Otro mordisco a la Gran Manzana

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Rafael Nadal ha levantado en Nueva York su segundo US Open después de vencer en una memorable final al número uno mundial, el serbio Novak Djokovic (6-2, 3-6, 6-4 y 6-1). La gran ciudad de la costa este norteamericana se erigió como escenario de la decimotercera conquista de un Grand Slam por parte del tenista balear, quien recupera el gran torneo de Estados Unidos tres años después y añade este major a Roland Garros y otros siete abiertos más en 2013.

Rafa Nadal (27) con el trofeo que le acredita como vencedor del US Open. Foto: Andrew Ong/usopen.org
Rafa Nadal (27) con el trofeo que le acredita como vencedor del US Open. Foto: Andrew Ong/usopen.org

No importa la superficie, no importa la circunstancia. Nadal es el rey, el tirano del tenis. Y su poder, radiante y majestuoso, empequeñece a los rivales. Claudicantes y derrotados terminan por rendirse ante el emperador zurdo. Los contrincantes del español pueden jugar como lo hizo Djokovic sobre la inmensa cancha de Flushing Meadows. Muy probablemente su nivel, su calidad y sus prestaciones, no consigan desnudar a Nadal. El serbio, primera raqueta mundial, vivió en la excelencia durante una hora de la final, pero aquel periodo de esplendor terminó resultando insuficiente.

Arrancó Nadal la final con brío y dispuesto, buscando la ventaja psicológica que da sumar el primer set. Rompió el servicio del balcánico en el tercer juego y abrió la primera fisura en el rival. El manacorense trataba de alargar los puntos, jugando con la zozobra que tantas veces le ha mostrado Djokovic en los peloteos largos. La idea del español entonces era la de cargar sus golpes de efecto y revoluciones. Los lanzamientos liftados del balear llevaban a su enemigo la incomodidad mientras perdía confianza en el golpeo junto a la línea de fondo. Pudieron verse en aquellos instantes algunos de los ‘tics’ habituales del serbio cuando no detenta el dominio del partido: lanzamientos feroces sin dejar madurar el punto y errores en las subidas a la red.

En el séptimo juego llegó otro break del español. Y con la consolidación certificó Nadal la primera manga con una holgura inesperada. No cometía errores el balear: funcionaba como un engranaje perfecto y era un muro sin grietas. Dominaba las velocidades y los efectos. Los errores de Djokovic, aspecto estadístico que le terminó lastrando, venían provocados por el juego de su oponente, quien lo hacía mayoritariamente desde su revés. El set que descorchaba la final repetía un guión muchas veces visto.

El extenso abanico de golpes del español no incluye un servicio poderoso. Nunca ha tenido Nadal un saque espectacular, pero durante el presente torneo sólo había perdido un juego defendiendo turno. La eficiencia exhibida se quebró mediada la segunda manga. Hasta tres veces seguidas se lo arrebató Nole. Paralelamente, el serbio empezó a crecer desde la inspiración. Golpes importantes y hermosos le acercaron al granítico Nadal. En el sexto juego enseñó el de Belgrado lo mejor de su repertorio y el español no resistió la rotura. Coronó aquel juego un punto inmenso de 54 golpes. El balcánico, agresivo y a ratos encolerizado, trataba de cerrar todos los peloteos con un golpe ganador. Lo hacía con su drive, plano y desde la media altura hasta el suelo. Un especialista en resolver sus momentos difíciles con voracidad.

Ya en el inicio del tercer set, Nole volvió a romper el saque del balear y tomó la iniciativa del encuentro. El manacorense buscaba refugio, sufría para resistir el envite al que le estaba sometiendo el número uno del mundo. Enviaba el balcánico pelotas al fondo de la cancha que llegaban muy bajas y dificultaban la devolución. Además, los rallies largos ya caían del lado serbio. Mientras Djokovic jugaba principalmente con su perfil natural, Nadal lo hacía desde el lado del revés. Ahí germinaba la diferencia entre la velocidad del juego de ambos. El español no se descompuso: pudo volver a mandar en el marcador y recobró el aliento perdido. Sirvió en el noveno juego y resistió hasta tres bolas de break consecutivas del rival para mantenerse por delante (5-4).

Aquel fue el instante más eléctrico del partido. También el decisivo, el que terminó por decidir la suerte de la final. Nadal, castigado minutos antes, fue capaz de remontar un juego que tenía perdido y de rubricar el set ganando el servicio del rival. La manga que deshizo el empate había visto una de las mejores versiones posibles de Nole, pero su antagonista zurdo apareció y diluyó los méritos del serbio. El golpe aceleró el desenlace; Djokovic se fue del partido.

Se adelantó pronto el español en la cuarta manga. Destrozó el primer servicio del serbio para consolidar con el propio y poner tierra de por medio. Otra rotura en el sexto alejó definitivamente a Djokovic del título. La victoria de Nadal en Nueva York le ratifica como el mejor sobre el cemento en la gira americana de 2013. Nadal cerró otra campaña incontestable sobre la arcilla y se ha reencontrado con la superficie dura. 13 grandes le contemplan, cifra cercana al pedestal de los 17 de Roger Federer.

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