Odiseas de un inquilino

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La búsqueda de pisos de alquiler en la capital española es una odisea. Partimos de la base de que hay pocos pisos, muy caros y con dueños que exigen, en grandes medidas, características a los inquilinos que no se suelen cumplir, no porque no se quiera, sino porque no se puede. Por ello aquí vamos a mostrar las claves de una búsqueda de piso.
La primera toma de decisión es independizarse. A todo el mundo le parece apetecible desligarse del nido materno y adentrarse en la maravillosa vida del “yo hago lo que quiero, es mi casa”. Ser dueño de un hábitat le da poder y engrandece el ego a cualquiera. Todas las decisiones son tuyas, buenas o malas. Cada uno gestiona como puede-quiere su economía, sus muebles y sus manías. Todo eso está muy bien cuando uno tiene facilidades de encontrar un piso a su medida.
Comprar un piso es imposible en los tiempos que corren, así que la idea más usual es alquilar, pero parece ser que cada vez es más complicado. Aunque lo primero que se piensa es que con la crisis los pisos bajan sus precios, es mentira. Se ven prácticamente iguales que hace dos años, lo único que cambia es que hay más oferta y menos demanda; pero la sigue habiendo, entonces ¿por qué no se alquila? El problema lo hayamos en las trabas que ponen los dueños del inmueble a la hora de elegir a qué persona le alquilará el piso.

Lo que se suele pedir es una nómina, que por estos tiempos tampoco es que sean salvavidas (cada vez hay más índices de paro y más problemas para encontrar trabajo), un aval astronómico que casi nunca llegas a conseguir, una fianza que puede llegar a triplicar el precio tan increíblemente bajo que creías haber encontrado; que seas chica, estudiante ( no erasmus), no fumes, no parejas, no extranjeros y así hasta la idea extravagante de que te debes hacer una pruebas médicas.

Del otro lado tenemos las características del piso que te intentan vender bajo la idea de que es maravilloso. Vistas al patio que te las encubre bajo la idea de grandes ventanas y muy buena ventilación; pisos con muchos metros que en realidad se quedan en la mitad, habitaciones que en realidad son despensas, casas luminosas pero por la de lámparas que debes encender. Cuando no, un piso que es mentira, que es de agencia, o no equivale a las fotos que ponen en Internet. Y por su puesto todo ello vendiéndotelo con la astucia de bien comunicado, claro, sobre todo cuando debes compaginar tres medios de transporte cuando intentas llegar al trabajo o la universidad.

Si tus padres te lo pagan es algo más seguro, pero tiemblan cuando dices que eres estudiante independiente y que te lo pagas tu sola. No te dan oportunidades, y cuando te las dan, los pisos antiguos, que necesitan una remodelación que nunca llegará, que deberían estar prohibidos alquilarlos. Sucios, estropeados, que gastas más dinero en remodelarlo que en comprarte aquél que tanto querías pero que tu nómina no podía pagar. Caseros que se creen por tanto que te hacen un favor y que debes estar en deuda con ellos, que te engañan bajo la idea de que “como tú eres estudiante me vas a destrozar la casa”

Por ello hay que tener tiempo y ganas de ver estas “casas de los horrores”, debes primero limitarte a lo que tú pides, a lo que tu puedes acceder y a lo que el casero, que aunque no queramos siempre tiene la última palabra quiere ofrecernos. Hay que buscar bien porque al final encuentras, pero no hay que desistirse. Puede que la primera casa no sea la mejor, pero con el tiempo uno se va haciendo experto. Tampoco, hay que ir con la idea de que por poco dinero encontrarás una mansión porque esas casas siempre están pilladas.

Eso sí, mientras las ayudas de la Comunidad, Gobierno, etc. brillen por su ausencia, la única cuerda a la que podremos agarrarnos serán unos padres comprensibles a los que tendremos que seguir diciendo que no estamos en casa porque queramos. Hay que tener claro que si las dos partes, tanto casero, como inquilino, se necesitan mutuamente; si los dos dan de su parte cada uno tendrá lo que busca.

Fuente de la imagen:
www.google.es

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