Pedro Sorela: “El periodismo se está hundiendo porque está mal hecho”

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Portada de "El sol como disfraz"

El periodismo representa, en su más estricta esencia, tiempo. Y el periodista, en su incansable trabajo de Sísifo de la actualidad, es un plumilla que intenta aprehender ese tiempo, sin llegar nunca a alcanzarlo –por el camino olvida que no se puede hacer física de la metafísica-. En ello radica su tragedia y su grandeza, en lo inconclusa y siempre actualizable de su labor.

Sobre esa representación, sobre esa encarnación del tiempo que es el periodismo, gira El sol como disfraz (Alfaguara), una novela en la que el profesor universitario, dramaturgo y periodista –pero “ante todo escritor”- Pedro Sorela refleja con crudeza y con pasión el “detrás de cámara” de la redacción de una gran cabecera, La Crónica del Siglo, un periódico cuya cotidianidad es la alegoría de un ocaso: el de toda una cultura periodística, la de las rotativas y el papel, que parece ir perdiéndose en el horizonte.

Daniel es un joven periodista, todavía rebelde, de moto y libreta, que desembarca en La Crónica del Siglo con su verbo sin disfraz y su capacidad quirúrgica para relatar historias –una cualidades adquiridas en su paso por la “mezquina” agencia de prensa Rápido Press-. Dimas Foz es el columnista, el perspicaz escrutador del día a día, un reportero que “dibuja” la realidad para mirar más allá, para que las palabras digan más de lo que dicen. En tanto, Sofía Magallanes, alías “el culo preguntón”, es la representación de la burguesía madrileña, una antigua pupila de Foz que ronda los cuarenta y que ejerce como redactora jefa de Cultura. Y Picasso, un antiguo profesor de Historia del Arte de mirada lenta pero ávida, que es el flamante director  y “transformador” -bragetazo mediante- de La Crónica del Siglo.

Cuatro personajes que representan cuatro etapas diferentes del periodismo, y que juntos, sumados a otros protagonistas, componen los principales ejes de El sol como disfraz, un relato coral sobre la guerra de egos, las luchas de poder y las guillotinas que componen las redacciones de cualquier periódico, de cualquier lugar del mundo. Un relato, en definitiva, sobre las pasiones y los dramas de la vida, sobre el buen y el mal periodismo, pero sobre todo, sobre la lucha metafísica de unos reporteros en su intento por alcanzar el presente. Una novela que lanza una advertencia en mayúsculas: “Permanecer en las redacciones es peligroso”.

Con esta afilada novela como telón de fondo, Pedro Sorela charló en una entrevista con La Huella Digital en torno a la actualidad del periodismo español, la incidencia  de las nuevas tecnologías en el oficio o el fin de la cultura periodística en papel. El escritor no sólo desgranó su visión del periodismo en sentido amplio, también habló sobre particularidades como la entrevista-seducción, la precariedad laboral o el aire canalla que exhala la profesión. 

¿Tenía ganas de contar con El sol como disfraz ese “detrás de cámara” del día a día de la redacción de un periódico de prestigio?
Eso es algo que cualquier escritor que atraviesa una experiencia sabe que tarde o temprano la contará. En mi caso han sido veinte años de periodismo aunque soy escritor antes que periodista, y sabía que quería contarlo, pero quería esperar lo suficiente para disparar solo una vez. Mi intención es no volver a escribir sobre periodismo, porque entre otras cosas existen otros temas que me acosan. Y también para tener una perspectiva, porque este libro trata no del periodismo de hoy, sino de una cultura periodística de la que quizás estamos saliendo.

Es un libro que recorre el periodismo más tradicional (el de papel) y que deja de lado, intuyo que deliberadamente, lo que ha supuesto la irrupción de internet y las nuevas tecnologías. ¿Quería plantearlo de esa forma?
El periodismo de internet todavía está empezando y no sabemos qué va a dar de si. Yo quisiera ser optimista, y a diferencia del discurso dominante yo creo que el futuro puede ser extraordinario. Estamos saliendo de una cultura y eso está costando muchas cabezas, están despidiendo a muchos redactores de la cultura del papel, y me parece dramático y me siento muy cercano porque forman parte de mi generación, pero el discurso no es el del fin del mundo ni el fin del periodismo. El periodismo no va a acabar, porque la necesidad no va a acabar, simplemente tenemos que reinventar cómo se hace. Y eso apenas está empezando. El hecho que haya periódicos en digital desde hace tiempo no significa que ese sea el periodismo que vamos a conocer. Las posibilidades son infinitas. Yo lo veo a escala microscópica en mi propia página, donde veo unas posibilidades infinitas. Se trata una nueva galaxia Guttemberg, lo que pasa es que estamos viendo cómo nace, y el parto tiene dolor. 

La base de la novela es, por lo tanto, ese periodismo de “paren las rotativas”, de papel y quiosco, no el de las redes sociales y las coberturas multimedia.
Claro, porque (ese periodismo) está naciendo. Mientras está transcurriendo la historia en La Crónica del siglo, esas formas están de salida y están llegando otras, están inventándose los teléfonos móviles y las cámaras digitales. Apenas están empezando a nacer y sólo al final del libro se insinúa el mundo que se viene hacia adelante. Pero sin embargo, este mundo está mucho menos muerto de lo que parece. Un buen periódico hoy en día que también tenga una edición digital, no es muy distinto de lo que yo cuento. Las reglas siguen siendo las mismas. Hay una cierta tendencia entre la gente joven, en la que yo participo porque también soy muy digital, a sacralizar las nuevas tecnologías. Las nuevas tecnologías no están haciendo otra cosa que lo mismo que hacían nuestros padres, sólo que más rápido y con “aparatitos” más pequeños. No hay que equivocarse. Me preguntaban recientemente cuál era la mejor novela de periodistas que conozco, y yo soy un experto porque dirigí una tesis sobre el tema, y dije Bel Ami (de Guy de Maupassant), que es una novela del siglo XIX, e Ilusiones perdidas (de Honoré de Balzac), que es otra novela de periodistas del siglo XIX, y donde los problemas que plantean son exactamente los mismo que los de hoy en día; los verdaderos problemas.  

Pero sin embargo los periódicos en papel no hacen otra cosa que difundir las noticias de ayer. Aunque, por otro lado, una cabecera como Público, que ya no existe en papel, ha visto como se reducían exponencialmente sus lectores al salir solo la edición digital. ¿Hay un mundo intermedio entre la reflexión y la inmediatez?
Yo mismo lo veo y soy una persona que peina canas. Veo la resistencia que tenemos a abandonar ciertos medios y sustituirlos por otros, y viceversa. Desde que soy digital, desde hace tres o cuatro años, voy viendo que ya hay ciertas cosas que no me interesan leerlas en papel. Vamos a convivir, nadie va a matar a nadie. Lo que es urgente cambiar, es la discusión tecnológica. Ya está bien del Ipad, el Iphone, y demás “cositas”, eso me parece muy bien, pero hay que hablar ya de ideas, de con qué vamos a rellenar las cosas. De qué es lo que contiene la cabeza de la gente que le da al dedito tecnológico.

El escritor Pedro Sorela

 El escritor argentino Ernesto Sábato decía que toda novela es autobiográfica. Intuyo que en cada personaje de El sol como disfraz hay un “pedacito” de Sorela. ¿Hay alguno con el que se sienta más identificado?
Ineclutablemente, cuando (GustaveFlaubert dice “Madame Bovary soy yo”, no lo dice sólo con entusiasmo o porque esté enamorado del personaje, lo dice también como fatalidad
. Yo no creo que un escritor pueda escribir un personaje sin dejarse un pedazo de si. Eso es lo que ha hecho pensar a los teóricos que Shakespeare no existió, porque cómo podría crear tal variedad, o que Shakespeare era muchas personas. De hecho, los cuatro principales personajes de la novela representan diferentes etapas del periodismo: el joven que acaba de llegar a la profesión, la chica “jefecilla” de 39 años, el columnista independiente y el director. Sí, yo me reconozco en rasgos de todos ellos, incluyendo los de la guapísima Sofía de culo perfecto. Y se preguntarán que qué tengo que ver con ella… pues sí, tengo que ver con ella (risas). 

¿Por qué confeccionar una estructura de novela coral y con saltos en el tiempo. Y por qué a través de esas cuatro fases que corresponden a los cuatro periodistas de edades diferentes?
El periodismo es tiempo. De hecho está novela, aparentemente, y muy visiblemente, trata de periodistas, pero la discusión de fondo es sobre el tiempo, que es una forma de periodismo. El periodismo no es más que una forma del tiempo, una encarnación, una representación. Y a mi lo que me obsesiona es el tiempo, y esa es la obsesión de fondo del libro. Por eso el título un poco meteorológico, un poco cósmico, es una reflexión sobre el tiempo. 

Por otra parte, en cuanto a los saltos en el tiempo hacia atrás, que yo noto que las gentes jóvenes son reacias a darlos, tengo dos razones. Por un lado, tengo una formación muy clásica, he leído mucha novela clásica, me han formado y es a las que termino volviendo, y en ellas las cosas ocupan mucho espacio. Y por otra parte, contar sólo la epidermis de un fenómeno determinado es contar la mitad. Lo interesante es saber cómo llegaron los personajes hasta ahí.

Realiza una crítica ácida y en ocasiones hasta cruel de la profesión. Habla de envidia, de vanidad, de dependencia con el poder… Por curiosidad, ¿qué le han comentado sus compañeros periodistas al leer la novela?
Me han dicho: “Es así”. Yo he querido ser verdadero. No he hecho literatura realista, lo que he querido es ir al fondo de las cosas. Por otra parte, es una novela muy severa con el periodismo pero porque tengo una relación de amor con él. Lo que no tolero es la mediocridad y las razones por las que se hunden los periódicos. El periodismo se está hundiendo porque está mal hecho. Los periódicos bien hechos no se están hundiendo. Estos, en países con lectores bien formados, no sólo no se hunden sino que van hacia arriba.

Sin embargo si ha habido un cambio cualitativo en la prensa, en el sentido de que antes el periodista gestionaba la escasez de información y ahora gestiona la sobreabundancia. Su misión ahora consiste en discriminar.
Sí, tenemos más armas y más recursos. Lo que es intolerable es que un periódico siga siendo el telediario de la noche anterior. A mi cuando me cuentan el telediario del día anterior digo: “hombre no, mi tiempo es muy valioso”. Esto ya lo vi, ¡quiero más! 

Hay una figura muy interesante de la que habla, la del entrevistador-verdugo. ¿Parece que todo estudiante de periodismo aspira a ser un verdugo que tiene que tirar a matar desde la primera pregunta?
En mi generación todos queríamos ser Oriana Fallaci, una periodista de guerra italiana de los setenta, de la que Henry Kissinger contaba que, como la había visto tan pequeñita y menudita, le concedió una entrevista y fue el error más grande de su vida. Pero bueno, una cosa es entrevistar a Kissinger o a un secretario de estado estadounidense, es decir, un poderoso, al que hay, no que que lapidar, pero si evitar que se escape.  Y otra cosa es entrevistar a escritores. 

¿Eso quier decir que Sorela estaría entre los entrevistadores-seductores?
Mi lección magistral como profesor titular de Universidad fue sobre la entrevista como seducción, pero esa fue la primera vez que escuché el concepto, que reivindico. Bien es verdad, que hablo de la entrevista de Cultura. Si yo entrevistara a Mariano Rajoy, te aseguro que no querría seducirlo, querría estar bien informado. 

Usted ha pasado por el periodismo cultural. Sin embargo, periodistas de la talla de Enric González no dudan en señalar que la sección de Cultura de los periódicos no es periodismo como tal. Es un tema que tocas a lo largo de libro. ¿Cuál es su opinión al respecto?
Estoy harto de escuchar ese tipo de cosas. Los periodistas, incluso Enric, que es un buen periodista y un buen escritor, cuando no están en Cultura no se enteran de lo que es eso. Es común decir que la cultura no debería estar en los periódicos, cuando lo que no debería estar en los periódicos es lo que hacemos en cultura: premios literarios más o menos turbios y estrenos de películas. Eso es agenda. La cultura no sólo debería ser objeto periodístico, debería ser portada de los periódicos. El futuro de los periódicos pasa por la cultura. Y los periódicos debieran comprenderlo. Los más lúcidos del periodismo de la transición lo comprendieron, y eso fue lo que se hizo en periódicos como El País, El Mundo, o Diario 16, aunque luego eso se fue diluyendo. Y después romper ese concepto terrible de la actualidad, que es una maldición en el periodismo de Cultura. Decía Ángel Fernández Santos -un crítico de cine español- que Cultura es lo que nosotros decimos que es cultura. La portada de Cultura es lo que nosotros decimos que es actualidad. Si yo decido que tal libro que hemos rescatado de la biblioteca está de actualidad, y lo justifico, pues se hace un reportaje sobre ello. ¿Qué es eso de que hay que entrevistar por definición a las últimas novedades editoriales? Eso es una esclavitud, y la industria cultural termina funcionando para eso.

Vargas Llosa habla en La civilización del espectáculo de volver a la Cultura con mayúscula, la de los clásicos, insiste en dejar de lado la consideración de la cocina o la moda como alta cultura. ¿Hay una contradicción entre la demanda de este tipo de informaciones y la necesidad de crear Cultura?
Estamos en un círculo vicioso. ¿Vamos a hacer lo que nos pide el público? Si es así, vamos a terminar haciendo esa infamia que aparece en la televisión como “Sálvame”. La gente lo que quiere es eso. Si dejas que la gente pida. No digo que les impongamos tostones sobre Flaubert, y que nos metamos con el Bulli, lo primero que quizás deberíamos hacer en este país es reflexionar sobre la educación que estamos dando. Yo soy profesor de la Universidad Complutense, y me gustan mucho dar clases, y los chicos son muy listos, pero me abruma la estafa educativa de la que salen. Esa es la reflexión que deberíamos hacer. ¿Qué estamos haciendo en los colegios? 

Volviendo al periodismo, y tal y como usted sugiere en la novela, ¿existen en España muchos periodistas “especialista en tópicos” y quedan pocos capaces de escribir con esa “aura” benjaminiana, esa capacidad de ver más allá?
Esa mirada con aura solo se consigue en la buenas escuelas, en los buenos libros, leyendo mucho cuando tienes 18 años. No se consigue forjando ese súper tópico del chico joven que dice que en las universidades se pierde el tiempo. El oficio periodístico se aprende en cinco minutos. El oficio. Lo que no se adquiere son los libros que hay detrás de los ojos para comprender las cosas. Poner ladillos y la entradilla, esa lo aprenden los tontos en un año. 

¿Está desapareciendo el periódico de grandes cabeceras? Ese que menciona en el libro, en el cual el ministro de turno salía del Consejo de los viernes para comentarle al periodista lo que estaba ocurriendo. Ya no somos el cuarto poder. ¿Vamos hacia el periodista-marca y nos alejamos de las grandes cabeceras?
Ya somos el periodista-marca. Es patético ver como determinados periodistas hablan del Real Madrid o del Barcelona como si fueran su sangre. ¡Hombre no! ¿Cómo los periodistas aplauden a Guardiola? Eso es algo, en mi mundo, inconcebible. Que aplaudan a alguien. Yo soy director de un periódico y mi periodista le aplaude a alguien, así sea Shakira, y lo despido. 

¿Coincide en que se está perdiendo el valor y la experiencia de muchos periodistas de su generación, redactores jefes que deberían estar corrigiendo y transmitiendo conocimientos a los jóvenes, y que en cambio están siendo jubilados y despedidos?
Yo estoy fuera de las redacciones desde hace quince años, aunque tengo contactos con amigos. Me parecería dramático (que se perdiera la experiencia de los periodistas veteranos). De hecho, algunas experiencias periodísticas fracasadas de este país, fallaron porque los patronos creían que se podían hacer con pitufos, con chavalitos recién salidos de las facultades. Si la gente cree que se puede hacer buen periodismo -en papel o sin papel, digital o abstracto-, sin periodista experimentados, les aseguro un pésimo futuro.

Y con precariedad laboral…
Exacto. Por 300 euros. Seguro que eso no funciona. Yo tuve una experiencia muy buena, aunque no me quiero poner como ejemplo, en plena Transición, en una época dura para el periodismo, con un momento de estancamiento económico en los cuatro grandes periódicos, y recuerdo que estábamos en Europa Press 16 personas, pero éramos los mejor pagados de este país junto con los de El País, los sueldos más altos y trabajábamos sin límites. ¿Que horarios tienes? No tenemos horarios. Pero hacíamos muy buen periodismo. Éramos muy buenos, muy bien seleccionados –yo era el colado ahí, me lo decía el director que aseguraba que yo no tenía el colmillo retorcido (risas)-. 

¿Se ha erradicado definitivamente el alcoholismo y demás drogas que recorrían las redacciones? Este es un tema que se puede apreciar en la novela de manera lateral. Ya no queda el aire canalla al que se asociaba la profesión.
Esperemos que sí. Si el aura canalla es meterse rayitas de cocaína, apaga y vámonos. Las rayitas de cocaína y el alcohol no tienen nada que ver con el periodismo, tienen que ver con el pésimo periodista. Me contaban un compañero que en México hay verdaderas dificultades para reunir una redacción sobria, una redacción sin problemas de drogas. Eso supongo que pasará todavía en muchas ciudades y me parece terrible. Es una maldición. Yo reivindico el periodista bohemio, aventurero, el periodista incapaz de someterse al poder, pero no tiene nada que ver con el alcohol y con las drogas, al contrario. Al periodista alcohólico lo seduce el gobernador civil de turno invitándolo a una botella de whisky, y lo calla. 

¿Estamos entonces actualmente ante redacciones más “sobrias”?
Yo he vivido en redacciones muy sobrias, aunque también es verdad que eran redacciones de élite. Tanto la Europa Press de mi época como El País eran redacciones de élite, y te aseguro de que no había lugar para muchas bromas, y el que se desviara “esto” no solo por beber, y no daba la talla, estaba fuera.

Sin embargo si que había una especie de dejar pasar ciertas cosas, es algo que cuenta, por ejemplo, Marcos Ordóñez en su libro Turismo interior.
En El País se prohibió en una época el alcohol, y en el bar solo se servían cervezas. Si algún redactor tenía afición a las drogas, era una cuestión absolutamente particular y privada. Dejemos ya de mitificar ese mundillo. Yo soy medio colombiano y sé perfectamente lo que es el tema de la droga, que es una tragedia, un drama, que puede destruir un país, una generación, todo. Seguir alimentando esa mitología en torno al alcohol y las drogas me parece un error. Por otro lado, está fuera de juego. Hoy los periodistas, no sé si para bien o para mal, van al gimnasio. La famosa generación de los 50 o del medio siglo de “Los abajo firmante” o “Generación alcohólica”, lo que demostró es que un poeta borracho no es un buen poeta, es un poeta borracho y un mal poeta. 

Corrobora, tal y como lo dice en el libro, que en España se sigue comprando los diarios por adicción, apostolado o prejuicios, y nunca por la información de portada.
Totalmente. Y no solo por la portada. Es así, la gente compra los periódicos porque “es mi periódico”, cuando debería ser lo contrario. Deberíamos comprar, por lo menos de vez en cuando, los periódicos de las ideologías que no nos gustan para ver cómo piensan. Sabes cuál ha sido el único grupo en el que he encontrado, alucinantemente, esa actitud… en los cachorros de ETA. El único grupo social español que me dijo: “yo leo a los de enfrente para ver como me manipulan”, fueron los de ETA, en el último reportaje en el que recorrí toda España para entrevistarme a gente joven para analizar un tema referente a la constitución española. 

Un pregunta necesaria dado su paso por los periódicos y la universidad. ¿Qué es el periodismo: un oficio, una metodología… es necesaria una carrera de Periodismo?
El periodista ese de calle que dice: “esto (de la Universidad) es una perdida de tiempo”, “el periodismo se aprende en la calle”… ese tiene sus días contados, y ya no existe prácticamente. Las propias redacciones que antes eran escépticas con los títulos, como el propio El País, no sólo han terminado aceptando a las gentes con título sino que han creado nuevo títulos. Es evidente que el periodismo ya no es cubrir el último accidente de tráfico de cualquier manera, sino que requiere, al contrario, gente cada vez más preparada y más sofisticada. El futuro del periodismo pasa cada vez más por hacer cosas bastante elaboradas, aportando no solo los datos sino algo más. 

Además, estoy perfectamente de acuerdo con la discusión sobre cuál es la necesidad sobre lo que se tiene que estudiar. Probablemente no sean las Facultades que tenemos, de cuatro años, que son una extensión del bachillerato. Yo soy partidario de estudiar lo que te dé la gana, pero algo serio, y luego hacer uno o dos años de especialización. El oficios periodístico es muy fácil de aprender. El oficio, es decir, cómo se hace un periódico, cómo se ajusta una página, eso está chupado. Periodista es quien hace periodismo, quien trabaja en los medios. El periodista es algo metafísico, es una persona que lucha contra el tiempo, por eso se quema tanto, porque es una pelea perdida de antemano. Es alguien que se desloma buscando una entelequia que no existe que es el presente. Que no existe, porque es una convención filosófica, como el infinito, o que no somos capaces de aprehenderlo. Y en esa lucha, terriblemente desgastante, por la sensación de contemporaneidad, el periodista se deja los huesos. Pero lo escriba, aquí o allá, en un radio, una televisión o en Twitter, es irrelevante. Lo que es terriblemente frustrante, y es una lucha mitológica extraordinaria, es su lucha contra el tiempo, por eso es el más hombre de los hombres, por qué en definitiva qué es la vida: la lucha contra el tiempo. Y en primera línea está el periodista. 

Mariano de Cavia siempre reivindicaba que el era periodista-periodista, no un escritor-periodista. ¿Cómo se considera Sorela?, ¿dramaturgo, novelista, periodista?
El periodismo es un tipo de escritura, como quien escribe drama, quien escribe poesía. Es una especialización. Todo pertenece al mismo tronco. El hecho que el periodista tenga que escribir muchas veces acosado por el tiempo, no quiere decir que no deba hacer una buena artesanía, una buena escritura. Y de hecho hay muy buena escritura en los periódicos también. Yo no renuncio a muchas de las piezas que escribí como periodista, y que las tengo como gran orgullo. Sin embargo, yo lo que me considero es escritor. Muchas veces me preguntan, cómo quieres que te presentemos, “¿periodista, escritor, profesor?”. Es todo lo mismo. Un profesor de escritura, ¿qué es lo que hace? Pues yo me considero un escritor con experiencia que le doy a los jóvenes concejos sobre cómo se escribe.

¿Algún consejo para los jóvenes periodistas?
Que se lo tomen en serio. Que no se crean que el periodismo es lo que está fuera (de la Facultad). Deben aprovechar el tiempo en las aulas, es un tiempo irrepetible. Yo les digo a la gente joven que si pueden –y decir esto en estos tiempos es complicado-, no trabajen. Esa idea de que hay que trabajar desde temprano es una superstición protestante, literalmente. Tenemos el tiempo de la juventud para disfrutarla, para escribir, para estudiar, para aprender y para pensar en las nubes, enamorarse y tumbarse a la bartola. Desde luego no para ver Sálvame y fumar mariguana. Para eso es una pérdida de tiempo. 

Si pueden, que no trabajen, y que se tomen el tiempo de la Universidad muy en serio. Lo cual no quiere decir estudiar esta o aquella asignatura, que son una estupidez –cualquier Universidad está llena de asignaturas estupidas-, sino aprovechar las que de verdad les interesan para estudiarlas, y estudiarlas por su cuenta. Y para viajar todo lo que puedan y leer todo lo que puedan. Yo cuando estuve en la Universidad me propuse no trabajar en nada que no me interesase, y a no desperdiciar un solo día de mis vacaciones que no fuese viajando. Y te aseguro que viajé en circunstancias muy complicadas, pasé mucho frío y algo de hambre, pero lo conseguí. Y no me arrepiento de ningún momento.

 Fotografías: Alfaguara
Twitter de Javier M. Uzcátegui: @uzcategui_j 

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