Pereza, liquidación por cierre

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En estos tiempos de rescates y cifras de paro escalofriantes no es difícil dar con ellos. Comercios que un día rebosaron actividad y ahora cuelgan los premonitorios carteles de “liquidación por cierre”. Los escaparates cuidadosamente diseñados cedieron su espacio a artículos de temporadas anteriores a precios de ganga, cuya calidad se mantiene intacta por más que la sábana que les rodea no invite a su compra. En eso se convirtió el Palacio de Vistalegre (Madrid) el pasado viernes, un recinto en el que Pereza echó un cierre que tardará en volver abrirse.

Como dos antiguos socios que hacen un paréntesis en sus nuevos proyectos para recoger los restos de ese negocio que un día pareció indestructible, así se presentaron Leiva y Rubén Pozo, metidos de lleno en sus propias giras en solitario, ante las más de 10.000 vociferantes gargantas que no se cansaron de pedir su regreso durante las más de dos horas que duró su entregada pero previsible actuación.

Tirando de un “setlist” que conocen de memoria, calcado al que ofrecieron hace dos años en el Palacio de los Deportes cuando presentaron “Aviones” (2009), y sirviéndose de las alfombras y lámparas de aspecto teatral que vistieron muchas de sus noches de gloria, los de Alameda de Osuna sólo necesitaron tres tiros como “Leones”, “Animales” y “Manager” para enloquecer a los presentes y, de paso, dejar claro que aquella no iba a ser una velada de grandes sorpresas.

Por si las palabras de Pozo en Efe Eme dejando entrever que esta actuación estaba pactada desde antes de su separación no habían sido suficientes, la distancia entre ambos músicos confirmó que su amistad se ha visto resentida en los últimos meses.

El compadreo y los juegos de palabras que un día protagonizaron “Yo nací para estar en un conjunto”, desaparecieron en favor de una versión descafeinada de la misma. Algo similar a lo que ocurrió con los discursos que Leiva utilizó para dirigirse al público o presentar a la banda: a la altura, pero insulsos para quien haya seguido su trayectoria.

Luchando contra la nunca suficientemente denostada acústica de Vistalegre, sus músicos de siempre, su E Street Band particular, compuesta por dos baterías, teclados, un saxo y un bajo, dio la talla desde el primero al último acorde. El breve respiro de “Voy a comerte”, los aires de libertad de “Pirata” y la preciosa intensidad de “Amelie” dieron paso a la aplaudida dupla formada por la picante “SuperHermanas” y “Beatles”, que introdujeron con su tradicional homenaje al cuarteto de Liverpool mediante el clásico “Nowhere Man”.

Con el público entregado a su causa, la frialdad entre el dúo continuó siendo la nota dominante, retirándose cada uno a un discreto segundo plano cuando era el otro quien cantaba. Desde esa barrera invisible escuchó Rubén “Lady Madrid” de boca de Leiva, quien minutos después cedió todo el protagonismo en la eléctrica “Margot”.

“Stand By Me”, el clásico de Ben E.King, precedió a una sentida “Madrid”, que anticipó un final en el que sólo faltaron “Princesas” y algún tema de su primer disco para completar el repaso a sus buques insignia. En una noche de futuro incierto y aroma a despedida, no podían faltar dos dedicatorias: una para todo el equipo que ha trabajado junto a ellos, y otra enviada a esas fans que “hacen lo que sea por entrar al camerino”, esas “Grupis” a las que honraron con la canción que lleva su nombre.

Finalizado el tiempo reglamentario, Rubén y Leiva volvieron sobre las tablas con la intención de mostrar su espíritu más canalla y travieso. A pecho descubierto interpretaron “Señor kioskero” y “Superjunkies”. El buen humor y las bromas, en paradero desconocido hasta entonces, tomaron Vistalegre en la prórroga. Espontaneas, premeditadas o exigidas por algún representante cabreado, lo cierto es que endulzaron el final de su largo recital.

Mientras muchos espectadores aguardaban para comprar una camiseta del grupo, curiosamente rebajadas a cinco euros, otro se quejaba en el baño: “Han hecho lo mismo que hace dos años”. Todavía no había caído en la cuenta de que, aquella, era una noche de liquidación.

Fotografía: Alberto Peñalba

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