Ocho Apellidos Vascos: ¡Ojú qué gracia, hostias!

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Ocho_apellidos_vascos-758602439-largeTodos las hemos visto, aunque sea anunciadas. Esas comedias que centran su humor en las diferencias socioculturales entre la gente del norte y la del sur de algún país europeo. La saga de películas de la cuña de Bienvenidos al Norte tiene un puñado de nombres en su haber, pero hasta ahora teníamos que dar por sentado que lo que decían era gracioso. Con Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro) se juega en casa. Y no hay nada como el hogar.

Rafa (Dani Rovira), más andaluz que La Sevillana, y Amaia (Clara Lago), más vasca que la palabra “hostia”, se enrollan en una noche de borrachera sin más trascendencia que la de un polvo que no acaba siendo. Amaia vuelve a su Euskadi natal y Rafa, enamorado, decide perseguirla para declarar que están hechos el uno para el otro, aunque como dicen sus amigos, nunca ha ido más allá de Despeñaperros.

Bastan los primeros cinco minutos para saber a qué nos enfrentamos: una comedia donde el chiste es el núcleo, y ese chiste es reírse de los estereotipos jugando con ellos. Los guionistas muestran una gran habilidad a la hora de crear enredos de los que la única salida posible parece ser la catástrofe, y luego guiar a sus personajes por el camino más gracioso. La trama pasa por todos los clichés de la comedia romántica más habitual, rayano en la vulgaridad de una película de tarde en Disney Channel; pero la buena mano de sus creadores hace que se mantengan con interés y queramos saber qué ocurre a continuación, aunque sea para reírnos un poco más.

Y qué risas. Éste es un humor más español que el jamón serrano, que se ríe de lo que todos conocemos y de las imágenes que nos hemos ido formando de los demás. Es mirarte a un espejo y reírte de tus lorzas sin mala intención: nunca se llega a la provocación o al intento de discurso político. Lo único que hay que conseguir es una sonrisa, y con Ocho apellidos vascos se esboza de oreja a oreja sin que nunca se canse.

Dirán los escépticos que el cine español es malo, y a juzgar por los anuncios que ejercen de carta de presentación de esta cinta, no sería de extrañar que más de uno pensara que se va a encontrar con un subproducto destinado meramente a hacer que comamos palomitas insípidas en una sala oscura. Ésta es comedia desenfadada de carcajada a mandíbula batiente, y un humor muy nuestro y que habla de lo nuestro.

Qué sano es reírse, maldita sea.

Imágenes: Universal Pictures Spain

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