Pegad al caballero

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Hubo un tiempo en el que las damas abofeteaban a golfo sí y a caballero también. En el que cuantas más bofetadas repartían más hacían valer su posición de señoritas. Sólo Cary Grant en alguna de sus películas respondía con otra bofetada a tales ataques de estupidez femenina. Y sólo él podía hacerlo sin dejar de ser un caballero, pues este hombre repartía leña con mucha elegancia.
Es cierto que hoy se siguen regalando bofetadas a diestro y siniestro, aunque los caballeros pueden respirar tranquilos pues ya no están en ese mercado. Eso que nos decían de niños de que los que se pelean se desean, era cierto. Parece que sí, por lo menos en el caso de las mujeres. Cuanto más te zurran, más quieren dormir a tu lado. Y es que los caballeros están pasados de moda. Las mujeres ya ni les pegan, sólo les quieren para contarles lo mal que lo pasan con los golfos. Y eso no es todo. Para las mujeres estos pobres hombres no son ni hombres. “Todos los tíos son unos cabrones”, les dicen excluyéndolos inevitablemente de “todos los tíos”. Los caballeros han pasado a ser fieles animales de compañía para las mujeres. Sus pañuelos de lágrimas.

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