‘Othelo’, u ¡Oh, tela!, o la versatilidad de los clásicos

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La Villarroel abre temporada con Othelo, montaje que programa de nuevo tras el éxito que tuvo la temporada pasada, cuando pudo verse durante un par de semanas en la sección Off de la sala. Se trata de la irreverente versión argentina del clásico de Shakespeare, adaptada y dirigida por Gabriel Chamé Buendía, quien también ofrece un espectáculo unipersonal en las mismas fechas en el espacio Off. Este montaje fue galardonado con los premios a mejor dirección y adaptación en los Premios Teatros del Mundo 2013.

Para Othelo se basta de cuatro versátiles actores −sobre todo el galardonado en los mismos premios como mejor actor por sus cuatro o cinco o seis… papeles, Martín López−, unos cubos de madera y unas telas para reconvertir el clásico, sin que se pierda ni su esencia ni el hilo de la historia del moro celoso. En un alarde de gracia, de sabiduría escénica, de ingenio y, sin duda, de pasión, Chamé y los intérpretes logran que el público asista a la pieza isabelina sin una pizca de la ocasional pereza que pudiera causar a algunos el teatro clásico, por bueno que sea.  Sobre todo porque mantiene de Shakespeare la mejor parte de la brillantez del texto y le añade una buena dosis de humor, de teatro físico, de vodevil, de clown, e incluso de audiovisuales en directo.

El éxito, no obstante, no reside sólo en el talento que rebosa del escenario, sino también en las lecturas metateatrales y autocríticas de la pieza, los comentarios que los propios actores hacen acerca del montaje en el que están trabajando, jugando siempre con el plano ficticio y el plano real. El público no puede más que sonreír primero con cierta timidez, pero, a medida que la pieza avanza a un ritmo trepidante, se dejan envolver en el desenfreno de la acción escénica y al cabo de poco ríen ya a carcajadas.

Los cuatro actores que interpretan todos los personajes, Matias Bassi, Elvira Gómez, Gabriel Beck y Martín López, desprenden la soltura y la naturalidad que da llevar cuatro años con el espectáculo, que han llevado también por toda Latinoamérica. El manejo de la escena, de los múltiples personajes, del tempo, y, sobre todo, de la energía, es más que notable. Se nota en cada gesto lo mucho que disfrutan, lo mucho que juegan, lo mucho que se entregan desde el primer minuto. Y eso es inevitable que se transmita al público y que se contagie.

Este montaje pone de manifiesto una vez más la gran versatilidad de los clásicos, que no en balde se consideran universales. Buscar y potenciar la comicidad a través de una tragedia shakespeariana parece, en manos de Chamé Buendía, lo más natural del mundo. La estética teatral de la obra se capta en seguida y se acoge con agrado. Sólo hace falta ver cómo el público aplaudía en pie tras la hora y cuarenta minutos de función. Seguirán en cartel hasta el 16 de octubre y vale la pena pasarse por La Villarroel a verles para disfrutar de una divertidísima relectura contemporánea del clásico.

 

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