Pesadilla en Anfield

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Por quinto año consecutivo, el Real Madrid se queda fuera de la Champions sin ni siquiera superar los octavos de final.
El partido se presentaba bonito, un Real Madrid con más de 107 años de historia, visitaba por primara vez
un estadio aun más antiguo que el club, el eterno feudo de los “reds”: Anfield; uno de esos estadios en los que los jugadores profesionales opinan que es maravilloso jugar aunque sea de visitante, ya que dentro de esas gradas huele única y exclusivamente a fútbol; un lugar que emociona al más pintado antes de cada partido cuando los aficionados ingleses entonan el sempiterno “You´ll never walk alone”; si el estadio del Manchester United es conocido como “El Teatro de los sueños”, durante este encuentro Anfield fue un auténtico “Teatro de las Pesadillas” para aficionado y jugadores merengues.

El equipo blanco se presentaba en Inglaterra después de ver como su eterno rival, el Atlético de Madrid, rompía su inmaculada trayectoria en liga, en la que consiguieron la nada desdeñable cifra de diez victorias consecutivas, coincidiendo con los primeros once partidos ligeros de Juande Ramos al frente del equipo.

Pero a las primeras de cambio se pudo comprobar que el sueño estaba lejos, lejísimos, inalcanzable. Un Liverpool (con más españoles en el campo que el equipo blanco), espectacularmente rápido, preciso y como es habitual en los equipos de Rafa Benítez, con una excelsa colocación sobre el césped, desarboló una y otra vez al empequeñecido equipo madridista.

La primera parte fue un monólogo inglés; aunque en defensa de los españoles hay que decir que los dos primeros goles no debieron subir al marcador, una falta de Fernando Torres en el primero y un inexistente penalti en el caso del segundo, hicieron que muy pronto el luminoso señalara una clara ventaja a favor del Liverpool. Aún así es de ley reconocer que los goles hubieran llegado de cualquier otra manera, en caso de haber acertado el árbitro, ya que sólo un espectacular Casillas dio la talla en los blancos.

En la segunda parte, el equipo de la Castellana intentó tirar de orgullo y casta, pero hasta de eso adoleció el Madrid; además el tempranero gol de Gerrard, sentenciaba definitivamente la eliminatoria.

A partir de ahí poco o nada destacable, a excepción del impresionante espectáculo dado por los aficionados ingleses, que como es habitual no pararon de cantar en todo el partido, inspirados por un genial Liverpool.

Un par de llegadas blancas con cierto peligro y un cuarto gol del Liverpool en un perfecto contraataque culminado por Dossena, llevaron a los jugadores y aficionados blancos a la enésima decepción consecutiva en el torneo que más les gusta, y del que hasta el momento, son los reyes con nueve entorchados.

Las caras al final del partido tanto de aficionados como de jugadores, no denotaban la previsible tristeza, sino resignación, abatimiento, sus ojos reflejaban un sentimiento de total inferioridad, asumiendo que en ningún momento se había podido vislumbrar la más mínima opción de remontada en las huestes blancas.

El Real Madrid volvió para España con el orgullo herido y a buen seguro con muchísimas ganas de seguir peleando en una competición, la doméstica, que también tienen bastante cuesta arriba.

En mi opinión el equipo merengue debe plantearse muy seriamente una reestructuración deportiva (la institucional es obligada y necesaria a raíz de la dimisión de Ramón Calderón) si realmente quieren volver a ser el “mejor equipo del mundo”.

Ajeno a lo futbolístico, es necesario destacar la lamentable y bárbara actuación de unos cuantos que sobran en el fútbol; horas antes del inicio del partido unos animales (me niego a considerarlos aficionados al fútbol, ni siquiera personas) agredieron en la puertas del pub “The Cavern” al periodista de la Ser, Manolo Lama; por suerte la agresión no llego a mayores y el locutor pudo retrasmitir el partido desde la cabina de prensa de Anfield. Creo preciso comentar, que hay que acabar con este tipo de ultras, y los que deberían poner la primera piedra para hacerlo, son algunos presidentes que, no sólo después de lo sucedido en Liverpool sino tras vivir muchas más situaciones similares, siguen fomentando y patrocinando a este tipo de grupos.

En resumen, que los aficionados madridistas, a buen seguro vivieron un tristísimo viaje de vuelta y que este club debe virar con mano firme el rumbo si quiere volver a reinar en Europa.

Fuentes de las imágenes:
Marca (http://www.marca.com)
El Mundo (http://www.elmundo.es)

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