Otro día en el mundo

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No hace mucho fui a comer a un buffet libre de uno de los tantos que hay en los hipermercados de mi ciudad, Sevilla. El sitio no estaba mal, por un módico precio puedes comer un buen menú sin salirte del presupuesto habitual que tienes para comer. Publicidad aparte, me senté a comer mi plato arroz tres delicias un, tanto soso al que tuve que echarle sal para que aquella comida se me hiciera menos pesada; el sitio me deprimía y la sal parecía el único toque de sabor que podía endulcorar aquella situación. Al igual que el prototipo de esos restaurantes, cortados todos por la misma tijera, poseen varios elementos que nos permiten identificarlos en cualquier sitio: mostrador con cajeras pluriempleadas estresadas atendiendo su pedido, cobrando y llevándole a usted su comida a la mesa, la típica familia pesada con críos que lloran, limipiador que hace las veces de cajero barriéndote los pies mientras comes tu plato arroz tres delicias , el tonto de turno solitario que te mira el escote lleves o no lleves, la abuelita y el abuelito y como no el parque de bolas infantil.

Me tocó sentarme justo enfrente del parque de bolas, ya saben la jaula esa donde nos metían nuestros padres una vez que te habías comido tu plato de no sé qué con kétchup. Justo antes de llegar a dicho recreativo, había un televisor en el que echaban las noticias de las tres ¿Adivinan de qué hablaba? De la crisis, obvio. Yo permanecía ajena a la conversación de mis padres, tanto escuchar hablar del paro tanto por parte de mis padres como por parte de los que comían por allí acentuaba el estado “agrio” de la situación. Decidí de concentrarme en aquel parque de bolas, de pronto toda mi infancia pasó ante mis ojos ¿Cómo puede asentarse un sitio tan mágico en la Tierra? ¿No pensaban eso cuando eran críos? Aquel mini parque parecía el único escape hacia otra dimensión mejor. Parecían dos mundos tan distintos y sin embargo ambos compartían el mismo habitáculo. ¡No saben lo que les espera a los niños cuando salgan de ese espacio! Probablemente ese lugar se inventó para que no molestaras a tus padres mientras ellos se fijaban mejor en las ofertas del supermercado o simplemente porque tu padre te quería y te llevaba para que fueras feliz. ¡Quién tuviera seis años para volver a bañarse entre bolas sin ninguna preocupación! Miraba fijamente aquella jaula de colores mientras mi madre me acercó el plato de arroz ¿Quieres más? Volví a ser mayor.

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