Pero sigo siendo el Rey

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Reconozco que no había leído nada de Carlos Salem (Buenos Aires, 1959) y con Pero sigo siendo el rey (Salto de página), su tercera novela publicada, me he llevado una gratísima sorpresa. José María Arregui, ex policía, detective privado solitario y melancólico, de aroma marlowiano, desencantado y aficionado a los disfraces, es contratado para solventar un delicado e incómodo asunto: Juan Carlos I de Borbón ha desaparecido y nadie sabe dónde está. Como única pista la siguiente nota: “Me voy a buscar al niño. Volveré cuando lo encuentre. O no. Feliz Navidad”. El ministro de Interior, viejo conocido de Arregui, será el que le encargue a éste la complicada tarea de encontrar al rey y devolverlo a palacio sano y salvo. Arregui, que inicialmente declina la oferta, tarda muy poco en descubrir el paradero de su majestad, y, lo que en principio estaba resultando una tarea sencilla, pronto se verá enmarañada con la aparición de un grupo de sicarios que tiene como único objetivo eliminar al rey.

En su particular y peligroso periplo, nuestros protagonistas –extravagante pareja, especie de príncipe y mendigo pues no sé sabe a ciencia cierta quién salva a quién– atraviesan paisajes y pueblos de la España más profunda, entablan relación con personajes que les ayudarán a salvar el pellejo –la inseparable Rosita, oveja dulce y cariñosa; un músico enamorado que persigue una melodía perfecta y escurridiza; un adivino amnésico que sólo es capaz de adivinar el pasado de los demás–, y vivirán situaciones que les servirán para estrechar lazos mutuamente y, todavía más importante, para reconciliarse con ellos mismos.

Con estos mimbres el autor hilvana un disparatado y sin embargo sólido artefacto narrativo, lleno de humor y ternura, una road movie tan ágil y absorbente que devoramos desde la primera línea hasta la última en una sola sentada, estructurada en capítulos cortos en primera y tercera persona, poblada de personajes muy bien trazados –cada uno con sus alegrías y miserias–, en donde destaca por su complejidad y verosimilitud la figura del rey (primero Juanito y luego Juan), persona entrañable que cuenta chistes y canta nanas, que escribe letras cachondas para el himno de España aunque “en Moncloa no gustaron mucho”, que renunció a su sueño de ser camionero para afrontar una gran responsabilidad, y que una mañana, harto de ésta, salió en busca del niño que jugaba con la arena del exilio.

Pero Sigo siendo el rey. Carlos Salem. Salto de Página. 352 páginas.
21, 95 euros.

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