Palabras

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Leemos y escribimos continuamente. Hacemos un relato con nuestra vida, con nuestro trabajo. Quizá tenemos una palabra preferida (algunos también una canción). Una palabra que nos hace recordar un rostro u lugar o que nos hace soñar. Nos lleva de viaje. Una palabra que alguien nos dijo, una que nosotros solemos pronunciar. Y que al decirla o escribirla nos sentimos bien. Seguros, tranquilos, animados… 

Todos tenemos una palabra especial de entre las miles que conocemos. Puede que sea un nombre (el nuestro, el de otra persona, el de un lugar). Un nombre que nos define o que nos lleva a cerrar los ojos e imaginar. Quizá sea un adjetivo que adorna nuestros pensamientos (rico, lista, alto, guapa…) y que quizá desnuda nuestros deseos o proyectos. Es posible que sea un verbo, ese que nos lleva a la acción. Que es nuestro motor cuando nos levantamos después de nuestros merecidos descansos. 

Con todas hacemos nuestro relato, con las nuestras, con la que traemos y con las que buscamos, con las que nos regalan y las que se cruzan en nuestros caminos. Con ellas nos hacemos. 

Hay palabras que gritan y otras que son silencio. Que nacen de la risa o que se callan en el llanto. Y de todas nos servimos y todas se sirven de nosotros para ser. Con ellas hacemos nuestra historia entre ruidos y silencios. Hacemos nuestro relato. Nos hacemos literatura: a veces biografía que cuenta lo que hicimos y lo que hacemos, a veces ensayo explicando y buscando razones a lo que es o a lo que desearíamos que fuera. Y otras tantas novela, creación, entre huida y deseo. Casi siempre teatro. Eso dicen, puro teatro.

Porque literatura es todo, porque creamos lo que somos. Y porque quizá hoy estamos llamados a decir nuestra palabra, quizá nunca como en este tiempo el silencio se hace cómplice.

¿Y si nos dejamos ver para ser pronunciados? ¿Y si miramos… y más aún, y si vemos para poner en la mesa la palabra? Nos quedan las palabras. Las que hacen el camino, las que nos hacen. Hablarán de nosotros entre celosías. Nos quedan con voz o con acentos. De tinta o llena de viento. Con sudor o producto de los sueños. Aún las puedo pronunciar, susurrar, escribir, decir, gritar… 

Habréis oído que algunas palabras necesitan el otoño, para dejarse caer. Así es. Descansarán en invierno para hacerse primavera en flores y en ramas de los almendros y ser playa, noche y estrella en verano. Descanso, sombra y siempre sueño. Porque eso es literatura: hacerse palabra en medio de tanto sueño, de tantos sueños.

 

Imagen: adaptación del verso de Blas de Otero, de su poema En el principio.

Imagen principal extraída de Mentevacia.com

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