Parálisis Social

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Hace tiempo que se viene hablando de bodas entre pesonas del mismo sexo, derecho de éstas parejas a la adopción… etc; y después de leer cientos de testimonios, de cientos de personas distintas, con cargos, ideas y posiciones sociales diversas, he llegado a la conclusión de que aún vivimos en una sociedad atrasada, que llega tarde a la modernización de la que tanto presumimos poseer, anclada en un estructuralismo recalcitante que no la deja moverse, ni salirse de esos moldes diseñados dentro de lo socialmente idóneo.

Este anclamiento se lo debemos ,en buena parte, a la iglesia católica.

Es una de las estructuras más fuertes de nuestra sociedad y lo cierto es que no evoluciona, cuenta con una jerarquía cuyas directrices, sobre todo en temas de moral sexual, resultan ya inaceptables incluso para una amplia mayoría de los católicos prácticantes.

No quiero reducir tal atraso a un problema religioso, pero si quiero reafirmarme en la idea de que la iglesia frena el progreso, paraliza el avance de las sociedades y da lugar a profundas desigualdades entre seres humanos.

He oído en más de una ocasión decir a la Conferencia Episcopal que la homosexualidad es una tara, una desviación y que quienes la sufren son individuos desviados. Efectivamente, éstos individuos se han desviado de la norma, de lo que la sociedad ha impuesto como normal, un hombre y una mujer. No obstante, las sociedades evolucionan y con ellas las normas. En un principio la desviación puede parecer negativa, pero como dijo Durheim, la desviación es funcional, ya que introduce nuevos desafíos e ideas y pone a prueba las fronteras de la permisibilidad, introduciendo cambios que ayudan a la evolución de una sociedad que en ocasiones podría quedarse anclada y atrasada. No olvidemos que la desviación como tal no existe, existe de acuerdo a unas normas previamente establecidas. Si esas normas desaparecen, la desviación también. Y, por suerte, las sociedades evolucionan y con ellas las normas y por tanto lo que se consideran conductas desviadas.

Hace años, una mujer soltera era considerada una persona desviada. Hoy en día, esa anormalidad no existe como tal. Esto explica como lo “correcto” puede dejar de serlo y lo “incorrecto” convertirse en algo aceptado en el curso de la evolución de la sociedad.

Una vez “solucionado” el problema del matrimonio entre homosexuales, todavía queda pendiente la adopción.

El Gobierno, tras equiparar totalmente el matrimonio homosexual al heterosexual, extendía de esta manera todos los derechos que de éste se derivan, como la patria potestad, la filiación y como no, la adopción. Sin embargo, este derecho aún no se ha reconocido en ningún país europeo en el que se ha establecido un régimen equiparable al matrimonio homosexual, incluido España.

Esto provoca, que muchas parejas homosexuales opten por adoptar como familia monoparental.

En caso de legalizarse la adopción en España para matrimonios homosexuales, el problema seguiría existiendo, y es que son muchos los países donde las parejas españolas viajan habitualmente a adoptar niños donde se prohíbe expresamente la adopción homosexual.

Una notable mayoría social ha venido otorgando a la persona de orientación homosexual una dudosa categoría moral y ha considerado un deber proteger a los menores de semejante “desviación”. Alegan que lo primero son los interés del niño y que la convivencia de un niño con un matrimonio homosexual comporta problemas tales como la transmisión de la orientación sexual debido al aprendizaje por imitación de los niños, o problemas de identidad.

En cualquier caso, estas explicaciones no tienen fundamento científico y cualquier persona podría demostrar que esto no es correcto exponiendo que su hijo es homosexual y se ha criado en una familia heterosexual. Son muchas las parejas que pueden responder a las exigencias de la adopción. Lo esencial no radica en las creencias religiosas, en sus preferencias sexuales o en su forma de organización familiar, sino en sus actitudes educativas.

Los menores que tengan como padres a una pareja homosexual serán felices en función del cariño de sus cuidadores, no de su condición sexual. El único problema que por desgracia, aún hoy en el siglo XXI, tendrán que hacer frente estos niños,  es el de ser discrimados por una sociedad en la cual, la mayoría de las personas sigue viendo con recelo y extrañeza a los homosexuales.La solución la tenemos nosotros, mientras tanto, la adopción por parte de homosexuales traerá problemas de integración al niño.

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