Nueva perspectiva

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“Aquí sentada todo parece distinto. El mundo se ha vuelto raro para mí. Recuerdo el día que un nutricionista me tomó el azúcar y la maquinita dio un resultado que me convertía en diabética de alto riesgo. El médico y mi madre buscaban explicación, se asustaban, hablan de tratamientos, de inyectarse insulina, etc. Yo solo pensaba que, como era verano, me había quedado sin el helado de después del médico. Veía sus caras asustadas y no pensaba nada más.

Ahora veo esas caras, haya donde pose la mirada hay alguien preocupado y triste. Lo malo es que esta vez la maquinita no está rota y no ha dado error. Ahora pienso en aquel helado y sonrío. Intento no pensar en lo que me va a costar estar aquí sentada. Intento ver a gente que no conozco, yendo de un lado para otro preocupados en sus cosas. Aquí sentada el tiempo parece ir más deprisa y a ratos, demasiado lento. En este lugar la vida es otra cosa.

Pienso mucho en todo lo que quería hacer y no hice, pienso en mi pelo, pienso en aquella lista sobre mi futuro. Casada, con casa y coche propio, un perro, hijos, una carrera exitosa, viajes, hablar muchos idiomas, aprender a tocar un instrumento, tirarme en paracaídas, un tatuaje estratégicamente situado, una biografía llena de vida. Y cuanto más lo pienso más irónica me parece mi cobardía.

De vez en cuando siento una punzada, alguien me aconseja que no pase sola por esto. Quieren que se lo cuente a más gente y eso me ahoga. ¿Más gente? ¿Más caras asustadas? No podría, no puedo. No quiero. Me agota pensarlo. Necesito fuerzas, eso dicen los entendidos. No será fácil, lo tengo claro. Igual es egoísta, cuánta gente debería saberlo y solo se enterarán si sale mal. Seguramente me lo reprocharan, seguramente para entonces ya no me importe que lo hagan.

Es curioso pero solo tengo miedo de ver el miedo en los demás. Se me eriza la piel pensando en la posible despedida. Si hubiera más gente no podría afrontarlo. No quiero un último momento demostrando que soy una gallina. ¿Cómo se le dicen ciertas cosas a gente que no quiere oírlas? Cómo dar consuelo cuando no te quedan fuerzas. Cómo hacer de un momento horrible simplemente un momento. Sigo pensando en mi pelo. No llevo bien los cambios drásticos de look. Y vuelo a sonreír porque ¿es en esto en lo que tengo que pensar? Seguramente no.

Sigue pasando gente, es un chorreo constante. No soporto la tristeza de los ojos que me quieren, no les puedes gritar que no me compadezcan o que no se sientan así. Quieres convencerles de que a veces las cosas vienen llanas y a veces no, pero tendrías que creértelo primero. Porque sientes una rabia rara, la acallas porque no quieres hacer herida, pero quieres enfadarte y quieres llorar. Esto no estaba en tus planes, esto es una putada.

Es un aticismo que vaya a ser aquí sentada, la batalla más dura e importante se va a librar estando yo sentada. Me anoto como un jinete solitario que se va a enfrentar contra un imperio. Sé que hay más jinetes en mi situación, pero estoy sola en esto. No es mundial, es una guerra personal. Y a pesar de que pasa mucha gente, no va a haber público. Nadie va a pararse a mirar. Es una batalla en la que hay un luchador y los únicos ojos que le miran son los únicos ojos que no querría ver. Los historiadores de su victoria o su derrota son los menos objetivos del universo.

Todo es diferente desde este lugar, el asiento más incomodo que pudiera pensarse va a ser mi hogar de aquí en adelante. En realidad no se está mal, ni es duro ni blando. En el punto medio, donde la virtud. Pero todo el contexto lo convierte en potro de tortura. Aun no puedo creerme que esté aquí sentada y para esto. Supongo que no me queda otra que hacerme a la idea, esto solo es el principio. Duro camino y odioso asiento…

                                                                                                                             MUSA”

Fuentes de las imágenes:
www.flickrhivemind.net
www.masquechic.com
www.blogs.publico.es
www.fotoblogx.blogspot.com

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