Ocean Colour Scene, vuelta a los 90

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Steve Cradok, Simon Fowler, Oscar Harrison y Damon Minchella visitaron Madrid el pasado lunes para ofrecernos una actuación más que correcta en la que prácticamente llenaron la sala La Riviera. Acompañados de Stay, los británicos supieron contentar a sus fans con un directo que fue mejorando a lo largo de la noche.

Ocean Colour SceneEl concierto que vivimos el pasado lunes no era una actuación más para muchos, pues Ocean Colour Scene representan algo muy importante para toda una generación. Esto se vio reflejado en el público, que desde el primer momento aguardaba la salida de la mítica banda británica. Y el aperitivo vino con Stay, una banda que estuvo más que a la altura de las circunstancias, ofreciéndonos una live que incluso resultó corto. Con su elegancia y psicodelia, el grupo nos regaló media hora de concierto en el que aprovecharon para presentar The Fouth Dimension, su último disco. Sin duda, una elección perfecta para telonear a OCS, dada su similitud en estilo y la calidad musical del grupo.

Pero todos veníamos a ver a Ocean Colour Scene, esa banda que perteneció a la sonada oleada Brit-Pop de los 90, y en cierto modo, nunca llegó a irse. Los tiempos cambian, ellos están mayores, pero eso no quitó que La Riviera se empapara, por una hora y veinticinco minutos, de una atmósfera British bastante disfrutable. Muchos nostálgicos, sin más pretensión que recordar esa etapa y cantar los hits más conocidos de la banda.

Así, Simon Fowler y los suyos comenzaban su recital con “Painting”, el single de su último trabajo que lleva el mismo nombre. La emotiva “The Circle” fue la siguiente en sonar en la Riviera, que para entonces ya estaba parcialmente llena. Tras la interpretación de este clásico, que fue muy celebrado por el público, Ocean Colour Scene siguieron con canciones como “Second Hand Car”, “Weekend”, “Give me a letter” o “Jane She Got Excavated”. Un espacio en el que se echó en falta una mejor elección en el setlist, pues los hits de su mejor época quedarían reservados para el final del concierto.

Mientras Fowler interactuaba con su público (sin excesivo entusiasmo, todo sea dicho), Steve Cradock ofrecía una clase magistral de guitarra, dejando claro que es una pieza esencial de la banda. Todo ello enmarcado en un escenario sin grandes ostentaciones, con un sonido simplemente correcto y una iluminación mejorable.

Con los acordes de “The Riverboat Song” hubo un cambio en los ánimos de los asistentes, pues el público enloqueció coreando la letra de la que probablemente es una de sus canciones más intensas. Tras ella llegó “Profit in Peace”, otra de las grandes ovacionadas de la noche. Y así, entre temas clásicos y otros del nuevo álbum, los veteranos de Birmingham fueron hilando una actuación que fue in crescendo a lo largo de la noche.

One Forth The Road” o “Hundred Mile High City” fueron algunos de los acertados temas que precedieron a los bises. Fowler, acompañado de su guitarra, se encargó de salir a escena después, para interpretar en solitario la preciosa balada “Robin Hood”. Y como cierre, dos canciones imprescindibles del álbum Moseley Shoals (1996): “It’s My Shadow” y “The Day We Caugh The Train” que como no podía ser de otro modo fue el tema que dio por finalizada la velada.

En definitiva, una banda de lujo y la característica voz de Fowler nos acompañaron en ese revival noventero que nos ofreció justamente lo que íbamos a ver: el espíritu de una banda que, a pesar de no seguir las tendencias actuales, se mantiene como una de las referencias fundamentales de este género.

Fotografía: Ana María Martínez

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