Para detenerse

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Haz clic sobre la imagen para ampliarlaEstán a gritos inventando la letra del estribillo que suena en la radio. El nervioso mirando por el retrovisor. La pareja callada. Ella aprovechando para retocar el flequillo, dar un poco más de colorete aquí y allá. Incluso a la más hábil la he visto pintarse las uñas. El nervioso se enciende un cigarrillo. La pareja callada. La soledad de aquel que en la inopia urga su nariz. Cambio de disco, de carril, a punto muerto. La pareja callada. Bostezos encadenados de la que aprovechó para arreglarse flequillo y carrillos. Doy un vistazo rápido a la llamada perdida de antes. De repente, la pareja callada con los críos detrás bien sujetos en las sillitas homolagadas me produce que el estómago haga un simulacro de vuelta y vuelta. Y es que el poco tiempo que transcurre de espera en un semáforo es del todo revelador.

Si se trata de buscar petróleo a uno mismo puede ser simpático. Te quedas observando con una especie de complicidad por si, te descubre, sostenerle una sonrisa a medias que viene a decirle “que no es para tanto”. Mientras, el que se creía en la intimidad de él y el cambio de luz roja a verde se arruga en el asiento y disimula mirando fijamente al semáforo que le dará pista libre para rescatar una dignidad hecha bola. Por fin aleluya se pone verde y todas las historias que en unos segundos me han llenado la espera salen disparadas cada una por su lado.

Me dirijo hacia un centro comercial donde había quedado para ir al cine. Sorpresa. Cuando iba a salir del coche me doy cuenta de que, justo en la fila de delante, encarándome, ha aparcado la pareja callada. Miro la hora. Llego a tiempo. Decido quedarme para ver qué pasa. Primero sale ella. Se mueve pesadamente hacia los asientos traseros. El en cambio se toma su tiempo y parece deleitarse en cada uno de los pasos: quita la llave del contacto, se desabrocha el cinturón de seguridad, se levanta un palmo sobre el asiento y guarda la llave en el bolsillo derecho delantero, observa serio por el espejo cómo ella transporta a la niña de la sillita a un carrito de bebé y cómo el niño pelea con su madre porque no quiere salir del coche. En éste momento alguien golpea con los nudillos la ventana del conductor. El marido de la pareja callada esboza una gran sonrisa y sale del vehículo haciendo aspavientos y acaba fundiéndose en un abrazo con su colega.  Ahora habla sin parar con el recién llegado y parece otra persona.

Semáforo ( del gr. “sêma”, señal, y “-foro”)

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