrileñas, que en días cualesquiera amanecían decoradas con tinta neorrabiosa.

Batania, 39 años, vizcaíno residente en Madrid, se dedicó de lleno a la escritura cuando su padre falleció debido a un cáncer. Y a la lectura: nada más llegar a la capital, en 2004, vivía para trabajar y leer, en cualquier orden (unos 400 títulos leídos hacia 2006). Y después vendrían las pintadas que han formado parte de los paisajes urbanos madrileños: En el cine de tu niñez pusieron un Zara; El punto medio es el punto miedo o la que ilustra la portada de su primer libro editado: Liberqué, igualiquién, fraternicuándo. Un poeta que pinta por las noches y acumula ya casi medio millar de graffitis con mensajes directos, críticos, como flashes de “poesía-susto”, en sus palabras. El estilo inconfundible de su huella digital también tiene presencia dospuntocero: mantiene dos blogs (Batania y Neorrabioso) y una cuenta de Twitter; además, podemos seguirlo en Facebook. Es el despertar de la poesía neorrábica frente a los poetas miraquelindos: aquellos que sólo escriben poemas para publicarlos en un libro. Los neorrabiosos, en cambio, llegan a renegar “de los humanos”, para solicitar “un pasaporte de pájaro”. Algo así como el gongorismo y el quevedismo contemporáneos: irreconciliables y diametralmente opuestos.

 

Poemas y pintadas se compone de cuatro tramos: Aita –vocablo vasco que significa “papá”-, Iratxe –la novia de toda la vida, que un día “me dijera basta con los ojos abiertos,/ que me tirara al vacío con los ojos abiertos”-, poemas críticos y Natalia. Un total de 75 poemas, más 55 fotografías de las pintadas basadas en sus textos, constituyen este volumen de La Baragaña. Uno de los versos más hermosos de toda la obra es En tus ojos puedo ver / ciervos azules copulando; sin duda, la metáfora de la mirada azul de Iratxe, una cicatriz con nombre de mujer, una de las dos “torres de la tristeza” que le duelen a Batania. La otra, su padre muerto, encendió la mecha de la inspiración para mezclarse con la crítica, la política y el desahogo. 

Imagen: El País

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