Parece increíble

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Parece increíble que el señor Octavio Granado, Secretario de Estado de la Seguridad Social, afirme en estos momentos que uno de los males de esta crisis económica sea culpa de los funcionarios públicos al asegurar que “como no podemos contratar a nadie a tiempo parcial, contratamos a una persona para ocho horas sabiendo que va a estar cuatro tocándose las narices y luego cuatro trabajando, porque realmente el trabajo que necesitamos es de cuatro horas”.
Parece increíble que en tiempos de bonanza económica nadie se acuerde de que los funcionarios tienen los sueldos más bajos respecto a la sociedad en general y respecto a sus colegas europeos, pero cuando los tiempos vienen mal dados la cosa cambia. Ahora no están los tiempos para tales “despilfarros”. Aunque, cabría preguntarse entonces cuántos altos cargos están cobrando auténticos “sueldazos” en la Administración Pública sin hallarse justificación alguna de la existencia de esos puestos, o contabilizar cuántos de nuestros políticos tienen unas retribuciones desmesuradas y en muchos de los casos dietas injustificadas.

Parece increíble que el señor Granado generalice de forma tan premeditada al asegurar que los funcionarios se tocan las narices. ¡Qué gran titular por su parte!, eso demuestra la catadura política que puede llegar a tener un miembro del gobierno como él al realizar estas declaraciones. ¿De verdad ustedes creen que todos los funcionarios se tocan las narices?, ¿lo han comprobado?, ¿pueden ustedes asegurar que las empresas públicas son poco productivas? Y lo que es más grave aún, ¿en realidad creen ustedes que no es posible contratar a tiempo parcial a un funcionario? Que no les engañen con el timo de la estampita. Quizá el trasfondo de estas afirmaciones no se encuentre en la dudosa o no productividad de los funcionarios públicos, quizá se encuentre más en la teoría del Estado pasivo, entregado a la ley económica de la oferta y la demanda, a ideas más neoliberales que a ideas sociales del Estado del Bienestar.

Parece increíble que el máximo deseo ahora de algunos miembros del gobierno tenga como objetivo la reducción del funcionariado existente en nuestro país. ¿Para qué necesitamos médicos, investigadores, administrativos, profesores, jueces,… del ámbito público?, ¿para qué necesitamos el servicio público?, tan improductivo él, si ya tenemos a las empresas privadas para que cubran nuestras necesidades básicas de manera, cómo diríamos…, ¿lucrativa? Y esto lo dice un miembro del gobierno, ese mismo gobierno que se ha endeudado hasta el tuétano donando a los bancos miles de millones para arreglar un desaguisado que el propio sistema capitalista ha propiciado, resultando en una crisis económica galopante. Ya está “papá” Estado para arreglar estas carencias y enriquecimientos de unos pocos en un sistema capitalista que se muestra inoperante e inválido.

Parece increíble que el objetivo interesado de algunos sea la privatización de las empresas públicas, para que se enriquezcan aún más los cuatro amigotes de turno del que se encuentra en el poder, como ocurrió con el caso Telefónica, el caso Repsol y otros muchos más. Es ahí donde en realidad se pierden millones y millones de euros que le son propios al Estado. Parece mentira que eso nunca se mencione.

No se trata de defender con todo lo expuesto la actitud tan pasiva que muestran algunos funcionarios públicos a la hora de atender al público y a sus obligaciones inherentes para con los administrados, es decir, para con el ciudadano de calle. Esa actitud es demencial, y como tal tiene que ser vigilada y castigada por sus superiores. A su vez, debe empezar a desaparecer el mal endémico de las administraciones públicas: la impertérrita burocracia que gestiona el Estado, aquella misma en la que está instalada la acomodada élite de gestión política. Quizá un servicio más cercano al ciudadano que facilite sus tareas administrativas, una buena estructura empresarial que estableciera mayor fluidez y economía del trabajo realizado, y una mayor corporatividad sentida por los empleados públicos pudiera dar lugar a una regeneración de la Administración Pública española.

Con ello, no debemos confundir las deficiencias corregibles que existen en la necesaria labor que realizan muchos de los funcionarios para prestar un servicio público esencial, con una caduca idea por buscar otros culpables a nuestra crisis en los funcionarios públicos porque ahora, en tiempos de vacas flacas, ellos tienen un sueldo digno frente al masivo y creciente paro. Es tan fácil como poner en la palestra de la opinión pública lo “cómodo” e “innecesario” que resulta el trabajo de los funcionarios para que se conviertan en las cabezas de turco en tiempos de crisis. No defendamos con esta frase lapidaria de “se tocan las narices” los funcionarios públicos, con un deseo capitalista de algunos que ven en las empresas públicas un impedimento para enriquecerse aún más.

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Óliver Yuste es licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Su experiencia profesional como periodista se ha desarrollado en diversas publicaciones periódicas como las revistas culturales Experpento o Paisajes Eléctricos Magazine, las revistas universitarias La Huella Digital, Punto de Encuentro Complutense y mÁs UNED, o la colaboración como escritor en la revista literaria chilena Cinosargo, además de mantener sus propios blogs, como la bitácora personal donde se ahogan los gritos de mi mitad. En estas publicaciones en soporte papel y digital se divulgan algunos de sus artículos periodísticos de opinión, críticas y entrevistas musicales, además de artículos literarios como relatos cortos, cuentos y poesías.

También está dedicado a la creación literaria como escritor de novelas y poesía, una faceta en la que cuenta con el libro de cuentos Azoteas, en proceso de edición, y la publicación del cuento “La Libertad de Ser Feliz” en el libro Cuentos Selectos III, publicado en 2002 por la Editorial Jamais. Además de ser galardonado en algunos certámenes literarios: Primer Premio de Poesía Ramiro de Maeztu 1997, Premio Accésit del IV Concurso de Redacción “El Teatro Clásico en Escena 1997” o Finalista en el Concurso de Relatos Cortos “Premios Jamais 1999”.

1 Comentario

  1. Totalmente de acuerdo, yo, de hecho, también les pondría objetivos a los políticos, si no cumplen las perspectivas de los ciudadanos, todas esas primas a las arcas y no a engordar sus bolsillos.

    Que, precisamente, con los vacíos de las cámaras que constantemente efectúan nuestros preocupados grupos políticos, no deberían de quejarse de nadie. Y menos con los huevos tan grandes que tienen de decir que se preocupan por la ciudadanía, sí, mientras toman un chato en el bar de enfrente.

    Quien quiera ser funcionario que haga unas oposiciones, y los funcionarios que no curran, a la calle y punto.

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