Nueva York elige a su alcalde más peculiar

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Bill de Blasio se convierte en el primer demócrata que llega a la alcaldía de la “Big Apple” en veinte años ganando a su máximo oponente, el republicano Joe Lhota por una amplia diferencia. El nuevo alcalde inicia el proceso de transición en medio de la gran expectación mediática que despierta su historia familiar y el deseo popular de cambio.

Bill de Blasio junto a su mujer e hijos en una manifestación en 2012. Imagen extraída del Defensoría del Pueblo de Nuevo York. Creative CommonsNeoyorquino, casado y con antecedentes en política. Hasta aquí no hay nada que llame especialmente la atención. Pero si se añade demócrata a la ecuación la situación empieza a cambiar. Más si se mira retrospectivamente la historia política de Nueva York. Y es que han tenido que pasar veinte años para que un demócrata volviera a ocupar la alcaldía de la Gran Manzana. El último en hacerlo fue David Dinkins en 1990, con quien, curiosamente, el actual alcalde electo guarda un pasado común. Bill de Blasio colaboró en la campaña del que todavía hoy sigue siendo el único alcalde afroamericano que ha tenido la ciudad de los rascacielos.

Pero Bill de Blasio supone algo más que el fin de dos décadas de alcaldía republicana. Refleja la necesidad popular de cambio e igualdad real. Las políticas locales siempre beneficiaban a los grandes empresarios, pese a que 1,7 millones de neoyorquinos viven por debajo del umbral de la pobreza. Ante esta situación, De Blasio promete el aumento de impuestos a los más ricos para financiar la educación, la construcción de viviendas sociales y el mantenimiento de los hospitales barriales. No resulta extraño así que su victoria haya sido tan abultada, aventajando en cincuenta puntos a su máximo rival, el republicano Joseph Lhota. Especialmente cuando los más afectados por la desigualdad social son hispanos y afroamericanos y estos suponen el 54,1% de la población total de Nueva York.

Hijo de un veterano de la Segunda Guerra Mundial con problemas de alcoholismo que acabó suicidándose, vivió alejado de su padre. Su madre, Maria de Blasio, fue su verdadera heroína, hasta el punto de adoptar de ella su apellido. Sin embargo, la parte de su vida que más ha captado la atención de los medios es la relacionada con su matrimonio. Su mujer, Chirlane McCray, es una escritora y activista homosexual afroamericana, que reconoció su lesbianismo públicamente en la revista Essence en 1979. Pese a ello, se casaron en 1994. Un enlace que fue oficiado por dos pastores homosexuales, según publica la revista New York en el perfil que realizó sobre De Blasio titulado “El alcalde del 99%”. Aunque, eso sí, este detalle no aparece en la bibliografía oficial del portal web de la campaña.

No es el único dato omitido en las bibliografías oficiales. El viaje de diez días del alcalde electo a Nicaragua en 1988 tampoco está presente. Esto llama especialmente la atención si se tienen en cuenta dos hechos. Primero, su estancia coincidió con el momento álgido del enfrentamiento entre la revolución Sandinista y la guerrilla de la Contra. Segundo, su posición era en pro de los revolucionarios nicaragüenses del Frente Sandinista. O lo que es lo mismo, contrario a la oposición armada organizada por Estados Unidos: la Contra.

Sus oponentes han utilizado este pasado revolucionario, llegando a acusarlo de apoyar una dictadura y de inspirarse en personajes como Fidel Castro. No les parece interesar, en cambio, destacar que en ese mismo viaje realizó labores humanitarias junto a una organización católica de Maryland ni su gran compromiso con la lucha contra la desigualdad social. Porque la voz del pueblo neoyorquino no puede silenciarse por más tiempo. Menos en un país que se define a sí mismo como “la tierra de las oportunidades”. De Blasio se ha alzado como estandarte de la igualdad. El tiempo dirá si cumple sus promesas de campaña o si fueron simplemente palabras lanzadas al aire para captar votos.

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