Perú: otra piedra en el camino

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El pasado lunes 6 de junio, un día después de que el izquierdista Ollanta Humala se proclamara ganador de la segunda vuelta de las elecciones en el país andino, la Bolsa de Valores de Lima cerraba como consecuencia de la mayor caída bursátil de toda su historia. Los agentes económicos internacionales veían con preocupación cómo otro país latinoamericano viraba hacia la senda de los Chávez, Morales o Correa, presidentes todos ellos tildados de populistas (aunque, muy probablemente, unos más que otros) que tomaron el timón de sus naciones tras las graves crisis sociales y políticas que se produjeron en Venezuela (1998), Bolivia (2005) y Ecuador (2006), respectivamente.

Sin embargo, todo parece indicar que Perú no va a tomar ese camino: por un lado, es conveniente tener en cuenta que, al menos en el caso de Chávez y Morales, éstos no necesitaron de una segunda vuelta para proclamarse ganadores, consiguiendo imponerse con mayoría absoluta desde el principio. Humala, en cambio, hubo de recurrir a una segunda vuelta para vencer, esto es, necesitó de votos que en la primera vuelta fueron a parar a otros partidos. Por otro lado, no le quedará más remedio que pactar con otras fuerzas políticas representadas en el Parlamento Nacional, y por los movimientos producidos en los días inmediatamente posteriores a su victoria en las urnas, parece más que probable que se produzca un acercamiento con la fuerza centrista Perú Posible (liderada por el ex presidente Alejandro Toledo), evitando así acuerdos con partidos situados a la derecha del espectro ideológico, tal y como hizo el antiguo gobierno.

Esta coalición con los centristas puede desembocar en el cambio social que históricamente los peruanos venían reclamando: en lugar de una mayor participación del estado en asuntos económicos, la acción política se orientaría hacia una mayor eficiencia en el gasto público, muy especialmente en aquellos programas destinados a combatir la pobreza, el verdadero lastre de un país en el que las desigualdades sociales alcanzan uno de los mayores niveles de toda Latinoamérica. El objetivo de la acción de gobierno se plasmaría en la estabilidad de una economía de mercado que diese buenos resultados (de hecho, los ha dado en los últimos años) complementada con políticas de un marcado carácter social.

El reto de Perú ahora es convencer a la Comunidad Internacional de la viabilidad de su nuevo proyecto, de una forma de gobernar que, ante los ojos del mundo, lo alinee más con países como Brasil o como Chile (este último hasta 2010, con la victoria del derechista Piñera) que con los anteriormente mencionados. De hecho, Ollanta Humala recibió el apoyo de un liberal tan mundialmente reconocido como el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, en un claro síntoma de legitimidad ideológica. Así pues, aviso para navegantes: los mercados pueden estar tranquilos.

Fuente de la imagen:
www.polticaperuana.com

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