Nuevo deporte nacional: atizar a Mourinho

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José Mourinho es un tipo que se ha hecho a sí mismo, empezando desde cero; que de cobrar un puñado de pesetas, como tan caballerosamente recordaran desde Barcelona hace poco, ha pasado a recibir millones de euros; y es un hombre que ha triunfado dentro y fuera de su país. Todas ellas virtudes en cualquier otro, pero que en él parecen pesar como una losa. En la última rueda de prensa se definió a la perfección: “Vivimos en un mundo hipócrita, en el que la gente sabe qué es verdad y qué es mentira. Prefiero ser el saco de boxeo de todos los cobardes que se junten. Así nací, así crecí y así moriré, sin miedo de mirar a nadie a la cara y de decir verdades”. Su pecado es decir lo que muchos piensan pero no tienen el valor de decirlo.

Desde que aterrizara en España este verano se comenzó contra él una campaña de acoso y derribo, desde gran parte de estamentos que conforman el mundo del fútbol, que, en los últimos tiempos, ha acabado por tornarse insoportable. Muchos le acusan de provocador, de altanero, o, de prepotente; cada uno es libre de opinar, pero nunca de insultar. Como aficionada al fútbol lo primero que me gustaría comentar es la profunda vergüenza y el absoluto rechazo que siento cada vez que en un terreno de juego le cantan: “ese portugués…” que retrata a todo el que la entona, y, desde que se la dedicaran a Figo, que soportó la noche más triste, agresiva y penosa que yo he visto en un terreno de juego, y que nunca se condenó ni castigó, no ha recibido sanción alguna; de haber sucedido en Madrid estaríamos hablando casi de una guerra civil. Todo el que acude a un campo a insultar a alguien no debería tener derecho a volver jamás. ¿Qué diríamos si a Torres, Reina o Raúl les cantaran “ese español…” o dedicaran un dibujo de una tumba con la leyenda “muérete”? Pondríamos el grito en el cielo e iniciaríamos una crisis internacional cuanto menos.

Se dice que Mou no congenia con los valores madridistas tradicionales y eso puede ser cierto; pero es pecar de cinismo recurrir al “señorío blanco” cuando desde hace mucho tiempo los que dirigen el club han acabado con todo lo que olía a lo que Santiago Bernabéu definía como “los valores del madridismo”. Las salidas y la manera en que se produjeron de “hombres enseña” como Del Bosque, Hierro, Raúl o Guti valgan como ejemplo. Mou no conoce aún lo que representa el Madrid (el lío de los premios Príncipe de Asturias o el asegurar que el Madrid no está acostumbrado a jugar sábado-miércoles) pero conoce la excelencia, y su trabajo, con resultados futbolísticos o no, sí que responde a la exigencia propia del club; la historia, si se la explican, la puede aprender.

En cuanto a su relación con la prensa, está marcada por los intereses de ambos. Mou es perro viejo y sabe cómo funciona esto y la prensa le atiza y le alaba según a qué medio atienda esa semana. Lo que se le reprocha en programas de radio o lo que se le critica en algunas columnas, cuando le tienen delante, su discurso se difumina y se roza el peloteo. En las ruedas de prensa como la previa al partido contra Pellegrini, astutamente calentada desde hace días con comparaciones entre ambos técnicos, se ha ido a por él de una forma descarada y se ha metido hasta el cuello…

Guardiola puede decir que al Barcelona no se le tiene en cuenta porque “son un pequeño país de ahí arriba” y no pasa nada, pero si Mou dice que el Sporting regala el partido de primera vuelta contra el Barcelona (salió con todos los reservas) incluso se le persigue para sancionarle; si él habla del calendario da la vuelta al mundo y si lo hace Emery no tiene trascendencia, si insultan a Cristiano (cuando Pandiani dice que Mou le defiende porque es su papá nadie repara en que por desgracia CR7 perdió a su padre; si las declaraciones fueran al revés…) y él le defiende, se cuestiona que lo haga y no al que hace semejantes declaraciones, y así una interminable lista de sucesos.

Está claro que, seguramente, no utilice el tono adecuado para denunciar un trato injusto y desmedido contra él y contra el equipo pero es irrefutable que en lo que dice tiene más razón que un santo.

Se pueden discutir sus alineaciones, que no cuente con ciertos jugadores o con la cantera, que cierre los entrenamientos a la prensa y a la afición, que no permita las ruedas de prensa, que no comparta los criterios futbolísticos con Valdano…pero eso entra dentro del poder que el club le permite ejercer por lo que sólo el club podría reprocharle algo, y no es así.

Puede ser que su tono o sus formas no sean del todo adecuados pero el trato que está recibiendo es insoportable para él y para un Real Madrid que asiste, entre la perplejidad y la condescendencia, a todo este espectáculo. Tan dañino es que se le entregue a alguien todo el poder como que no se le recomiende contar hasta tres, aunque tenga toda la razón.

No ha estado bien enfrentarse con un periodista y llamarle hipócrita, pero es justo reconocer que ha rectificado inmediatamente pidiéndole perdón hasta en tres ocasiones. “No pretendía insultarte y pido perdón. Sólo te pregunto si hay un equipo que juega martes y domingo y otro que lo hace miércoles y sábado. Si es mentira, esto está acabado. Si es verdad, di que es una realidad. Hay que hacer análisis serios. No son quejas, son verdades”. Al instante han aparecido los apoyos para el periodista damnificado (que también ha llamado hipócrita a Mou y no se ha disculpado con él en público) con el clásico “todos somos…”; este corporativismo se echa de menos cuando hay codazos por dar una exclusiva o cuando se emplean técnicas poco respetuosas con el trabajo de otros compañeros. Como dice Mou es muy fácil unirse todos contra la misma persona.

Puede no ser un tipo simpático (tampoco nadie se esfuerza en enseñar sus virtudes o su lado más personal y él prefiere guardarse su intimidad y está en su derecho) o no ejercer el aura casi mística que insufla Guardiola entre los periodistas catalanes (Pep es tan inteligente que se ríe reconociendo que le tratan bien porque las cosas van muy bien, sabe, porque lo ha vivido, que cuando se acabe esta racha todo cambiará) pero no es, para nada, el tipo que tanto se empeñan en reflejar. Si tanta gente habla bien de Mourinho y son los que trabajan día a día con él, por algo será. Maleducado, creído, payaso, antipático, chulo…demasiados insultos para luego exigirle a nadie templanza y buena cara.

Cometerá errores, se equivocará en muchas declaraciones, unas veces acertará y otras no, pero si a todos les miraran con lupa, seguro que no sería, ni de lejos, el peor parado. “Si el Madrid me echa, no iré al Málaga, sino a un grande de Italia o Inglaterra” puede sonar a socarronería, seguramente es así, pero si están una semana diciendo que tu trabajo es igual que el del hoy entrenador malagueño cuando no es así, te tienes que defender. Curiosamente fue la prensa la que echó a Pellegrini y hoy lo convierte en la víctima…

Hace muchos años, le preguntaron a Alfredo Relaño (lectura obligada diaria de su columna en el As para disfrutar de una interesante visión del deporte y del periodismo, aunque en ocasiones, las menos, no estés de acuerdo) que cuándo vendían más periódicos y respondió que lo mejor era que el Madrid fuera muy bien o muy mal. Esta temporada habría que añadir una tercera opción: que Mou dé una rueda de prensa.

No considero que haya que ser tan duro con él, al igual que creo que él debe medir el tono o la intensidad de sus declaraciones, pero estos enfrentamientos no han de ocultar la verdad que encierran sus quejas, sus lloriqueos o como quieran llamarlo: el Barcelona recibe trato de favor y el Madrid está siendo perjudicado. El segundo de Guardiola decía hace unos días que ellos no se quejan; solo faltaba…

Lo mejor para el espectáculo es que todos pongan de su parte para que el fútbol vuelva a ser un deporte, un juego, un entretenimiento y no un lugar para el conflicto, porque los beneficiados seremos todos.

Fuentes del texto:

Elaboración propia

www.as.com

Fuentes de las fotografías:

www.masliga.com

www.faltadirecta.com

www.football.co.uk

http://www.abc.es/Media/201011/03/laser–644×362.jpg

 

 

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