Patas de romano

0
260

No sé si les pasará a ustedes, pero yo tengo tendencia a idear teorías absurdas. Una vez elaboradas, lo que hago es extrapolarlas a la sociedad en la que vivo y así me echo unas risas.
Una de las últimas es sobre los romanos, ese pueblo que conquistó medio mundo hace un montón de años. El caso es que me los imagino hechos un lío, incapaces de tomar una decisión de forma rápida y eficaz. Y cuando lo hacían, optando por la más descabellada que podían encontrar.
Veo unas legiones caminando prestas por la vía Augusta o cualquier otra. Sol de justicia, las patas una para Cuenca y otra para Moscú y gran aire marcial. Llegaban a una bifurcación y ya estaba liada para los restos. Sus cabezas pensantes comenzaban a discutir sobre cosas abstractas ante tamaña situación. Porque para eso les pagaban.

¿Para dónde vamos, para la derecha o para la izquierda? ¿Vamos hacia Galia o hacia Lusitania? Pongan ustedes en situación a unas cuantas legiones, o lo que fuese que tuviesen para agrupar soldados. Seguro que viene en la Wikipedia. Pongamos en mente unos cien mil hombres, sol de justicia y las seis de la tarde en Almería o el Sahara, mientras esperan que sus mandamases discutan sobre el camino más apropiado. Podían pasar horas. Mientras, en un lugar más o menos lejano, un ejército de cartagineses, de galos o de Astérix y Obélix, que tanto da, esperan alineados en una llanura inmensa. También sol de justicia. Sin saber qué coño está pasando, y por qué no llegan estos romanos para darnos de ostias de una vez.

Todo así. No sé cómo duraron tanto tiempo. Resulta que no eran capaces de tomar ni una decisión de manera tajante, sin hacerse la picha un lío. Se liaban más que la pata de un romano, que es como se dice ahora. Bueno, pues mi teoría es que no sólo hemos heredado de ellos el derecho y un tipo de ensalada. También tenemos en propiedad lo de liarnos más que la pata de un romano a la hora de calificar nuestras cosas. No llamamos a las cosas por su nombre por miedo, o porque no es así como se dice ahora, que somos muy modernos. Más listos que la leche, desnatada, por supuesto.

Es un hecho que en el panorama actual que tenemos de sociedad, plagada de eufemismos, canciones ñoñas y alimentos light, no se pueden llamar a las cosas por su nombre a riesgo de que te llamen facha, fascista o directamente gilipollas. Quien lo haga allá él con sus problemas, pero pasará a engrosar las filas de ese enorme saco tan heterogéneo donde están personas e ideas de todo tipo y pelaje. En ese saco entra de todo. Lo que no cuadra con los cánones establecidos de la monería y la asepsia va para adentro. Hay que saberse el manual de instrucciones que viene implícito en la sociedad para no caer en renuncio. Y aquí estamos, nosotros solitos nos lo hemos buscado.

Desde hace tiempo los negros no son negros, sino personas de color. Los niños díscolos de las aulas tienen atención a la diversidad, en lugar de un par de leches que tan bien les vendrían. Estar sin un chavo es falta de liquidez en la empresa, y los curritos en la calle a la que se descuiden. La compañía de telefonía que te roba todos los meses te dice que tienes incidencias, en lugar de ellos un mal servicio. Y los triunfitos hacen canción ligera y baladas, en lugar de gilipolleces y ñoñerías varias. Hay que ver, qué cosas. Ya no puede uno meterse ni con David Bisbal. Si no me creen, inténtenlo.

Ignoro quién ha sido el causante de todo esto. Lo más probable es que un poco todos. Pero el caso es que tenemos tendencia a liarnos más que la pata de un romano. No vemos o no queremos ver las cosas claras. Inventamos nuevos nombres para las cosas, sin saber muy bien por qué motivo.

A los que tienen una posición a mantener en ese ruedo bizarro que se han convertido los medios de comunicación (políticos, culturetas solidarios o creadores de opinión, por poner algunos ejemplos) les viene de perlas la situación. Es su negocio y lo tratan de mantener como pueden. Lo tienen tan bien montado que el disidente es tachado de anormal a tiempo real, en el momento que se salga del redil, por el rebaño ya adiestrado. Es apartado y marcado, para que no pueda contaminar esta sociedad tan limpia y perfecta que nos han montado.

Sin embargo, como hábilmente habrán podido deducir de este último párrafo, hay una contradicción en esta teoría: ahora no son las cabezas pensantes, nuestros intrépidos timoneles, los que se lían, como ocurría con los romanos, sino la masa social. Los que dirigen la nave ya se inmunizaron. Ahora saben muy bien a dónde van. Para lograr sus propósitos contagiaron a los de abajo su indecisión, y les dieron la palabra. Periódicos, redes sociales y derivados, para que estén más liados que la pata de un romano, y ellos a lo suyo. Todos tan contentos con nuestros youtubes, nuestros facebooks y nuestras revistas de tendencias a la estupidez masificada.

Fuente de la imagen:
http://www.culturaclasica.com/files/desfile_legiones_romanas.jpg

Dejar respuesta