Odiadme, pero España no merece un Mundial

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Sé que este artículo supondrá mi autolapidación, viendo la amplia cantidad de amantes del fútbol que escriben por estos lugares. No obstante, y aunque yo también me considere un amante de dicho deporte, tengo que decirlo: nuestro país no se merece ser la sede del Mundial del año 2018.

La selección española de fútbol ganó la Eurocopa, además del último Mundial celebrado en Sudáfrica. La imagen del fútbol español subió como la espuma entre la sociedad. La Liga –me niego a mencionar su apellido bancario- es para Europa una de las competiciones más atractivas de la temporada ya que en ella participan clubes históricos, verdaderas entidades del fútbol mundial. Es verdad, eso es indiscutible. No se puede negar.

Sin embargo, para las autoridades españolas relativas a este deporte, el fútbol español acaba ahí. Los 20 equipos –y a veces ni siquiera todos- que juegan en Primera son los únicos que pueden contar con ciertos apoyos económicos y mediáticos. De hecho, son numerosas las críticas que se hacen desde los clubes de menor poder económico en contra de la hegemonía dictatorial que ejercen los dos de siempre. Vamos, que ni siquiera en Primera se podría hablar de un fomento del fútbol competitivo y equitativo. Para el resto de categorías las ayudas económicas y mediáticas son un sueño convertido en pesadilla. Directamente, no existen. Bueno, miento. Algunos partidos de Segunda se pueden ver. Eso sí, en televisiones de pago. Y se puede ver fútbol sala en la televisión pública, en un horario de lo más sugerente. ¡Qué privilegio!

No son pocos los clubes de categorías inferiores que ven imposible el pago a sus propios trabajadores. Las huelgas y protestas de jugadores, entrenadores, equipo técnico y resto de trabajadores de esos equipos están a la orden del día, pues viven una situación de tremenda desesperación. Como mucho, tendrán un par de segundos en la rueda de noticias que dan Los Manolos que, obviamente, comentarán la triste situación de esos clubes y reclamarán de manera pública que se solucione el asunto. Al mismo tiempo, son ellos mismos los que promueven ese apoyo mediático únicamente a los pocos clubes que son rentables, cuando colapsan el mercado de noticias con informaciones sobre Messi, Cristiano, Mou y Guardiola. Mientras tanto, en aquellos equipos los recortes se suceden, las condiciones de trabajo empeoran, las instalaciones cada vez son más lamentables –sólo hace falta darse una vuelta por los campos de fútbol de categorías regionales para constatar este hecho-. Esas personas tienen que hacer milagros para vivir de esto, cuando en teoría son profesionales y ese es el único trabajo que desempeñan. La realidad es que acaban teniendo empleos paralelos en los que la paga –no siempre- sí llega cada mes.

Por no hablar de las competiciones municipales gestionadas por los ayuntamientos. Lo anterior se refería al fútbol profesional en sus diferentes categorías, pero cuando se baja un peldaño más y uno se adentra en las circunstancias en las que tienen que jugar adolescentes, jóvenes y veteranos en las ligas de sus propios pueblos, asusta ver el poco interés que hay por parte de las autoridades a la hora de fomentar este tipo de actividades. Cada temporada, los equipos tienen que ver como suben las tasas y baja la calidad de las instalaciones, que a veces están en la misma ruina.

En fin, lo último que hay en este país es un apoyo contundente al deporte popular. Los medios de comunicación dirán que sí lo hay. Lissavetzky estará orgulloso de su labor. Villar aplaudirá su propia gestión y todos frente al público mostrarán una cara sonriente en beneficio de todo el fútbol. Pero lo cierto es que a pie de campo las promesas no se cumplen, las ayudas no existen y las palabras no sirven de nada.

También es verdad que al oír la elección de Rusia me vino a la mente de manera instantánea aquellas personalidades encargadas de la decisión y los millones que habrán tenido que cobrar de las empresas rusas que van a construir los estadios para la celebración del Mundial. Ese lobby empresarial –en el que está incluida la mafia, claro- habrá hecho la presión suficiente y habrá aportado cantidades atractivas a sabiendas de las posibilidades económicas que supondrían esos proyectos de construcción en el país.

Es posible que en el resto de países aspirantes a ser elegidos ocurra lo mismo que aquí. No lo sé. Pero sí sé qué pasa en España, porque tengo que sufrirlo, y por eso creo que este país no merece ser elegido como organizador de un Mundial. De haberlo sido, se mantendría viva la hipocresía en la que vivimos creyendo que el fútbol español vive uno de sus mejores momentos. Lo triste es que aun habiendo perdido, esa creencia seguirá. Nada cambiará.

Fuente de las imágenes:
http://www.adslzone.tv/wp-content/uploads/2009/11/futbol-tv.jpg
http://termometroturistico.es/files/2009/01/mundial-2018.jpg
http://www.laguiatv.com/archivos/noticias/file-149526-1-1-300xXx80.jpg

3 Comentarios

  1. Creo que es algo común en el mundo. Por otra parte es una pescadilla que se muerde la cola; Si no tuviésemos una liga fuerte las ligas inferiores ni siquiera existirían. Echa un ojo a otros deportes y verás que es cierto.
    Sí, nos mereciamos un mundial pero no tenemos petroleo.

  2. Tienes razón pero es algo que se repite y de lo que no deberíais quejaros los amantes del deporte de oro. Siempre existe ese espíritu amateur en las bases pero el hecho de que reluzca y de que se le haga caso constante, mantiene el interés o, como poco, la curiosidad.

    Fíjate, si no, en deportes como el rugby. ¿Acaso se acuerda alguien de que existe?

    Ya está bien de llorar por las esquinas cuando se tiene de todo…

  3. Mi critica hacia el fútbol se extiende por supuesto al resto del deporte. Por eso tampoco me jodió que España se quedase sin Olimpiadas. Me alegré de hecho, porque siento exactamente lo mismo que lo que he escrito en este texto, solo que en relación al resto del deporte.

    No me quejo cuando tengo todo, precisamente creo que todo se orienta a 20 equipos y el resto (de categorias futbolistas y de deportes en general) no tiene absolutamente nada.

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