Piratas del ciberocéano

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Brianna Lahara, una niña estadounidense de 12 años de edad, fue denunciada por la Asociación de la Industria de la Grabación de América (RIAA), ¿El delito? Descargarse música de Internet, ¿recibió su merecido?, por supuesto, tuvo que pagar 2.000 dólares, es decir, todos sus ahorros.
Los amos de la música ven como el negocio languidece y lo que antaño estaba atado y bien atado ahora es imposible controlar.

Y es que resulta cierto, y está impregnado en la historia de la humanidad, que el acceso masivo de los pueblos a la cultura nunca ha interesado a los mandamases. Una sociedad más cultivada es más difícil de dominar. La cultura es a fin de cuentas un patrimonio que pertenece a todos y que está ahí como un bien social del que aprovecharse. Quien amplía su bagaje cultural ensancha su mundo, a más conocimiento mayor es el universo de la persona.

¿Y cuál es el universo de acceso a la cultura cómodo, accesible y casi instantáneo que tenemos hoy al alcance de la mano? Internet, si, la red lo ha cambiado todo: la comunicación, formas de trabajar, relacionarse, de asomarse al mundo…es una alternativa a los grandes negocios que dominan la esfera comercial, mediática. Es otra vía para saltar el omnipresente abuso de las grandes corporaciones, esos mastodontes empresariales que llegan hasta el último rincón del planeta y que estudian y analizan tu comportamiento para adelantarse a tus propios deseos.

Sin embargo, David ha encontrado una honda cibernética para luchar contra Goliat, aunque hay que prepararse porque el gigante no va a caer sin dar un último golpe. Brianna Lahara es un caso real. De la noche a la mañana se ha convertido en una delincuente de 12 años, a la industria le duele que una niña quiera escuchar música de sus grupos favoritos sin pasar por caja. ¿Pero que diferencia hay entre que un amigo te grabe un disco en un cd  virgen a compartir tu colección musical con desconocidos en la red? Pues muy fácil, antes tu grupo de amigos te ofrecía la posibilidad de acceder a sus discos y poder ampliar tu colección sólo con tus contactos cercanos. Ahora son millones de personas las que intercambian música en las redes P2P, ahora tu pandilla se ha agigantado y abarca a todo el planeta y puedes conseguir aquel disco que no lograste en su momento por falta de dinero o esa canción que un día escuchaste en la radio y que en las tiendas está descatalogada.

¿Entonces dónde está el problema? Pues en que la industria de la canción ha visto como sus ganancias menguan con el aumento de las descargas gratuitas en Internet. Esgrimen que el intercambio en la red acabará con la música y pretenden hacer pasar por delincuentes a millones de personas que lo único que hacen es compartir lo que tienen con los demás. Claro, esto de compartir siempre es sospechoso, suena a izquierdista, a revolucionario, a alternativo, a gente fuera del negocio y del sacrosanto poder del dinero.

La gente se equivoca y hay que guiarlos de nuevo al redil aunque sea por la fuerza. El pueblo es ignorante y sólo unos pocos están capacitados para alumbrarles en este oscuro camino de la vida. Llaman piratas a gente que lo único que desea es disfrutar de un bien al alcance de la mano. Insultan a sus propios seguidores, a los amantes de la música. En cambio nadie dice nada cuando las industrias discográficas encadenan con contratos de semiesclavitud a muchos artistas, que desde luego son los que menos se llevan por la venta de sus propios discos, o cuando algunas tiendas engordan los precios hasta convertirlos en artículos de lujo.

¿Pero realmente la descarga en la red y la piratería pueden acabar con la música? Pues parece que no cuando descubrimos que la asistencia a conciertos aumenta con la misma rapidez con la que se extiende la fiebre musical por Internet. Es de las actuaciones en directo de donde la mayoría de los músicos se ganan el pan, pues de las ventas de sus discos lo habitual es que el trato con las discográficas les deje un pírrico 8% del total. Ahora la música llega a más gente, bien, la traducción es fácil: a más gente más conciertos.

¿Entonces cómo será el futuro de la música? Desde luego será muy diferente. Cada vez es más frecuente que muchos grupos se autoproduzcan su obra, pues muchas compañías ya no arriesgan y van a lo seguro: Bisbales, clones de otros artistas de éxito, etc. ¿La autoproducción es barata? Puede llegar a serlo, pero todo depende de la calidad que uno exija para su criatura musical. Un disco grabado en un estudio bien equipado puede oscilar entre los 5.000 y los 12.000 euros. A eso se le suman la fabricación de las copias, distribución y promoción. Con 15.000 euros un grupo ya tiene armas para defenderse en la selva sonora.

Ahora bien, está claro que no todos disponen de ese dinero y que para un grupo que empieza el panorama es duro y competitivo. Muchas salas de conciertos hay que alquilarlas para tocar, los instrumentos son caros, las clases también, los locales de ensayo están por la nubes, es decir, que hay muchos motivos para tirar la toalla y es posible que por el camino se estén perdiendo artistas y canciones que merezcan la pena.

¿Alternativas para cuidar a los músicos? Como dice David Bravo Bueno, abogado especialista en contratos musicales, en un futuro próximo la música, aunque en menor medida, seguirá manteniendo unos ingresos por la venta de discos (en los conciertos y on line) y por los derechos de autor, los grupos que potencien sus páginas webs podrán negociar contratos de publicidad como ingresos adicionales, incluso se habla de la Renta Básica como una remuneración del Estado que cubra las necesidades materiales de cada persona por el mero hecho de existir. En este gigantesco puzzle las piezas están cambiando de lugar pero se está reordenando y creando otra figura, otro dibujo en el que todos tienen un hueco.

El
 hombre avanza, el mundo cambia y los negocios también. Cuando nació la imprenta en España la Iglesia vio como su monopolio de las letras se extinguía y pasaba de estar acotado a unos círculos reducidos a ampliar sus horizontes entre la población. Hicieron todo lo que estuvo en su mano para impedir este cambio pero la evolución manda y al final venció la cordura. Con el fenómeno de Internet es lo mismo. Habrá que adaptarse y crecer con él, no contra él.

Fuentes de la imagen:
www.usatoday.com
http://technollama.blogspot.com

Video contra la Asociación de la Industria de la Grabación de América (RIAA) y sus campañas antipiratería
[youtube]ZnvetYaHU8U[/youtube]

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