Ojos que no ven, corazón que no siente

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En época de crisis no se deja de pensar, ver y hablar a la ciudadanía de la situación en la que nos encontramos, como “estoy en paro, la hipoteca puede conmigo” o simplemente comentarios que aluden a cerrar este mes bien la cartera que el siguiente será más duro. Pero paren a pensar un momento y piensen en otros lugares, en los que la crisis no dura solo 3 años como aquí o 5 (aún no está claro), sino que tienen en los hombros una crisis general de la que necesitan muchos años para lograr salir. Hacer alusión a países subdesarrollados es situarnos en el otro extremo del mundo, no sólo hago referencia a países tercermundistas que por desgracia sufren día a día el no llevarse nada a la boca, sino a otros no reconocidos como países subdesarrollados, pues si no los ves no sientes como transcurre allí la vida diaria.

Ciudades como Salvador de Bahía, una de las más importantes de Brasil junto a Sao Paulo, Brasilia o Río de Janeiro, conocidas por su magnífico e impresionante carnaval de febrero, pero que no siempre sus calles están llenas de colores, sino que bajo el plumaje que envuelve el carnaval se esconden muchas vidas vacías.

Un día se encuentra paseando por uno de sus centros comerciales al más estilo Xanadú madrileño, con sus típicas franquicias para picotear algo como eran McDonalds o Subway, si no se para a pensar juraría que está en cualquier otra ciudad, pero todo cambia cuando sales de estas cuatro paredes. Divisa unos domicilios a pocos metros, a los que el colorido les inunda (amarillo, rojo, verde…), pero a los que su estructura nada más acercarse no le demuestra mucha confianza, aún así pasa por una de sus aceras. La misma imagen ya le recuerda que no anda por cualquier lugar de la ciudad, sino que más allá de ese paso de cemento precisamente no regalarán caramelos, por lo que presiente que una de las constantemente nombradas husmeaba cerca, las denominadas favelas.

El barrio que de lejos parece estar formado de dulces hogares llenos de colores, descubre al poco de acercarse que dulce no es el adjetivo más apropiado. Sin llegar a aproximarse al terreno, sabía que nada bueno podía encontrar, por lo que siguió caminando hasta el hotel que apenas se encontraba a 5 minutos junto a la playa. Intentando olvidar lo visto en unos minutos se dispone a contemplar desde una terraza las olas, que de noche rompen con más fuerza. Aún así una sombra con muletas se acerca a la entrada principal, pero ésta marcha al recibir un simple vaso de leche y una pequeña magdalena. Sin apenas mirar la sombra se planta delante, y con lo que dispone a ser su cena se marcha con una sonrisa y un coqueto saludo. Ahora en casa se pone a pensar y piensa, piensa, piensa y se pellizca para saber si el lugar donde se encuentra es real o solo un sueño. Sí es real, quizás un sueño no sería vivir en un piso de 60 m2, y ya surge el lado superficial de las cosas, pero sonríe porque al menos posee un techo bajo el que dormir y gente a su alrededor que siempre le extenderá la mano.

No solo hay que marchar al otro lado del charco para ver realidades así, pero parece que unos kilómetros más allá resultan más comunes, aunque allí el sonreír es ley de vida. Una ahuevada pelota vale para pasar la tarde y no pensar en la ropa que mañana no me compraré porque lo necesito para comer, o simplemente para pagar un médico, ya que éste no tiene temporada de rebajas. No se pretende entristecer a nadie, ni comparar situaciones de países que son totalmente diferentes, sino hacer reflexionar, dejar un poco apartado este materialismo que nos rodea y tomarnos la vida de otra manera. Miras al otro lado y descubres como hay gente que sin apenas nada en las manos siempre tienen una sonrisa que ofrecerte ¿por qué? Porque son felices. Felices porque se toman la vida con otra filosofía, saben disfrutar del momento y de aquello de lo que disponen, sin pensar en ningún momento en aquello de lo que no disponen. Me reitero de nuevo, no es comparar, ya que cada país tiene inculcada una cultura que quizás nos hace ser de una manera y no de otra, simplemente recapacitar y así apreciar como con menos también se puede ser feliz si te lo propones. En este período que transcurre es difícil dejar los problemas a un lado, constantemente aparecen en televisión o en cualquier otro medio, y sé que quizás alguno no se encuentra en su mejor momento, pero invito a intentar llegar a esa felicidad que parece tan lejana y que en realidad podemos tener al alcance de nuestras manos si verdaderamente reflexionamos sobre ella.

Fuentes del texto:
Ester Muñoz
Fuentes de las imágenes:
Ana Sepúlveda

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