París, verano de 1984…

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El drama francés, Los testigos, repasa aquellos días en que la aparición de una nueva enfermedad: el SIDA, conmocionó prácticamente a toda la sociedad mundial; entre ellos a André Téchiné, realizador post-Nouvelle Vague, que con esta película teje una historia basada en cuatro pilares, cuya fuerza reside en esos personajes de carne y hueso, víctimas y verdugos, mucho más que simples testigos. Convence, pero a veces aburre.

Calificación:

El sábado fue un buen día. Tras la resaca de los exámenes y la alegría por haber vuelto a publicar, y con el propósito de enmienda bien firme aún ante el nuevo curso escolar universitario, no sabía a que película de estreno debía asistir para criticar. Tras analizar las diversas opciones y cabalgar entre la comedia española más rocambolesca (Salir pitando), la película latinoamericana del año (Qué tan lejos), al menos según los carteles con los que han minado mi barrio, y el drama de guerra más duro (Voces inocentes), me decidí finalmente por una película francesa: Los Testigos. Lo que me llamó la atención al ver su reseña audiovisual en la caja tonta fue la relación que tenían dos personajes de cinta. Eran pareja y acaban de tener un niño, pero ambos buscaban aparte saciar sus deseos sexuales para poder entablar una relación distendida sobre la que asentar una familia. Sugería así esa dicotomía entre amor y deseo, donde lo que cuenta es la fidelidad emocional y la comunicación sincera y liberal de los polos. Situación nada desdeñable, además ambientada en esos días de incertidumbre que siguieron a la aparición en el mundo occidental de esa enfermedad que creó tantos prejuicios y que ha acabado con la vida de más de 25 millones de personas en los últimos 25 años.

Se abre el telón, empieza la cuanta atrás: 5, 4, 3, 2, 1y 0. La música clásica me hace saltar de mi butaca, a modo de alegro, mientras vemos a Sarah (Enmanuelle Beart) utilizar su máquina de escribir de una manera frenética mientras van pasando los créditos iniciales. Con esto comienza la primera parte de la película en la que se retrata a los personajes y los días felices antes de la tormenta. Sin duda es la mejor parte del film, donde brota esa vena francesa en la que la profundidad de los roles retratados consiguen agarrar al espectador al mostrarle perfectamente la complejidad de las relaciones humanas. Los cuatro personajes principales emanan realismo y sensibilidad.

Una nueva relación sentimental se entabla entre dos de esos personajes, destapando tabúes, dobles morales y cambiando los roles iniciales. En el fondo es un rizo de la primera parte de la película que puede producir en el espectador algún bostezo, ya que éste ya está deseoso de que el verdadero contexto de la película aparezca: el inicio de la enfermedad. Cuando éste por fin sucede, el espectador comienza a despertar, ya que los problemas derivados del contagio hacen que cada personaje comience a enfrentarse a la nueva situación de una manera independiente. Los que tanto se querían se muestran ahora atomizados y egoístas, a excepción de Adrién, médico cincuentón que es el vértice de todos y que además se dedica a investigar la solución a la crisis sanitaria.

Técnicamente la película usa una fotografía muy acorde con las estaciones  y con los fenómenos meteorológicos para subrayar los sentimientos emanados de cada parte de la película. El uso del teleobjetivo está generalizado y las panorámicas rápidas también. La cámara se mueve muy poco, lo que puede echar atrás a muchos espectadores habituados a espectáculos visuales hollywoodienses más frenéticos.

Algunos detalles me parecen algo inverosímiles, como esa eterna camisa de cuadros que usa uno de los protagonistas. Está bien que haya que jugar con el vestuario para caracterizar a un personajes que no tiene mucho dinero, pero esto ya roza lo rocambolesco.

En conclusión, estamos ante una película muy literaria y psicológica; una película muy necesaria (a lo mejor antes lo hubiera sido más) y una película muy profunda y nada novedosa. Pero esa sobriedad formal apoyada por un guión tan sólido se resquebraja en los momentos que el espectador se pone a pensar en lo que va a cenar tras la proyección.

Por cierto, alguien me puede decir en que se parece el cartel francés de esta película, que también alguno hay en español, al de Closer, de Mike Nichols. ¿Casualidad?

Ficha Técnica
Dirección: André Téchiné
Guión: André Téchiné, Laurent Guyot y Viviane Zingg
Productor: Saïd Ben Saïd
Música: Philippe Sarde
Director de fotografía: Julián Hirsch
Montaje: Martine Giordano
Dirección artística: Michèle Abbe
Vestuario: Khadija Zeggaï
Sonido: Jean-Paul Mugel, Francis Wargnier y Cyril Holtz
Ayudante de dirección: Michel Nasri
Script: Claudine Taulère
Jefe de producción: Yvon Crenn
Postproducción: Abraham Goldblat
Una producción de SBS en coproducción con FRACE 2 CINÉMA, con la participación de CANAL + y TPS STAR.
Distribuda por VÉRTIGO FILMS

Ficha artística:
Adrien: Michel Blanc
Sarah: Emmanuelle Beart
Mehdi: Sami Bouajila
Julie: Julie Depardieu
Manu: Johan Libéreau
Sandra: Constance Dollé
Steve: Lorenzo Balducci
Sheriff: Alain Cauchi
Madre de Julie y Manu: Raphaëline Goupilleau
Director de Hotel: Jacques Nolot
Editor: Xavier Beauvois
Madre de Sarah: Maïa Simón

Datos técnicos
Color
Formato de proyección: 1: 2,35
Metraje: 3.157 m
Año de producción: 2007
Nacionalidad: Francia
Fecha de estreno: 21 septiembre de 2007
Duración: 1 h 55 min

Fuentes:
Documentación:
Hoja informativa de CINES RENOIR 1590: Los testigos
La luna de metrópoli (suplemento cultural de EL MUNDO), nº 177.
http://www.vertigofilms.es

Fotografías:
http://www.vertigofilms.es
http://jmph.blog.lemonde.fr

Trailer de Los Testigos
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