Orfeo Suárez: “El fútbol es una pasión que puede con todo, incluidos nuestros propios valores”

0
214

Más allá de las trincheras mediáticas, bien lejos de espurios intereses corporativos y en el polo opuesto a los puntopeloteros televisivos, existe una forma de hacer periodismo deportivo que honra los preceptos básicos de la profesión informativa. José Sámano, Santiago Segurola, los autores de la revista Panenka, los responsables de Cuadernos del Basket, el equipo humano que cada mes prepara una nueva entrega de Informe Robinson… Son estupendos ejemplos con los que equiparar la labor realizada por Orfeo Suárez, quien a lo largo de sus 27 años de carrera, primero en La Vanguardia y después en El Mundo, ha sabido aportar un poco de cordura y dignidad a las noticias que en España se publican sobre deporte, en general, y sobre fútbol en particular.

Apasionado del ‘Beautiful game’, Suárez ha tenido la oportunidad de conocer a varios de los personajes más carismáticos del balompié internacional, desde jugadores a presidentes, pasando por utilleros, fisioterapeutas, masajistas y hasta el señor que pide la entrada en la puerta del estadio de turno. Sin embargo, son los entrenadores, esos hombres de ceño fruncido y andares inquietos que se pasean frente a los banquillos, quienes despiertan mayor curiosidad en el periodista nacido en Ginebra.

Guardiola, Mourinho, Del Bosque, Bielsa, Luis Aragonés, Floro, Clemente, Manolo Preciado, Van Gaal o Capello son algunos de los nombres que Suárez ha diseccionado en Palabra de entrenador (Editorial Córner), un libro que, a través de una treintena de perfiles psicológicos, recoge la historia del fútbol español a lo largo de los últimos 25 años.

En la introducción del libro usted señala que “introvertidos o extrovertidos, hilarantes o reflexivos, todos (los entrenadores) tienen en común la pasión como motor de su profesión”. ¿De verdad hay tanto romanticismo en la figura del técnico de fútbol?
No me refería tanto a lo romántico como a lo adictivo. Muchos entrenadores han sido jugadores y han estado en la dinámica del fútbol desde que eran niños, así que este mundo es casi el único que conocen, y cuando se encuentran en el paro sufren un vacío tremendo. Tienen dinero, pero no saben qué hacer con su tiempo, les falta eso que ha dado sentido a sus vidas; es una preocupación existencial.

¿Qué necesidad tiene Javier Clemente de irse al Sporting? ¿Qué necesidad tiene Joaquín Caparrós de fichar por el Neuchatel? Disponen de cuentas corrientes muy boyantes, pero no entienden su vida sin el fútbol. En el caso de los entrenadores de elite, basta echar un vistazo para descubrir que el aspecto económico no es el móvil principal de sus decisiones. Mourinho dijo el otro día que su problema es cuando llega el mes de junio y no tiene entrenamiento, y estoy seguro de que es sincero. El fútbol es tan dinámico y tan diario que, cuando se desconecta, hay gente que tiene problemas para sobrellevarlo. Guardiola, por ejemplo, es una persona que tiene otras motivaciones y puede estar un año o dos inactivo, mientras que para otros es un drama personal.

¿Qué intentaba descubrir o desentrañar con esta treintena de perfiles?
En la selección de los entrenadores hay un componente subjetivo, pero también uno profesional: debían ser personajes con los que hubiera mantenido el suficiente contacto personal, más allá de partidos o ruedas de prensa, como para poder aproximarme a ellos desde un punto de vista psicológico. A eso se suma otro imponderable, la extensión del libro, que explica por qué salen unos y no otros.

En la medida de lo posible, quería un relato que se correspondiera con el tiempo que llevo en la profesión, formando una narración de veinte años del fútbol español a través de sus protagonistas. Y también hay decisiones de autor, lo que explica que aparezca alguien como José Luis Oltra, que por entonces no estaba en una posición de éxito con el Deportivo, pero del que había oído hablar muy bien y me parecía un entrenador con futuro. Luego había historias bonitas o divertidas, como es el caso de José Ramón Sandoval, un hombre que representa el optimismo y con el que charlar resulta edificante. Sin embargo no está John Benjamin Toshack, que me parece un entrenador importantísimo de los últimos 25 años, pero con el que no tuve mucho contacto. Lo importante es que el libro fuera lo más honesto posible: no podía hacer el retrato psicológico de una persona con la que no hubiera hablado lo suficiente.

¿Y qué encuentra de llamativo en la psique del entrenador?
Su capacidad de sufrimiento. Tras conocer a los entrenadores en viajes y noches de hotel, un día decubres a los hombres que hay detrás, y siempre me han seducido estas personalidades capaces de lidiar con una presión psicológica muy fuerte. La figura del entrenador, en nuestro panorama mediático actual, es una de las que mayor presión soporta. También está la cuestión del liderazgo, la capacidad para dirigir un grupo. Admiro las cosas que son capaces de hacer los jugadores, pero desde el punto de vista de la simbología, el entrenador me resulta un personaje mucho más atractivo.

El periodista tiene cada vez menos acceso a los protagonistas de la información y el fútbol no es un ámbito que se haya librado de esta tendencia. ¿Cómo se las ingenia para alcanzar ese grado de intimidad con un entrenador?
Con mucho trabajo de calidad, lo cual depende de las posibilidades del medio. He tenido la fortuna de viajar a muchos sitios, de compartir muchas circunstancias con ellos, pero lo más importante es que, en el momento en que hayas hecho dos o tres aproximaciones, seas capaz de crear espacios de confianza. No importa que seas crítico, pero has de tener argumentos y transmitir la certeza de que respetarás el ‘off the record’. Aunque no lo parezca, el fútbol es un medio muy corporativista, y cuando has conseguido esa relación con un par de entrenadores, es posible que se te abran las puertas de un tercero, un cuarto, un quinto…

Supongo que esto también responde a un bagaje profesional, porque son 25 años los que llevo lidiando con entrenadores. Imagina a un tipo como Clemente, al que he conocido en distintos equipos y situaciones. La gente me dice: “¿Pero cómo te puedes llevar bien con él?”. No es que me lleve bien con Clemente, de hecho siempre hemos discutido, pero ya le conozco y sé cómo es.

Respecto a los tiempos, en el libro describo una temporada en la que seguí al Barcelona de Cruyff, y la verdad es que las cosas eran de otra manera. En aquel entonces se podía hacer un periodismo que hoy, por ejemplo con Mourinho, sería impensable. Luego hay casos como los de Michel, Guardiola o muchos otros a los que ya había conocido cuando eran jugadores. Cuando se retiran y están inactivos, puedes mantener una relación en la que se muestran más permeables, más próximos. Si no eres tendencioso o escribes algo que les haga sospechar, normalmente conservas el grado de acceso.

¿A qué se refiere con “sospechar”?
A que las noticias estén muy influidas por el medio, el presidente de un club, el interés que puedas tener tú a nivel personal… Si el entrenador lo detecta, enseguida empieza a desconfiar, y en eso no son diferentes a los jugadores. Más que la credibilidad, valoran la independencia del periodista. Los profesionales del fútbol tienden a desconfiar mucho de cualquier personaje extraño al juego.

Durante una entrevista radiofónica, Vicente del Bosque le elogió a usted abiertamente porque sus noticias podían resultar críticas, pero siempre aportaban argumentos de peso. Esto, que debería ser lo normal, se ha convertido en un motivo de celebración. ¿Hay mucho indocumentado en el periodismo deportivo?
No creo que sea un problema de falta de documentación, sino de velocidad en la información. Antes la rapidez la ponían las radios, mientras que ahora lo hacen las páginas web. Se ha perdido el tiempo de contrastar las informaciones y el acceso a las fuentes se ha limitado mucho. Los directores de comunicación no pueden contestar a todas las llamadas y, a no ser que pertenezcas a un medio más o menos fuerte, lo más probable es que ni te atiendan. Mientras tanto, el jefe del periodista está metiendo prisa porque la información tiene que publicarse lo antes posible. El resultado al final es una chapuza. Por eso hay tanta contaminación y confusión, y cada vez son más las informaciones tóxicas que salen a la superficie. A veces ni siquiera se hace con mala voluntad, pero eso transmite la imagen de que todo el periodismo está indocumentado.

En uno de los capítulos, cuando recuerda a José María Sirvent, hace una breve reflexión sobre la pérdida de los valores tradicionales del periodismo, así como un lamento sobre el escaso valor que hoy tiene la lentitud a la hora de elaborar una noticia. ¿Se está haciendo peor información que en épocas pasadas? ¿Nos encontramos en un momento de cambio y la información ya nunca volverá a ser como antes?
Creo que un poco de ambas cosas. Hace unos años, el medio te daba un tiempo para permitir que los hechos maceraran. Eso se ha perdido y ahora vamos a la velocidad que marca la tecnología. Sin embargo, la velocidad de la información implica la posibilidad de reposar un determinado acontecimiento, debatirlo, aguantar el momento de lanzar la noticia porque quieres mejorarla, aunque eso suponga que la competencia se te adelante…

José María Sirvent era un periodista educado en otro tiempo y yo soy un periodista al que le ha tocado vivir los dos, pero si tengo que elegir, me quedo con el anterior. Creo que mi libro es un ejemplo de periodismo lento, y eso es lo que siempre traté de hacer con mis noticias para periódicos. En El Mundo ya tuve la suerte de hacer Hablamos de fútbol, una serie de cien entrevistas con jugadores*, y comprendí que había un nicho de mercado para ese tipo de periodismo. Hay que insistir y recuperar el concepto vertical de la información, que consiste en coger un punto y profundizar. Cuando leemos algo que está reposado, hecho con tiempo y bien escrito, todo el mundo se queda leyendo. La calidad siempre tendrá vigencia.

*(Varias de esas entrevistas se recopilaron en Hablamos de fútbol, un libro publicado por Unicef y la You First Foundation y cuyos beneficios se destinaron a la iniciativa Escuelas para África en Malí).

En el libro menciona el “síndrome del seleccionador”. ¿Cuáles son sus síntomas?
En los grandes torneos, ya sean mundiales o eurocopas, se acaban descomponiendo, les puede la presión de un cargo en el que no representan a un club, sino a todo un país. Durante una fase de clasificación se lleva con más tranquilidad, pero cuando llega un campeonato tienen que someterse cada día al escrutinio de prensa, aficionados… He visto estallar a Clemente, a Camacho, a Luis Aragonés, a Trapattoni, a Scolari…, técnicos que habían ganado muchas cosas con sus selecciones, y por eso valoro mucho el temple y la manera en que Vicente del Bosque condujo a España hasta el Mundial, heredando además una selección que venía de ganar la Eurocopa, lo que representa una losa muy pesada.

¿A quién le debe más el fútbol español? ¿A Luis Aragonés o a Vicente del Bosque?
Es la pregunta del millón y cada uno dirá una cosa distinta. A Luis se le debe su apuesta por lo más genuino que hemos tenido siempre: la técnica. Otros ya lo habían intentado, sobre todo Camacho cuando juntó a Guardiola, Valerón, Xavi… Fue el primero que tomó esa dirección, pero aún no tenía unos jugadores tan sobresalientes como los que se encontró Luis, que hizo la apuesta definitiva por un centro del campo más técnico, prescindiendo incluso de los extremos Joaquín y Reyes, que en aquella época estaban al alza, o Morientes, que era un rematador nato. Con independencia de que luego ganara la Eurocopa, esa ya fue una decisión muy significativa.

Posteriormente, Del Bosque mejoró la idea y conquistó el Mundial. España ya había ganado una Eurocopa en 1964 y los Juegos Olímpicos de 1992, y la Eurocopa de Luis la pongo en paralelo a esos logros. El Mundial lo coloco en otra dimensión. Además hay que tener en cuenta la manera en que la selección gana el trofeo, renovando el equipo con muchos jugadores nuevos, como Piqué, Navas, Busquets o Pedrito, y partiendo de una situación tan adversa como fue perder el primer partido ante Suiza.

Antes mencionaba a Clemente y es un caso que siempre me ha resultado extraño, porque después de dejar la selección española, en la que no había hecho un mal trabajo, se ha dedicado a dirigir equipos en situaciones extremas y selecciones de escaso pedigrí, como Betis, Tenerife, Espanyol, Sporting, Camerún o Serbia.
Clemente necesita el fútbol. Además, se separó mayor y su vida personal cambió. Uno se levanta cada mañana y, si no tienes nada que hacer, debe ser complicado afrontar la situación. Su objetivo era entrenar para vivir y eso le llevó a muchos finales tristes, porque dada su personalidad, esa dinámica acaba degenerando en un proceso autodestructivo. No tuvo un buen final con España, pero su selección es recordada como un equipo competitivo. En cambio, tras su paso por tantos clubes con urgencias, lo que quedará para el recuerdo es que descendió a ciertos equipos que, en realidad, ya estaban descendidos antes de su fichaje.

Habría merecido la pena que tuviera un recorrido importante por algún club, pero hay que tener en cuenta que, cuando él llegó a la selección, ya había hecho campeón al Athletic de Bilbao, había llevado al Espanyol hasta la final de la UEFA, había dirigido al Atlético de Madrid… Empezó su carrera con apenas treinta años y su tren para la selección quizás llegó demasiado pronto. Si hubiera tenido algo más con lo que llenar su vida, seguramente no habría caído en esa deriva en la que le hemos visto durante los últimos años.

Aparte de la pasión, se podría destacar otra cualidad de los entrenadores: son hombres muy seguros de sí mismos, con una fe inquebrantable en sus posibilidades, rozando en muchas ocasiones la arrogancia. En ese sentido, Johan Cruyff puede ser uno de los mejores ejemplos.
Sin duda. Ese componente de la personalidad de Cruyff es lo que le convierte en un personaje muy sintomático en el cambio del Barcelona. Todo el mundo habla de su contribución al juego del equipo, algo que yo también subrayo, pero no se ha puesto el acento suficiente en el cambio mental que supuso su llegada al Camp Nou. Estamos hablando de una sociedad catalana timorata, callada, acomplejada por lo que representaba el Madrid como gran equipo europeo, máxime cuando el Barça nunca había ganado la Copa de Europa… Y de repente llega un tío que se cree el mejor del mundo en todo lo que hace, que puede hablar y opinar de cualquier cosa porque tiene conocimientos, un hombre muy dinámico y arrogante que consigue trasladar su personalidad al club. A partir de ese momento, y con sus inevitables caídas, el Barça se transforma en un equipo ganador y gana mucho. De hecho, desde el periodo del ‘Dream Team’ hasta la actualidad, el Barça ha ganado más cosas que el Madrid, y estamos hablando de veinte años.

Usted dice en su libro que el fútbol, al igual que la vida, “necesita estrategia, creatividad, ambición y método”. ¿Diría que a Mourinho le han faltado, al menos, dos de esas cualidades?
Creo que no le ha faltado ninguna, pero digamos que su creatividad está más centrada en el personaje mediático. Se ha creado a sí mismo, pero no en el sentido del Mourinho entrenador, sino del Mourinho estrella del ‘show business’. El puto amo, como dijo Guardiola. En un mundo de tanta exposición, Mourinho ha conseguido tener la iniciativa en ese campo, y eso también es un ejercicio creativo. Otra cosa es cómo lo ha conseguido y la opinión que cada uno tengamos de su actuación. A mí no me gusta cómo hace las cosas, no creo que el deporte sea eso. Habría que preguntase cuánto tiene el fútbol de no-deporte, porque de la misma manera en que para ser campeón necesitas un gran entrenador, también has de tener un gran actor. En este caso, Mourinho ha puesto casi toda la creatividad en ese ámbito, mientras que en el campo pone estrategia y método. Es evidente que Guardiola también es un personaje mediático, pero lo es con menos voluntad, porque él se levanta pensando en el partido, no en lo que va a decir cuando llegue a la rueda de prensa. Hay quien dice que Guardiola ama más al fútbol y Mourinho, a la victoria, y estoy bastante de acuerdo con esa apreciación.

¿Y respecto a la ambición? No me refiero a la ambición personal de Mourinho, que la entiendo como máxima, sino a la ambición que traslada a sus conjuntos. En los dos partidos de Champions frente al Bayern, el Madrid se comportó como un equipo pusilánime…
En esa eliminatoria se hizo evidente que, ante un equipo que quiere jugar, al Madrid no le llega. No digo cómo debe ser el juego, pero el Barça de Guardiola va a quedar como una de las grandes contribuciones a la historia del fútbol, como el Milán de Sacchi, la Hungría de Puskas o La Máquina de River, que hicieron mucho por el desarrollo de este deporte. Por su parte, Mourinho quedará como un ganador, con muchos títulos en los clubes por los que haya pasado, pero nada más. Él trabaja con la obsesión de ganar de la manera más rápida y contundente posible, mientras que otros lo hacen con la creencia de que jugar es el camino que te lleva a la victoria. Esa es la diferencia que se acaba plasmando.

Partiendo de la base de que ambas opciones son legítimas y que tanto Barcelona como Real Madrid son clubes ganadores, la cuestión se plantea en el momento de la derrota. ¿Cómo prefiere perder, como el Barça ante el Chelsea o como el Madrid frente al Bayern?
Pues como el Barça contra el Chelsea, claro, pero pasados un par de días, los aficionados ya no piensan demasiado en eso. De todas formas, esto no es sólo Guardiola y Mourinho. El Barça sigue siendo un equipo con tendencia al juego más elaborado, más preciosista, mientras que el Madrid ha sido siempre un equipo ganador, distinguiéndose por grandes jugadores de raza como Camacho, Santillana, Pirri… Ha tenido épocas como la de la Quinta del Buitre y jugadores como Di Stéfano y Butragueño, pero ha sido un club distinguido por la victoria, y el Barça, sobre todo desde los tiempos de Rexach, se ha caracterizado por el juego. Son idiosincrasias que se mantienen en los clubes por encima de los entrenadores.

Y hablando de Guardiola, ¿qué supone su marcha para el mundo del fútbol?
Un vacío enorme. El Barça ha hecho una apuesta coherente, situando el modelo por encima de las personas, que es lo que siempre ha predicado su entrenador. Ahora vamos a comprobar si eso funciona. De todas formas, su legado tiene muy sólidos cimientos y estoy seguro de que eso va a continuar bien. Pero… ¿qué significa continuar bien si no hay victorias?

A nivel mediático también deja un hueco importante, porque la erótica del pulso con Mourinho no va a ser la misma. Hasta Mou va a sentir que le falta algo, porque un personaje como él funciona mejor con una némesis, con alguien que sea su reverso.

Nada será igual, tampoco para el mundo del fútbol. Aquí estamos demasiado centrados en las rivalidades, pero cuando sales al extranjero y grandes entrenadores internacionales te preguntan por cómo se entrena en España, por cómo juega el Barça, te das cuenta de la magnitud que tiene lo de Guardiola.

¿Le ha sorprendido la elección de Tito Vilanova como nuevo entrenador del Barcelona?
Al principio un poco, pero en cuanto lo pensé dos veces, no me sorprendió en absoluto. En el Barça han llegado a la conclusión de que podrán tener muchos entrenadores distintos, pero éstos deberán ajustarse a un modelo muy concreto. Tras la marcha de Guardiola, la prioridad era conservar la misma estructura de juego, y para eso nadie mejor que una de las personas que la ha creado, Tito Vilanova.

De entre los muchos entrenadores que aparecen en el libro, me queda la sensación de que usted tenía un ‘feeling’ muy especial con Radomir Antic.
Aunque ya habíamos hablado muchas veces, no descubrí bien a Radomir hasta después de que él saliera del Atlético. A veces las cosas suceden por los factores más casuales: somos casi vecinos y nos hemos encontrado bastante. También le he pedido que colabore con El Mundo en algunas ocasiones. Así fue naciendo una cierta sintonía que más tarde me permitió descubrir a un hombre atento, sincero, amigo de sus amigos, que no habla para quedar bien, que critica cuando debe hacerlo…

Supongo que con Joaquín Caparrós debe ocurrir algo parecido, un tío que engancha…
Caparrós habla continuamente, se mueve, es compulsivo, un apasionado y, además, buena gente. Muy trabajador. Es un personaje muy honesto con lo que dice, con lo que hace, con su profesión… Un torbellino de ideas. Me gustaría ver a Joaquín trabajando en un gran club, quizás no en el banquillo, sino organizando la estructura.

En otro orden de cosas, ¿tanto daño le hizo a Floro aquel vídeo en el vestuario del Camp d’Esports de Lleida?
Eso le hizo mucho daño, sin duda, pero lo peor fue el partido de Tenerife. Hablo muy poco de los árbitros, pero hay casos en los que su actuación parece excesiva. A él toco una de esas situaciones, sin olvidar la fuerza irrefrenable del Barça de Cruyff, que llegaba como un tiro. Se imponía un cambio de ciclo en el Madrid y a Floro le tocó ese triste momento. Luego lo hizo Clemente en la selección y eso le deparó muchas críticas, sobre todo desde Madrid, pero el tiempo ha demostrado que se había acabado el turno de la Quinta y había llegado el de los jugadores vascos del Barça, con los añadidos de Ferrer o Sergi.

En todo caso, y tal y como se desprende de la opinión de muchos compañeros de profesión, Benito Floro es un personaje muy reivindicado en el mundo del fútbol. Fue un adelantado a su tiempo, con aquel Albacete tremendo a nivel de organización y de juego.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=ePZzGnaYIPs[/youtube]

Sin embargo, después del Madrid tuvo un recorrido menor por clubes como el Sporting, el Vissel Kobe, el Monterrey, el Villarreal, el Barcelona de Guayaquil o, en la actualidad, el Wydad Casablanca.
Es el mismo caso que el de Clemente. Para Floro era muy difícil repetir la experiencia de entrenar en un club como el Madrid. Estuvo en varios equipos, pero nada le salió bien y él mismo lo admite. Cambian los tiempos y cambian las modas, porque eso también afecta a los entrenadores, lo que se lleva y lo que no.

¿A qué se refiere cuando dice que Marcelo Bielsa es “un ser muy especial”?
Es un personaje distinto, obsesivo, para quien el fútbol no es sólo adictivo, sino algo vocacional. Lo vive con la devoción de un monje, tanto en lo bueno como en lo malo. Es una persona que ha levantado una coraza a su alrededor: su decisión de no dar entrevistas cuando llega a la selección argentina, su elección de ser imparcial en las ruedas de prensa… Está en una autodefensa permanente, como si no quisiera mostrarse tal cual es. Creo que ha tenido una relación complicada con el mundo mediático y desconfía de todo lo que va más allá del vestuario. Eso le lleva a convertirse en un personaje enigmático e impermeable. Jugadores como Martín Posse hablan de él como un hombre que cuenta chistes en la caseta, pero eso sería imposible de imaginar tras asistir a una de sus ruedas de prensa.

Tuve la oportunidad de hablar con él, de seguirle durante su etapa en el Espanyol, y era un hombre dialogante, con mucha voluntad didáctica y muy fiel a una forma de entender el fútbol. Eso es hoy el Athletic de Bilbao, un equipo conjurado cada vez que salta al campo; parece imposible que corran así durante noventa minutos, pero lo consiguen, y cuando un equipo hace eso se debe a que el mensaje resulta muy convincente.

Al margen de los que ya figuran, ¿a qué entrenador le hubiera gustado incluir en su libro?
A Helenio Herrera. Por las biografías que he podido leer, por lo que de él me han dicho exjugadores como Luis Suárez, Rexach o Biosca, me parece un hombre avanzado a su tiempo, provocador, ganador, arrogante, muy mediático aunque los medios de comunicación no eran lo que son ahora… Un personaje fascinante, una mezcla de Cruyff, Mourinho y Guardiola.

También ha habido otros muy relevantes, como Kubala, Carlos Griguol, Hennes Wesiweiler… O Menotti, que al final no entró porque no pudimos cuadrar una entrevista, pero que es un personaje muy interesante.

Y sobre el que siempre pesará la duda, siendo como es un hombre de izquierdas, de por qué aceptó dirigir a la selección argentina en plena dictadura militar…
Eso le persigue y él tampoco ha sabido encontrar una respuesta convincente, ni para quien le pregunta ni para sí mismo. Probablemente se deba a que el fútbol es una pasión que puede con todo, incluidas nuestras propias convicciones y valores.

Imágenes cedidas por Editorial Córner
Vídeo: almirka

Dejar respuesta