Otra vida es posible. Lo está siendo

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Viernes 9 de febrero 23.00 horas:
a) Estoy arreglándome para salir, pues he quedado en media hora.
b) Estoy ya de cervecitas.
c) Estoy sentada en el sillón de mi salón esperando que empiece un documental.
¿Respuesta correcta? Sí, supongo que está difícil porque sobre todo dos de ellas son respuestas muy probables. Sin embargo, precisamente por eso, la respuesta correcta es la c), si no, no hubiese preguntado. Antes de que emitáis juicios inapropiados he de explicar que al día siguiente, sábado, tenía un examen por la mañana, de ahí que estuviese al calorcito del brasero. No quiero entrar en las razones (inhumanas) de poner un examen un sábado, solo me centraré en la tristeza que supone hurgar en el teletexto y descubrir que, si no me apetece dar el último repaso, ¡no haya nada que ver! Me detengo en La 2, en el programa En Portada, que nunca había visto. Me interesa el tema de hoy: “Africanas: El corazón de la vida”.

Comienza; pronto descubriré que es un recorrido por tres países: Uganda, Kenya y Ruanda. A orillas del lago Victoria, se encuentra una mujer que relata su testimonio: tiene sida, pero asegura que nunca ha sido una prostituta. Fue en este lugar donde se declaró el virus del VIH en los años 80 como una epidemia devastadora. Repentinamente comienzan a darse cita africanas con nombre y apellido: no son anónimas. La primera es Achipa Joyce; tiene también esta enfermedad mortal y, por ello, pretende propagar sus conocimientos porque pronto morirá. El escribir libros con las experiencias está siendo cada vez más común entre estas mujeres que quieren dejar esta “herencia” a sus hijas, unas palabras de ánimo y apoyo que les acompañarán el resto de sus vidas.

Tres chicas leen el dictado que les dejó su madre antes de morir. En él explica la importancia de que sean independientes y que nunca se dejen pisotear por un hombre. “Queremos que nuestras hijas prosperen” afirma otra mujer. La mayoría de las chicas en la juventud solo piensan en el matrimonio porque es la única opción, es el único futuro que les espera. Por ello, las madres son prevenidas si acaso no estuvieran para aconsejarlas ya que los hijos solo las tienen a ellas pues la sociedad no exige a los padres hacerse cargo. Cierto es que Uganda es el país del mundo con mayor número de huérfanos.

En el África Oriental, si un hombre muere joven, su mujer se ha de casar con el hermano del difunto u otro pariente, es lo que se llama “la herencia de la mujer”. Asimismo, la tierra pertenece a los hombres y si éstos fallecen, la heredarían sus hijos o, en su defecto, el hermano, pero jamás pasaría a manos de su viuda.

En otra orilla del lago Victoria, en Kenya, hay un poblado en el cual el 75% de la población es pobre. También existen aquí mujeres que se resisten a ser “heredadas” por un hombre, por lo que viven solas o en grupos. Hay una fundación, HELGA, constituida por africanas que se oponen a contraer matrimonio por segunda vez, aunque asumen que es difícil vivir sin un hombre. Sin embargo, merodea un Consejo de ancianos que son los que deciden el futuro de éstas pues consideran que una mujer que no es heredada no es libre. Otra asociación es OKANGI, encargada de hacer posible que puedan sobrevivir sin la ayuda de los hombres. Muestran la dificultad que encuentran para vivir el día a día puesto que son muchas bocas que alimentar y poco con que hacerlo. En el vídeo se advertía un tenderete de pescados y una mujer que explicaba que esa carne se exportaba a Israel y tan solo les quedaban las raspas.

Reivindican que no puede haber igualdad si hay ignorancia y, por ello, señalan el papel relevante de la escuela. En Kenya las niñas crecen con sentimiento de inferioridad respecto a los niños, ya que tradicionalmente ellos pueden estudiar pero ellas no, debido a que son educadas para cuidar a los miembros de su comunidad.

La última estación es Ruanda, exactamente las Montañas de Virunga. A todos os sonará el genocidio que tuvo lugar en 1994, el último del sºXX. En él las mujeres fueron las principales víctimas de abusos sexuales con acciones tremendamente crueles: eran violadas delante de sus hijos e incluso a éstos se les obligaba a violarlas. Sin embargo, también se daba la otra cara de la moneda ya que muchas mujeres también participaron en el genocidio matando a sus madres, niños, etc. Se crearía una Comisión para la Paz y Reconciliación entre ruandeses, presidida por mujeres. Todos comparten el mismo pensamiento: que no vuelva a pasar.

Cerca de Kigali, la capital, se encuentra Masaka, un lugar donde conviven víctimas y verdugos. El Gobierno anterior decía que había diferencias entre las dos etnias, aspectos tales como la altura, la cara y, por ello, en la identificación había una distinción. Sin embargo, ahora únicamente se es ruandés. Era el Estado quien dirigió la matanza, no fue el pueblo. Al principio se presentó como un genocidio pero posteriormente se asesinaría a cualquiera: estaba comenzando la guerra.

Hoy en día, el 36% de las mujeres son cabeza de familia porque perdieron a sus maridos en los meses que duró esta masacre y es por ello por lo que cambió su papel en la sociedad. Prueba es que el 49% del Parlamento lo constituyen ellas. Ruanda es hoy uno de los países más seguros de África, así como el primero que defiende la planificación familiar como una iniciativa para contribuir al descenso de la pobreza. Tienen un dicho: “Las mujeres son el corazón de la familia y el puente que une a la gente”.

Fotografía:
www.bbc.co.uk

1 Comentario

  1. y en cuanto al artículo que has escrito me parece muy bueno ^^ Estuve en la manifestación del 8 de Marzo en Valencia, aportando mi granito de arena. Aunque o había tanta gente de algunos partidos políticos como en la “famosa” de ayer en Madrid, se ve que este tema no da tantos votos.

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