Nunca me abandones, de novela al celuloide

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Novela británica escrita por el reconocido escritor Kazuo Ishiguro y publicada en el año 2005. Consiguió múltiples nominaciones y reconocimientos e, incluso, algunos críticos la han descrito como una de las mejores novelas de nuestro tiempo. Fue llevada a la gran pantalla en el año 2010, por Mark Romanek, y con un elenco protagonista inmejorable: Carey Mulligan, Andrew Garfield y Keira Knightley.

portadaLa novela es la historia de Kathy, una mujer entrada en la treintena, que nos narra los grandes hechos de su infancia y adolescencia, los cuales le marcaron profundamente, y que ahora sólo puede evocar con nostalgia y tristeza, con una mirada nueva basada en el conocimiento y la experiencia. Desde el comienzo sabemos que no es una persona normal como nosotros, existe un misterio en torno a su persona, somos conscientes de que le precede un pasado, vive un presente y frente a ella se proyecta un futuro sombrío y oscuro.

El relato comienza en un internado en Hailsham, al término de la Segunda Guerra Mundial. Los alumnos que allí se encuentran son educados bajo una óptica cultural y artística y, en apariencia, viven como cualquier otro niño de su edad, pero la realidad es bien diferente. No saben quiénes son sus padres o, mejor dicho, no tienen padres, de la misma manera que están incapacitados para tener hijos. Aparte, existen determinadas normas que deben acatar y, sobre todo, temas que deben evitar. Todos los alumnos saben que son “especiales”, diferentes de las personas del exterior, pero se les informa indirectamente de ello, de manera que acaban adoptando una postura categórica para así eludir el asunto y tratar de no enfrentarse a ello hasta que llegue un momento determinado.

Todos los alumnos de Hailsham tienen pertenencias muy estimadas que van consiguiendo en los “intercambios” que realizan entre ellos, o en los “saldos”, una especie de mercadillo con objetos del exterior, que llegan a ser de los acontecimientos más esperados por los estudiantes. Así, Kathy consigue su tesoro más preciado, una cinta de Judy Bridgewater, donde se encuentra su canción preferida, Never let me go. Sin estar segura a ciencia cierta del motivo, su letra le recordará siempre a la maternidad, a una maternidad que sabe que nunca podrá alcanzar. Tommy y Ruth son los amigos inseparables de la infancia de Kathy, y la relación de ambos tres será el eje central del libro. Ellos configurarán un triangulo amoroso bastante particular, una triste historia de amor y amistad.

Lejos de ser una novela distópica o de ciencia ficción, Nunca me abandones realmente desea ahondar en la humanidad de los protagonistas, mostrarnos sus miedos, dudas o temores y, sobre todo, otros sentimientos más fuertes que se van manifestando, como la envidia, el dolor, la traición o, el más poderoso de todos: el amor. Es una novela fascinante, atrayente pero que hace daño, con la que realmente sufres. Las grandes preguntas que nos van surgiendo durante la lectura se nos van resolviendo de la mano de sus tres protagonistas, gracias a los que iremos entretejiendo la horrible verdad que se cierne a su alrededor. Las sensaciones que te quedan al acabarla son atroces: nos hemos enfrentado a un mundo cruel, inhumano  y dramático, pero que no dista tanto de la realidad. Un lugar donde la ciencia y el desarrollo han desbancado sin piedad a la moral o la compasión. A medida que avanzan las páginas vemos cómo los protagonistas aceptan irremediablemente su destino sin tan siquiera luchar, esa sensación de resignación e impotencia nos consume, a la vez el drama se va acrecentando, hasta que finalmente la novela culmina con un desenlace enormemente poético y bello, pero dolorosamente trágico. Muestra de ello es este fragmento:  Pensé en todos aquellos desperdicios, en los plásticos que se agitaban entre las ramas, en la interminable ristra de materias extrañas enganchadas entre los alambres de la valla, y entrecerré los ojos e imaginé que era el punto donde todas las cosas que había ido perdiendo desde la infancia habían arribado con el viento […] La fantasía no pasó de ahí —no permití que fuera más lejos—, y aunque las lágrimas me caían por las mejillas, no estaba sollozando abiertamente ni había perdido el dominio de mí misma. Aguardé un poco, volví al coche y me alejé en él hacia dondequiera que me estuviera dirigiendo.”

Imagen: un fotograma de la adaptación cinematográfica.

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