Perdón y gratitud

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Estas dos palabras pueden condensar, aunque no por completo, los 117 minutos de la última película de Joe Wright, “El Solista”. En esta ocasión, no quiero centrarme en realizar una mera crítica del film, sino hablar de esos dos valores que son casi inexistentes en la sociedad actual.
La historia de “El Solista” está basada en hechos reales. El director, Joe Wright, intenta mostrar cómo surge la relación de amistad entre un mendigo con esquizofrenia llamado Nathaniel Ayers (Jamie Foxx), virtuoso del chelo, y un periodista de Los Ángeles Times en plena crisis profesional y personal, Steve López (Robert Downey Jr.). Pero además de esto, lo que se deja entrever es la capacidad de solidaridad que poseen ciertas personas, así como, la situación en la que viven miles de indigentes en las calles de esta metrópoli californiana.

No se pretende ahondar en las miserias de los desamparados, ni dramatizar al máximo la situación en la que se encuentran estas personas, sino arrojar un poco de luz esperanzadora sobre esos túneles y vertederos impregnados de una suciedad y hedor difíciles de resistir, en los que conviven junto con ratas, basura, delincuencia y drogas. La ayuda es posible, puede llegar, y de quien menos te lo esperas.

No es necesario irse a Los Ángeles para ver cómo intentan sobrevivir día a día los denominados “sin techo”. Te los puedes encontrar en la esquina de cualquier ciudad española, la estampa es a menudo parecida: tapados con cartones, intentando protegerse del frío, con varias capas de ropa sucia, pidiendo limosna para poder llevarse un trozo de pan a la boca y muchos de ellos solos, sin una mínima esperanza que les aliente a seguir luchando por salir de la vorágine en la que han caído.

¿Cómo puede llegar alguien a esta situación? La mayoría piensa que es debido a problemas derivados del alcohol, las drogas o incluso la ludopatía, pero no es siempre así. Bancarrotas, situaciones de desapego familiar o enfermedades pueden ser algunas de las causas que les “obligan” a vivir en la calle.

En el caso de “El Solista”, Nathaniel Ayers padece una enfermedad que desconoce: la esquizofrenia. A pesar de ser un niño prodigio y tocar de forma sublime el chelo, la esquizofrenia le llevó a abandonar la prestigiosa Academia de Juilliard y a desaprovechar todas las oportunidades que le iban surgiendo a lo largo de su arduo camino, pero en su vida apareció el periodista Steve López. Lo que se inició como una mera relación de trabajo (López sólo quería rellenar su columna de L.A. Times con la historia de Nathaniel) se convirtió en un intento obsesivo por sacar al talentoso músico de la calle, un lugar que realmente no es apropiado para nadie, y en una sólida relación de amistad basada en el apoyo, el perdón y la gratitud.

Salen ahora por primera vez en este texto las palabras del título: ‘perdón’ y ‘gratitud’. Qué necesarias en este momento en el que la globalización aterriza en nuestras vidas y en el que lo material supera a lo espiritual. Qué necesarias ahora que cada vez más nos preocupamos exclusivamente de lo nuestro, sin reparar en los daños que le podemos causar al de al lado. Nuestro único objetivo es fijarnos en nosotros mismos, sin escuchar, ni atender, ni prestar una mano amiga a la persona que realmente lo necesita. ¿Dónde están estos valores que hacían grande al hombre? ¿Quién nos ayudará entonces durante un revés que nos dé la vida?

La historia de Nathaniel es la de tantos otros mendigos que se encuentran viviendo en soportales, bancos del parque que tenemos cerca de nuestras casas o que esperan a la salida de un supermercado pidiendo apenas unos cuantos céntimos de euro.

Es fácil pensar: “Esto nunca me va a pasar a mí”. Error. Nunca puedes saber lo que te deparará el destino, la línea que separa el éxito de la miseria es tan difusa y apenas perceptible, que puedes pasar de estar en un acomodado despacho del número 136 del Paseo de la Castellana a encontrarte en la calle, sin familia ni amigos, siendo tu único “acompañante” un carrito de la compra que llenarás con lo que a tu juicio es necesario para sobrevivir, unos cuantos cartones para sobrellevar las frías noches madrileñas y algunos recuerdos de esa época pasada que, sin duda, fue mejor.

Todos podemos ser Nathaniel Ayers. ¿Aparecerá algún Steve López en nuestras vidas?

Fuente del texto:
Nerea Pita
Fuente de las imágenes:
Universal Studios Spain

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