Orgullo patrio (y poco más)

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El Premio Príncipe de Asturias de los Deportes está decayendo a una velocidad alarmante a medida que pasan los años. No ya por el escaso realce internacional que tienen los premios que otorga la Fundación Príncipe de Asturias, sino, principalmente, por el jurado que decide quién es el deportista (individual o en equipo más destacado, atendiendo, entre otros factores, a su trayectoria).

El hito conseguido por la Selección española de fútbol habría parecido a todo el mundo inalcanzable hace tan sólo seis años, pero no por ello hay que obviar a otros deportistas de la forma en la que se ha hecho en esta edición. Edurne Pasabán, Haile Gebreselassie o David Barrufet son auténticos referentes en el montañismo, el atletismo y el balonmano, y lo han venido demostrando no durante el último año, ni en el último bienio, sino que ha sido una trayectoria complicada, arriesgada y de gran superación humana.

La composición del jurado, repleta de periodistas deportivos y altos cargos del deporte español, se fija últimamente en poder ensalzar alguna figura española por delante de otros muchos deportistas de todo el mundo. Así se ha podido ver en los últimos años que se han concedido premios a Fernando Alonso o Rafael Nadal por delante de auténticos mitos del deporte. Sirva de ejemplo que Rafael Nadal aún no ha superado el número de Grand Slams de Roger Federer, que no ha conseguido ganar este premio.

Posteriormente, el revuelo-indignación que se ha formado en algunos círculos de los medios de comunicación ante la negativa inicial de algunos entrenadores a permitir que sus jugadores acudan a recibir el premio en el teatro Campoamor ha tenido dos vertientes. Por un lado se ha criticado que ni José Mourinho ni Pep Guardiola tuvieran intención de permitir a sus internacionales que acudan; mientras que por el otro lado, en el caso de los futbolistas ingleses que no podrán acudir (Torres, Fábregas y Silva), la posición ha sido la de la comprensión.

El Príncipe de Asturias de los Deportes se está conformando como un premio más de autobombo que de verdadero prestigio internacional. Incluso los Laureus, de reciente implantación, ganan en relevancia a los que se otorgan en Oviedo. Para ello, no vendría mal replantearse algunos aspectos de estos galardones, sobre todo en materia de jurado.


Fuente del texto:
Elaboración propia.

Fuente de la imagen:
www.viajesmundialsudafrica.com

1 Comentario

  1. Estoy de acuerdo contigo en que el Premio Príncipe de Asturias está decayendo, pero creo que este año está bien concedido a la selección española de fútbol. No por el hecho de haber ganado el Mundial, sino por haber unido de tal forma a un país, algo que no recuerdo desde hace muchos muchos muchos años.

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